
La palabra narcisismo remite a una personalidad egoísta, que piensa solo en sí misma, exagerando dotes que cree tener y carente de empatía. Sin embargo, hay que diferenciar ciertas conductas narcisistas que aparecen en áreas de la vida social del narcisismo patológico que compromete toda la vida del sujeto.
Una persona puede tener en el sexo una actitud centrada en sí mismo, dominando y mostrando al otro sus habilidades sexuales, sin ser un narcisista global (Trastorno Narcisista de la personalidad). Todo encuentro erótico necesita una doble conexión: con uno mismo y con el otro, sin esa interacción el sexo se vuelve aburrido y trae conflictos, ya sea porque solo pienso en consentir, olvidándome de mi propio placer o bien la inversa, pienso solo en mi gratificación y me olvido de que estoy con otra persona. Sexo es interacción, ida y vuelta: me complazco, te complazco, nos complacemos juntos.
¿Qué busca el narcisista sexual?
Justamente el narcisista sexual carece de esa dinámica, solo está centrado en mostrar lo que sabe hacer y en su propio placer. La escala de evaluación de este comportamiento evalúa cuatro factores: dominio sexual, habilidades sexuales, derecho sexual y falta de empatía sexual.

Se denomina dominio sexual a la búsqueda de aventuras sexuales bajo la creencia de que sus parejas casuales se beneficiarán de sus dotes amatorias. Para esto hará uso de sus habilidades eróticas de las cuales tiene una valoración suprema.
El derecho sexual lo pone en marcha con sus parejas constituidas, ellos son los que toman la iniciativa y se ofuscan cuando el otro no accede a sus pedidos, es más, hace uso del derecho a tener sexo, como si esta fuera una pauta inclaudicable que él debe digitar a su gusto. Y, por último, la carencia de empatía consiste en no tener en cuenta las necesidades, los deseos y gustos del otro.
¿Y qué piensa la pareja?
No toda persona que está con un narcisista sexual se queja de su egoísmo, valoran con creces las habilidades sexuales que implementa y creen que existe “piel”, cuando en realidad es solo un objeto para que el otro se deleite con sus piruetas sexuales.

Las personalidades con rasgos de sumisión o con rasgos de dependencia son las más proclives a ceder sus propios gustos con tal de que ese hombre se quede a su lado ofreciéndole un placer asegurado.
Sin embargo, frente a parejas autoafirmadas, que saben lo que quieren, que necesitan expresar sus deseos y sus gustos y ser satisfechas, la máscara del narcisista cae sin remedio. Frente a este último panorama, el narcisista sexual se plantea opciones, o intenta adaptarse a un modelo de relación mucho más justo o equitativo (para esto tendrá que bajar sus defensas dejando aparecer inseguridades sexuales) o busca sexo fuera de la relación.
Infidelidad y narcisismo sexual
Se sabe que la infidelidad es uno de los causales más importante de divorcio. Pensar que el narcisista puede ser un infiel a ultranza es una verdad a medias. Se sabe por estudios publicados que la satisfacción marital cuando uno de los es narcisista sexual, baja las probabilidades de “buscar afuera” aquello que ya está “adentro” de la relación.

Como decía antes, hay parejas que se ajustan a ese modelo de relación donde uno se satisface a si mismo y el otro lo vive como si fuese la motivación de tanto erotismo desplegado. Es más, muchas parejas, creen que ese modelo heteronormativo es la regla. Existen dos factores que llevan al narcisista a ser infiel: el derecho a tener sexo cuando lo desea y el mostrar sus habilidades sexuales.
Respecto a este punto puede suceder tanto en mujeres como en hombres narcisistas sexuales. La elección de parejas casuales no está marcada por la regla del amor romántico “el amante me dice cosas y me trata como nunca mi pareja lo hizo”; el decir de los amantes elegidos por los narcisistas sexuales será “hay piel, demasiada piel”.
No importa si no hay afecto, tiene que haber piel, enganche sexual. Y el narcisista sexual le hará creer a ese amante ocasional que todo lo que hace es por la atracción que le provoca, por cómo lo calienta, sin embargo, cada gemido, cada pose, cada bombeo, será para el espejo imaginario que reproduce su imagen de buen amante.
*Walter Ghedin, (MN 74.794), es médico psiquiatra y sexólogo
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