
Las enfermedades o condiciones médicas crónicas suponen un desafío, entre otros actores, para las familias. Cuando se ve comprometido el funcionamiento del paciente, muchas veces resulta necesario el apoyo familiar, adaptándose a las necesidades y dificultades que surgen a medida que progresa la enfermedad.
En un primer momento, suele ser un familiar del paciente quien toma el rol de cuidador. Generalmente, un familiar pasa a dedicar prácticamente todo su tiempo al cuidado; y es a quien llamamos cuidador principal. Usualmente convive con el paciente o pasa la mayor parte del día con él, y es quien brinda el máximo apoyo instrumental y afectivo.
Como hemos mencionado en otras oportunidades, si el cuidador no atiende a sus propias necesidades y su bienestar, este rol puede llevar a un estado de malestar y agotamiento, lo que se conoce como síndrome de sobrecarga del cuidador o burn-out (“estar quemado”).
“Este síndrome se caracteriza por un conjunto de signos y síntomas de agotamiento emocional y físico. Se genera cuando la mayor parte del tiempo y la energía de la persona están destinadas a las tareas de cuidado, descuidándose a sí mismo”, explica la licenciada Josefina Pérez del Cerro, miembro del departamento de Psicoterapia de INECO.

Asimismo, la profesional afirma que se lo puede identificar de diferentes maneras: a través de síntomas emocionales (malhumor constante, irritabilidad, cambios de humor repentinos, sentimientos de tristeza, culpa, soledad, frustración, preocupación excesiva, pérdida del interés y de la motivación, problemas de concentración, etcétera) y síntomas físicos (cansancio permanente, dolor de cabeza frecuente, dolores musculares y articulares, trastornos del sueño, aumento o disminución del apetito, entre otros).
Los cambios de conducta, como el aislamiento, la disminución o ausencia de actividad social, el abandono del cuidado personal, el consumo excesivo de sustancias, y la automedicación, también suelen hacerse presentes entre quienes padecen este síndrome. La manifestación de dichos signos y síntomas varía según cada persona; puede que se presente uno o varios a la vez.
Existen estrategias efectivas de afrontamiento que permiten reducir el impacto del estrés del cuidador, como también mantener el cuidado de la propia salud y desarrollar bienestar.
Algunas recomendaciones que pueden ayudar a sostener el rol de cuidador de forma saludable, según la Lic. Pérez del Cerro, son:

Hay que aceptar además cuáles son los aspectos incontrolables de la situación.


Asesorarse siempre y seguir las indicaciones y recomendaciones. Esto permitirá reducir o aminorar la carga para los cuidadores.

Esto incluye, entre otras recomendaciones, mantener hábitos saludables (cuidar el descanso, hacer ejercicio físico, comer de forma equilibrada), realizar actividades placenteras y gratificantes regularmente.
Aun así, si el malestar o la sintomatología aumenta, se intensifica o persiste en el tiempo, se recomienda consultar a un profesional de la salud.
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