Desde hace un tiempo, las sociedades científicas comenzaron a cuestionar la definición de obesidad a partir del índice de masa corporal (IMC) que es una medida que relaciona el peso y la altura de una persona.
El índice no nos permite distinguir si hay una enfermedad asociada al peso corporal. Por ejemplo, las personas que entrenan muchas horas, suelen tener un IMC alto porque poseen un porcentaje muy alto de masa muscular. Entonces, la mirada científica está cambiando y propone centrarnos en el tejido adiposo, o sea, en la grasa corporal, dónde está localizada y cuánto tiempo permanece en ese lugar.
Según explica la Organización Mundial de la Salud (OM)S), el IMC se calcula dividiendo el peso de una persona en kilogramos por el cuadrado de la talla en metros. Durante muchos años, para estimar si una persona tenía sobrepeso u obesidad, éste índice era el primer parámetro o indicador para determinarlo. En el caso de los adultos, una persona con un IMC igual o superior a 30 se consideraba obesa y con un IMC igual o superior a 25 se consideraba con sobrepeso.
El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. La OMS advierte que los dos problemas de salud han alcanzado proporciones epidémicas. Las tasas de obesidad casi se han triplicado desde 1975 y han aumentado casi cinco veces en niños y adolescentes, afectando a personas de todas las edades de todos los grupos sociales en el mundo.

Sin embargo, existen muchas diferencias en cómo se ve medio kilo de grasa y cómo se ve medio kilo de músculo. Tienen volúmenes diferentes. Si nos basamos solamente en el IMC, podemos cometer un error de diagnóstico porque no estamos evaluando esto, la composición corporal, cuánto de cada cosa.
Sólo el número que marca la balanza ya no es diagnóstico de obesidad o sinónimo de enfermedad en sí mismo. Acá es donde aparece el estigma y donde debemos hacer un cambio en el paradigma en la mirada.
Para saber si una persona tiene riesgo de enfermarse en el tiempo, existen algunos factores de riesgo que pueden ser signos de alerta y que debemos controlar. Por ejemplo, antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular o diabetes, dolor en alguna de las articulaciones y el perímetro abdominal.
Entonces, ¿qué recomiendo? No te obsesiones tanto con el peso y la balanza. El foco siempre tiene que estar puesto en tener un cuerpo cómodo y sano, no en encajar en esos estereotipos que están impuestos y que son irreales.
La cintura

Algunos expertos proponen utilizar múltiples indicadores, ya que cada paciente presenta situaciones distintas. Uno de los parámetros posibles es el perímetro abdominal.
Existe mucha evidencia científica que demuestra que el exceso de grasa en el abdomen aumenta la probabilidad de sufrir problemas del corazón, y que cada centímetro que logremos bajar (que equivale aproximadamente a un kilo de peso bajado) reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular.
El problema con la grasa del vientre es que no se limita a la capa extra de relleno ubicada justo debajo de la piel (grasa subcutánea), sino que también incluye grasa visceral, que se encuentra en el interior del abdomen, alrededor de los órganos internos y, aunque la grasa subcutánea plantea problemas estéticos, la grasa visceral está relacionada con problemas de salud mucho más peligrosos, entre ellos:
Por eso, no dudes ni sientas vergüenza en hacer una consulta médica si considerás que necesitás mejorar tu salud o calidad de vida.
* Romina Pereiro es licenciada en nutrición MN 7722
* Edición: Rocío Klipphan/ Producción: Dolores Ferrer Novotny/ Realización: Gastón Taylor
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