
El miedo a la penetración fundamentalmente tiene que ver con dos cuestiones. Por un lado, el temor a fallar ante lo desconocido, por otro, la precocidad con la que muchas veces llegamos a los encuentros sexuales, sin haber construido previamente un espacio íntimo que brinde seguridad y confianza. Por debajo subyacen las exigencias sociales y del propio entorno que presionan para que la sexualidad se ejercite de una determinada manera.
Además, influyen factores particulares de la historia de cada uno: experiencias previas vinculadas al dolor o la hipersensibilidad, problemas de erección o lubricación que generan una enorme ansiedad de desempeño, situaciones traumáticas o malas experiencias, vaginismo, falta de información adecuada y también el temor a un embarazo no planificado.
Como todo miedo, lo recomendable es ir trabajándolo poco a poco con técnicas de confrontación progresiva. Lo que se hace es preparar a la persona para la escena temida. Se puede utilizar por ejemplo, la técnica de imaginería, donde la propuesta es plantear una escena donde todo sale bien, para hacer un recorrido anticipatorio positivo.

Lo primero será evaluar las causas y, si son de carácter traumático, deberá realizarse el tratamiento específico. Si en cambio la raíz es de carácter fisiológico, como puede ser el vaginismo, debe incorporarse el trabajo interdisciplinario con un especialista en suelo pélvico.
Es importante poner sobre la mesa que la penetración no es condición necesaria dentro de un encuentro sexual, y que no debemos dar por sentado que la otra persona está dispuesta a llevarlo adelante. Siempre debemos preguntar y pedir el consentimiento antes de una penetración, de cualquier tipo que sea.
Existen muchas prácticas sexuales placenteras que van más allá de la penetración. Hablamos de estimular los cuerpos con la mano, con la boca, pero también de la fricción entre genitales, que no implica penetración y que puede llevar a ambos al orgasmo. También podemos friccionar nuestra genitalidad con otras partes del cuerpo, como el vientre, los muslos o los glúteos.

Ahora bien, aquellos que se encuentren con el deseo de poner en práctica la penetración y sobre todo en las primeras veces, deben tener algunas cuestiones en cuenta. Lo primero es saber que la excitación es un factor fundamental y lleva tiempo de estimulación. No se puede ir directo a la penetración. Sumar un gel lubricante ayuda también a evitar molestias, ya sea porque no se alcanza la lubricación natural o porque después de un tiempo de fricción la zona genital se seca. Si la vulva y la vagina están secas, se genera una fricción que suele ser muy dolorosa. El lubricante se puede colocar sobre el pene, arriba del preservativo, o en la vulva directamente.
También es importante ir de menos a más. Penetrar primero con un dedo, luego con dos o recurrir a algún juguete, siempre de menor a mayor tamaño. Así pueden pueden sucederse algunos encuentros hasta que la persona penetrada se sienta cómoda, segura y sin molestias. Una posición que puede favorecer la práctica es con las piernas estiradas, porque el canal vaginal se agranda. Cuanto más relajados permanezcan los músculos de la pelvis y de las piernas mejor. Si se tensan, la respiración consiente puede ser una gran aliada para aflojarlos.
Por último, toda vivencia supone un recorrido y en lo que a la sexualidad refiere, el mundo por descubrir es vasto, maravilloso, único e irrepetible. Para disfrutar del camino del autoconocimiento, es importante registrarse y registrar al otro, pues solo habrá aprendizaje desde la empatía, el respeto y la comunicación.
*Cecilia Ce es psicóloga, sexóloga y autora de los libros Sexo ATR y Carnaval toda la vida (editorial Planeta). En Instagram: @lic.ceciliace
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