Las compañías de software de videollamadas como Zoom y Hangouts de Google han visto una afluencia de nuevos usuarios, gracias a COVID-19 (Shutterstock)
Las compañías de software de videollamadas como Zoom y Hangouts de Google han visto una afluencia de nuevos usuarios, gracias a COVID-19 (Shutterstock)

Clases virtuales. Cenas virtuales. Velorios virtuales. Bodas virtuales. A medida que nuestras vidas migran en línea durante el aislamiento, las personas pasan una cantidad récord de tiempo hablando por videollamadas.

La cantidad de usuarios de Zoom aumentó de 10 millones a poco más de 300 millones de participantes de reuniones diarias en tres meses, gracias a COVID-19, mientras que Microsoft Teams ahora tiene 75 millones de usuarios activos diarios, y Google Meet alcanzó los 100 millones de participantes de reuniones diarias.

Y si el formato te estresa, no estás solo. “Muchos adolescentes lidian con algo llamado audiencia imaginaria, esta creencia en sus mentes de que las personas a su alrededor realmente están prestando atención a cada movimiento que hacen”, aseguró el ciberpsicólogo Andrew Franklin en diálogo con Insider.

“Ese fenómeno de audiencia imaginaria no necesariamente desaparece en la edad adulta. Las personas se vuelven extremadamente conscientes de sí mismas y piensan que los ojos están puestos en ellas. Cuando en realidad, no están siendo examinadas o criticadas en la medida en que piensan que lo están", sostuvo el especialista.

¿Por qué los encuentros virtuales son más estresantes que la interacción cara a cara?

Un estudio de 2013 de 29 pares de amigos cercanos descubrió que en las videollamadas, los participantes se sentían menos unidos que en las interacciones en persona (Shutterstock)
Un estudio de 2013 de 29 pares de amigos cercanos descubrió que en las videollamadas, los participantes se sentían menos unidos que en las interacciones en persona (Shutterstock)

En la vida real, tener una conversación es mucho más que las palabras que estás diciendo. Las personas miran los gestos, el tono de voz, las expresiones faciales y el lenguaje corporal, además de las palabras que se dicen, para interpretar lo que está sucediendo.

Pero en video, todas esas señales no verbales desaparecen. Un estudio de 2013 de 29 pares de amigos cercanos descubrió que en las videollamadas, los participantes se sentían menos unidos que en las interacciones en persona, porque no podían verse completamente.

La situación de cuarentena que imposibilita la circulación y el encuentro con otros produjo que muchos acudan a diferentes aplicaciones de mensajería y redes sociales. Para la psicoanalista Fiorella Litvinoff, en este sentido, “es llamativo que en algunas ocasiones estemos sobresaturados de comunicación, información y actividades de todo tipo (culturales, recreativas, tutoriales sobre diversas temáticas) que se realizan de forma virtual y hasta pueden llegar a producir estrés cuando uno se siente sobreexigido”.

“A veces uno puede sentirse muy demandado por los otros: por WhatsApp se puede ejercer lo que se denomina una ‘demanda infinita’: amigos y parejas que reclaman que ‘le clavamos el visto’, pretendiendo inmediatez en las respuestas a los mensajes enviados. El hecho de que no haya un contacto directo aumentó la cantidad de circulación de mensajes por la inseguridad en la estabilidad de los vínculos. Ante este escenario es importante registrar cuando necesitamos un descanso de esta aparente comunicación sin fin y poder establecer límites con los otros para no sentirnos todo el tiempo demandados”, explicó Litvinoff en diálogo con este medio.

Para la especialista, es “absolutamente comprensible" que algunas personas se sientan estresadas por la socialización virtual. Todos nos sentimos decepcionados de no poder mantenernos al día con amigos y familiares o llevar a cabo planes y compromisos mientras nos cumplimos con el aislamiento social, por eso la mayoría se sumergió en una gran cantidad de socialización virtual. Pero eso acaba de crear un nuevo conjunto de presiones.

Para los especialistas, no poder dejar de mirarte durante un chat de video, es señal de que probablemente estés abrumado (Shutterstock)
Para los especialistas, no poder dejar de mirarte durante un chat de video, es señal de que probablemente estés abrumado (Shutterstock)

“En línea, estás relegado a una pantalla que puede ser del tamaño de una página”, dijo Franklin. Y continuó: “Te estás perdiendo mucha información que tal vez obtendrías si estuvieras cara a cara. Por lo que las personas se pueden encontrar un poco tensas cuando están en una reunión virtual”.

Con las interacciones cara a cara, uno puede tener una conversación perfectamente comprensible donde varias personas se interrumpen entre sí. En persona, las personas pueden procesar lo que otros dicen, incluso cuando hablan entre sí, gracias al lenguaje corporal y otras señales sociales.

Pero en una videollamada, una interrupción generalmente significa una pausa incómoda, mientras todos revisan rápidamente para asegurarse de que estén silenciados. Pero los retrasos en la conversación que serían normales en una configuración cara a cara son insoportables en el chat de video. Un retraso de solo segundos puede hacer que las personas lo perciban como menos amigable, según un estudio de 2014.

A menudo, si las personas no quieren interrumpir, escribirán lo que están pensando en el chat de texto, fragmentando aún más la atención de las personas. Debido a la tensión de tener que mirar las caras de varias personas en pequeñas cajas en la pantalla, y la distracción de ver dentro de las casas de todos, podrías terminar mirándote a ti mismo.

A muchas personas, durante las videollamadas, les resulta difícil no fijarse solo en sí mismas. Esto es tan común que hay artículos sobre cómo simular el contacto visual durante las videollamadas y ensayos personales que exploran lo que sucede emocionalmente cuando pasas todo el día en video chats, viéndote reaccionar ante las cosas.

Los expertos aseguran que si no puedes dejar de mirarte durante un chat de video, es probable que estés abrumado. En la vida real, cuando hablas con alguien, tampoco te estás viendo a ti mismo. Pero en un encuentro virtual, mientras hablas, te estás viendo vocalizar las palabras y reaccionar a lo que otras personas están diciendo. A medida que te ves a ti mismo, empiezas a preguntarte cómo te ven los demás también, y eso, combinado con la presión del contacto visual prolongado, puede ser agotador. A veces las personas incluso sienten que tienen que realizar reacciones exageradas para demostrar que están presentes y escuchando.

Muchas personas experimentan “ceguera al cambio”, donde las cosas cambian justo en frente de ellos y no lo notan porque su atención está en otra parte, y a veces ocurren demasiadas cosas a la vez en una videollamada para prestar atención, incluso si solo se trata de cosas pequeñas (REUTERS)
Muchas personas experimentan “ceguera al cambio”, donde las cosas cambian justo en frente de ellos y no lo notan porque su atención está en otra parte, y a veces ocurren demasiadas cosas a la vez en una videollamada para prestar atención, incluso si solo se trata de cosas pequeñas (REUTERS)

Franklin dice que concentrarse en uno mismo durante un chat de video es en parte una forma de lidiar con la sobrecarga de estímulo. “Dado que solo tenemos esta pantalla finita frente a nosotros, estamos seguros de que podemos procesar todo lo que está frente a nosotros”, advierte. Porque todo lo que ocurre en un chat de video está contenido en una pantalla relativamente pequeña, las personas asumen que debería ser fácil procesar todo lo que ocurre en él. Pero ese no es el caso.

Muchas personas experimentan “ceguera al cambio”, donde las cosas cambian justo en frente de ellos y no lo notan porque su atención está en otra parte, y a veces ocurren demasiadas cosas a la vez en una videollamada para prestar atención, incluso si solo se trata de cosas pequeñas.

Pero las personas deben saber que el intenso escrutinio que pueden sentir en los chats de Zoom, Hangouts o Whatsapp no existe realmente, porque todos están prestando atención continua y parcial a estas llamadas. Mientras chateamos por video, es bueno recordar que es posible que no podamos procesar todo lo que se dice, y que está bien sentirse cansado después.

“Si te sentís agotado, sugerí una llamada telefónica”, aconseja Franklin. Y agrega: “No tengas miedo de escribir lo que querés decir de antemano. Garabatear o caminar durante una llamada puede ayudar a la concentración. Y recuerda, si te estás mirando a ti mismo, es probable que todos los demás también estén haciendo lo mismo”.

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