
“Cuando sea grande quiero ser piloto de carreras, astronauta o chofer de colectivos”. Años atrás, parecía impensado que una mujer pudiese convertirse en una referente en el mundo del automovilismo o estar a cargo de una construcción. ¿Y liderar un grupo de hombres? Inimaginable. Pero los tiempos cambiaron, y para bien, y los ámbitos tradicionalmente reservados para el sexo masculino tuvieron que abrirse, a veces a regañadientes, para dar lugar al talento femenino.
En el Día Internacional de la Mujer, Infobae contactó a cuatro mujeres de distintas áreas profesionales antes acaparadas por hombres.
Ianina Zanazzi, piloto de carreras

A los 14 años decidió acompañar a su papá que era mecánico a probar un karting que había armado para sus clientes, y le pidió por favor que la dejara subir para vivir la experiencia. “La velocidad me tiró la cabeza para atrás y esa experiencia de acelerar me dejó una sensación única que no podía sacarme de la mente. Así fue que de casualidad descubrí lo que me apasionaba. A partir de ahí, empecé a correr y la verdad es que conseguí muchos logros impensados en el automovilismo e impensados para las mujeres”, contó a este medio Zanazzi.
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De este modo, Ianina Zanazzi (49 años) se transformó en una referente del género femenino casi sin buscarlo, y una de las profesionales más exigentes y competitivas de la Argentina. “Tuve la posibilidad de entrar y conocer este mundo porque mi viejo era mecánico. Las que entran hoy a competir es porque entran de la mano de alguien. La mujer no contempla esa posibilidad, lamentablemente; tiene otras cosas en la cabeza”, explicó Zanazzi.
Madre de tres hijos, tuvo en claro desde el principio que el camino iba a ser difícil: “Me costó un montón pero lo tuve en claro desde siempre que me estaba ganando un lugar. Lo naturalicé y me mentalicé con que yo quería ser una profesional, que le iba a poner garra a todo lo que haga y a ganarme el respeto de todos producto de mi trabajo”.
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La piloto mantiene una excelente relación con todos sus colegas e incluso reconoce el compañerismo: “Hay mucho prejuicio y es lógico porque la mujer no la tiene fácil en este ámbito. Desde llegar al autódromo a encontrarse con que el baño de mujeres estaba cerrado porque nunca se usaba, pero por suerte todo eso fue cambiando”.
“Lo lindo que tiene mi profesión es que es uno de los pocos deportes donde el hombre y la mujer pueden competir juntos y demostrar que nos merecemos ese lugar por nuestro laburo, más allá del género que tengamos”, enfatizó.
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Si alguna vez vivió en primera persona el machismo, fue a nivel personal y no el ámbito laboral: “Me costó que mis ex parejas acepten que la que se destacaba de la relación era yo, pero en el automovilismo no lo sentí así”.
Erica Borda, colectivera

La primera vez que Erica Borda (49 años) manejó un colectivo fue a sus 28 años en la línea 140. “Quise ser colectivera porque siempre me gustó manejar. Un día me subí a un colectivo y estaba manejando una mujer, entonces me fui atrás de ella, y me explicó cómo presentarme a la convocatoria para ser colectivera y ahí empezó todo”.
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Fue así que, el primer día del mes de diciembre del año 1999, Erica comenzó a manejar un colectivo de la línea 140. “Dentro de la empresa siempre fuimos tratadas como una más. Los varones siempre nos trataron de igual a igual e incluso había compañerismo. Sí viví actitudes machistas por parte de los pasajeros; de hecho, hace muchos años un par de personas se bajaron al ver quién lo conducía, algo absurdo”, describió Borda.
Todo cambió en el 2014 cuando fue despedida tras 12 años como conductora. Sin embargo, litigó contra el Estado nacional y tres empresas de colectivos para realizar su reclamo pertinente. La Justicia dictó sentencia “condenando al Estado nacional y a empresas de colectivos del área metropolitana por discriminación contra las mujeres para trabajar como choferes en el transporte público de pasajeros”.
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Su lucha permitió que a los fines de revertir el efecto discriminatorio verificado, se dispusiera como medida de acción positiva el establecimiento de un cupo, que fijó en el 30%, “que permita dejar atrás la inicua e intolerable desigualdad producida por la discriminación de género”.
“Inicié la lucha por todas las mujeres que podían venir pero jamás me imaginé la magnitud que iba a tomar este fallo. Hoy me doy cuenta de que es mucho más que un simple juicio laboral ganado sino que es la oportunidad para que se difunda y que se mejoren las cosas, estoy orgullosa de mí misma", comentó emocionada.
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Y es que Borda, luego de estar 8 años sin manejar el colectivo, pero trabajando como enfermera para mantener a sus cuatro hijos, volvió a conducir una unidad, esta vez de la línea 130. “A las nuevas postulantes les diría que en este o en cualquier otro trabajo háganlo con ganas. Que perseveren porque van a llegar”, concluyó Borda.
Carolina Gutiérrez, arquitecta y albañil

Oriunda de Mendoza y viviendo en México por un tiempo, Carolina Gutiérrez tiene 36 años y se desempeña como albañil y arquitecta pero también trabaja en perspectiva de género en la arquitectura, construcción y en oficios. “Cuando te metés en la construcción, un lugar de trabajo que está lleno de hombres, te das cuenta de que la única manera de estar bien parada es tener en claro las cosas y tu autoestima para no dejarte desvalorizar, que no te pasen por encima y darle calidad a tu laburo”, aseguró Gutiérrez.
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Conocer el feminismo la ayudó a pensar que podía convertirse en emprendedora y hacer el trabajo a su manera. Lo primero que hizo fue asesorar a mujeres que querían hacer remodelaciones en sus casas y luego empezó a formar distintos grupos de trabajos únicamente de mujeres que deseaban ser albañiles. “A muchas mujeres les gustaría ingresar en el mundo de la construcción pero no se animan, y las que sí lo hacen están invisibilizadas”, enfatizó Gutiérrez.
La construcción, de acuerdo a Gutiérrez, es un lugar que no está hecho ni pensado para las mujeres. “A todas las que desean entrar a este ámbito les diría que sin un recorrido previo de autoconocimiento y deconstrucción de la realidad en la que estamos inmersas será muy difícil. No les pintaría todo color rosa, porque no lo es, pero sí les diría que lo intenten y sepan que deben valorarse mucho en ese ámbito, porque te vas a sentir mal, te vas a querer ir, pero si entran seguras de ustedes, con mucho amor propio y bien paradas, no hay posibilidad alguna de que las volteen en primera instancia”.
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Belén Fucaraccio, gerente de la base de auxiliares de vuelo de Buenos Aires

Oriunda de Salta, se mudó a Buenos Aires desde muy pequeña, donde estudió la carrera de sus sueños: turismo. Hoy, con 49 años y un largo camino recorrido, transitó distintos puestos desde muy chica, que tenían como característica principal el liderazgo en puestos en los que muchas veces su opinión no era valorada por la mera razón de ser mujer.
“Pasé por muchas instancias, desde volar en charters a ser reclutadora en distintas compañías aéreas. Y sí hay algo que noté cuando me relacionaba directamente con ellos: la industria de los pilotos era muy machista. A veces decía mi opinión y no era tenida en cuenta o valorada a pesar de tener el mismo rango que yo, pero no dejé que nada me detenga. Seguí mi camino trabajando y afrontando desafíos que siempre me gustaron”, comentó a este medio Fucaraccio.
Fue mamá por primera vez al mismo tiempo que trabajaba como asistente de vuelo, y tomó la decisión de amamantar a su pequeño incluso en el aire o llevarse a un familiar siempre para que cuide de su pequeño mientras ella trabajaba y que no fuera un impedimento para realizar su trabajo: “No quería dejar de amamantar a pesar de tener un trabajo en donde viajaba tanto; por suerte tuve esa oportunidad”.
Hace cinco años que es encargada de la base para American Airlines en donde maneja más de 100 tripulantes de cabina que vuelan alrededor del mundo, y además trabaja con el sindicato de asistentes de vuelo: “Manejar sindicatos no es nada fácil. Me llevó mucho aprendizaje. Soy de familia italiana, muy impulsiva y justiciera, velo por el bienestar de mi equipo siempre y mis comienzos en la negociación no fueron los mejores. Hoy por suerte la experiencia me permitió negociar mejor, las cosas van cambiando y en esta especie de ida y vuelta nunca importó si yo era o no mujer".
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