
Situaciones comunes de calle, eventos cotidianos que exigen una decisión espontánea. Son hechos que la repetición volvió naturales. Configuran la idiosincrasia del ser argentino. Una investigación cuantitativa efectuada por el Centro de Análisis e Investigación de Taquion, respaldada por la Universidad Abierta Interamericana y por la consulta BDO, descubrió un patrón genuino común al pensamiento nacional. Analizó 800 casos efectivos en septiembre de 2017 a mujeres y hombres entre 16 y 70 años, habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Gran Conurbano de Buenos Aires.

El estudio propuso contrastar el acto propio con su interpretación de la realidad: lo que haría la persona en cuestión y lo que haría el común de la gente. Esta diferencia creó una discrepancia fácilmente identificable, una grieta entre lo que "somos y lo que pensamos que son los demás". Primer ejemplo: "va caminando por la calle y observa a una pareja discutiendo cuando, de repente, el hombre toma de los brazos a la mujer y la sacude con violencia". El 64,1% de los encuestados cree que la gente no haría nada, que acusaría "problemas de pareja". El 93% de los mismos encuestados, sin embargo, intervendría: el 47% actuaría de manera directa y el 46% acudiría a la policía.

Mientras que nueve de cada diez personas ejercería una influencia tangible en la situación, más de la mitad de quienes participaron en el relevamiento imagina que nadie haría nada. La diferencia es elocuente y evidencia una clara disparidad de interpretaciones según el acto personal y la decisión mayoritaria ante el mismo caso cotidiano. Las mismas discrepancias se vislumbran en cada hipótesis de conflicto.

Situación dos: "está llegando tarde a una reunión breve y no encuentra lugar para estacionar. La reunión es importante. Un 'trapito' le ofrece estacionar sobre una esquina y le aclara que 'no pasa nada'". El 75,2% cree que la gente estacionaría en el lugar prohibido. Sin embargo, solo el 25% estacionaría en ese mismo lugar prohibido. Los casos también analizan escenarios típicos: "colarse" en una fila, coimear a un policía y regularizar una cuenta en un restaurante. La mayoría no se adelantaría en una cola, no coimearía a un policía ni se haría el distraído cuando el mozo se olvidó de registrar dos platos en una cena. La misma mayoría interpreta que el común de los argentinos sí se adelantaría en una cola, sí coimearía a un policía y sí se haría el distraído en la cuenta de un restaurant.

El relevamiento, que además de la solidaridad evalúa acciones y posiciones sobre la corrupción como gran tema nacional, tiene una moraleja: el argentino se considera caritativo, honesto y honrado, pero no cree que el resto de los argentinos lo sea. Una definición convincente de cómo es el ciudadano en solitario y cómo cree que actúa el resto de sus pares.

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