A principios del mes de julio Oriana Sabatini y Paulo Dybala hicieron pública su relación y a partir de allí emprendieron un largo recorrido que tuvo a Córdoba -la provincia natal de él- como primera escala para posteriormente trasladarse a Europa, pasando por Italia hasta llegar a Grecia, en las playas de Mykonos.

Hasta allí se dirigió la pareja para disfrutar de los últimos días de descanso del futbolista antes de retomar sus compromisos laborales con Juventus. En sus canales sociales ambos fueron compartiendo distintas postales de la escapada romántica, que se sumaron a las imágenes que tomaron los fotógrafos que cubren el verano europeo. Fotos que, en la distancia, le despertaron a Catherine Fulop una mezcla de sensaciones.

"Cada vez que abro mi Instagram me llegan notificaciones de ellos, de fotos que les han tomado. Ahora vi que cuando llegaron a Turín, la gente los abordó, y digo: 'Mi nena chiquita está metida en medio de todo eso'", comentó la actriz. Y siguió: "Más allá de que esté acostumbrada, porque venimos de una familia en la que yo soy actriz y siempre nos han perseguido o hemos estado ante las cámaras, esto es más fuerte".

Desde hace varios días la mamá de la cantante se viene refiriendo al incipiente noviazgo. La situación sentimental de su hija la tiene algo preocupada. Por un lado, debido al tema de la exposición mediática.

"Me pareció muy fuerte todo lo que hicieron en las redes sociales. Cuando le pasa a otra pareja no lo siento tanto como ahora que vi que era mi hija la que estaba tan fotografiada, en Grecia. Eso me dio ganas de tenerla cerca, para abrazarla un ratito y para decirle: 'Está todo bien'. Son bellos los dos", dijo Catherine a Intrusos.

Por otra parte, a la venezolana la mantiene en vilo el futuro amoroso de los jóvenes. Desde que ellos blanquearon, se le encendió la alarma por una circunstancia en particular, ya que en caso de que la pareja prospere, existe la firme posibilidad de que Oriana se mude a Turín, Italia, donde por estas horas los tórtolos están conviviendo.

"Ninguna mamá está preparada para que un hijo se vaya a vivir a otro país. Se pierde el día a día. A mí me pasa con mi mamá. Cuando cuelgo el teléfono me doy cuenta de todo el tiempo perdido y es una tristeza muy grande. Si toca, tocará, pero no le puedo decir nada porque yo hice lo mismo", mencionó al respecto.

Mientras palpita su regreso al teatro tras diez años (en la obra Heisenberg, junto a Luis Agustoni), Catherine cuenta además que a su marido Ova Sabatini "le cuesta un poco" aceptar el romance de su hija, pero aclaró que en la medida que la vean feliz, ellos "también son felices". Y finalizó: "Los veo a los dos muy engachados. Tanto que la verdad trato de no pensar que no pueda llegar a funcionar la relación".

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