Ramiro Blas, protagonista de grandes series españolas: “El argentino es el malo, el galán que le va a robar la mujer al español”

El ex villano de “Vis a Vis” y Lucas Velasco tienen roles centrales en “El internado: Las cumbres” un spin off de la original. Los dos actores nacidos en nuestro país hablaron con Teleshow

Entrevista a Ramiro Blas y Lucas Velasco por EL Internado: Las cumbres


El Internado: Las Cumbres, estrenada reciéntemente en Amazon Prime, es una especie de continuación de El internado, la serie que fue semillero de actores como Blanca Suarez, Yon González o Ana de Armas y que regresa con más misterios e intrigas. La nueva versión cuenta con 8 episodios en los que participan en roles centrales los argentinos Ramiro Blas, el villano Carlos Sandoval de Vis a Vis, que interpreta al complejo Darío, y Lucas Velasco (Educando a Nunca) como un profesor de educación física bastante oscuro.

La acción se desarrolla en un colegio cercano a un antiguo monasterio, entre las montañas y casi aislado de la civilización. Los internos son chicos con historias de abandono, alumnos problemáticos que se rebelan ante la autoridad. Pero las autoridades de “El Internado” harán todo lo posible bajo una estricta y severa disciplina que las cosas no se salgan de su eje.

El terror también se mete por la ventana de este colegio con antiguas leyendas y almas que habitan en el bosque. En comunicación con Teleshow, Ramiro Blas y Lucas Velasco dialogaron acerca de este la nueva ficción española.

Trailer de El Internado: Las cumbres


—¿Cómo llegaron a este proyecto?

—Rodrigo Blas: De manera increíble. Hacía mucho que no sonaba el teléfono, me había quedado dentro del hermetismo y la armadura que produjo Carlos Sandoval en Vis a Vis. Y sonó el teléfono cuando Carlos Sandoval se despidió de mí. O sea, estaba llegando en el coche a rodar la última secuencia en Vis a Vis el Oasis. Así que imaginate, llegó como tenía que llegar y con el personaje que tenía que llegar a mi vida en ese momento de mi vida. Entonces todo llega cuando tiene que llegar. Así llegó Darío a mi vida, a sanar un montón de cosas y a dotarlo yo de un montón de dolores y verdades que son más que necesarios para poder componer la vida de un personaje como este.

—Lucas Velasco: Yo tuve un año muy difícil, porque renuncié a todo lo que era Argentina y me fui a vivir a España, a tratar de conseguir trabajo. En ese momento estaba intentando hacer la ciudadanía que tardaba mucho también, estaba sin trabajo, la estaba pasando realmente mal. Y como todo trámite, se alarga más de lo que uno piensa. Y una vez que la conseguí, después de tanto esfuerzo, me suena el teléfono y me dicen: “Tenemos un personaje que es un desafío porque es un poco cabrón, la serie es El Internado y serías un profesor de educación física, la mano derecha de la directora y es muy exigente”.

—¿Y ahí aceptaste?

—Lucas: Sí, cuando me mandan los guiones y los leí me dije esto “lo tengo que hacer”, porque era un desafío y el papel más importante que me tocó interpretar al día de hoy en mi vida. Estoy muy agradecido porque me digo: “después de todo el esfuerzo, de la lucha, de lo mal que la venía pasando, te llega esto”. No tengo dudas de que le va a ir bien a El internado porque te transmite todo, te engancha desde el capítulo 1 al 8 y eso en una serie es muy difícil de lograr.

—¿Por qué creen que los actores argentinos tienen tan buen recibimiento en España?

—Ramiro: ¡Somos baratos! Jajaja, ¡no!. Hoy se ha globalizado todo, pero uno viene de donde viene y dentro del estereotipo del alma que compone una nacionalidad hay ingredientes que hacen que seamos de una manera o de otra, y eso está ahí metido. Es celular. Y además hay una escuela, nosotros nos hemos criado viendo actores argentinos en mi época desde un Rodolfo Bebán a un Alfredo Alcón, o los galancitos en Mar del Plata (que yo soy de ahí) como (Darío) Grandinetti o (Ricardo) Darín. Yo creo que la escuela está ahí. Uno empieza a vibrar con sus propias emociones y sus deseos cuando la empatía del otro actor que tenías ahí te tocaba el alma y decías yo quiero hacer eso. Y desde el silencio repetías que decían y te escuchabas y decías “¡joder, no lo hago tan mal!” Lo sigo haciendo el día de hoy. Mi entrenamiento diario es ver 4 o 5 películas y digo esta semana es todo Dustin Hoffman y aprendo de él una vez más

Ramiro Blas en "El Internado: Las cumbres"
Ramiro Blas en "El Internado: Las cumbres"

—O sea que un actor argentino actúa de manera diferente...

—Ramiro: El ser argentino hace que actuemos de una manera y compongamos personajes desde el dolor , con el dolor argentino. Que es muy diferente al que pueda tener cualquier otra civilización. Yo he hecho series ahora para Finlandia, México, Inglaterra donde hoy la comunidad internacional está más mixturada. Hay latinoamericanos repartidos por todo el planeta.

—Lucas: Yo creo que el argentino no tiene miedo, como me pasó a mí, que vine y la luché. Porque está acostumbrado a hacer todo desde abajo. Te llega una crisis y tenés un proyecto de vida que tenés que cambiar. Entonces el argentino es muy mandado.

—Ramiro: Ojalá que nos dejen de encasillar de una buena vez. Porque llevo 15/16 años acá y siempre el personaje que me ofrecen es el malo. Tiene que ver con la nacionalidad. La inmigración siempre tiene personajes que más bien son los despreciados. Esto hay que cambiarlo. Y más allá de que se trata de ficción y de que es un juego dentro del inconsciente colectivo siempre es el argentino el malo, el profesor de gimnasia, el dentista, el galán que le va a robar la mujer al español. Siempre somos los victimarios.

Siempre es el argentino el malo, el profesor de gimnasia, el dentista, el galán que le va a robar la mujer al español. Siempre somos los victimarios.


—¿Como hicieron con el acento argentino para actuar en una serie española?

—Ramiro: Hay palabras que tuvimos que usar como “el tú”. Y en mi caso quitarme el “yeísmo” del “ya voy” por el “ia voy” y ese tipo de cosas. Pero sin ocultar, que también hay que vogar por eso también, dejémonos de joder, mientras nos entendamos, no me vengas con que es más de aquí o más de allá. En el mundo que vivimos hoy mientras hablemos castizo no hace falta que cambie el acento. Es que el trabajo del actor no es como una marioneta sino “cómo digo lo que digo”. Ahí está el trabajo. Por eso soy un detractor absoluto de los dobladores porque el trabajo del actor es cómo dice lo que dice, no cómo se mueve.

—No estás de acuerdo con el doblaje entonces...

—Ramiro: Hay verdades que hay que cambiarlas, me jode mucho ver cosas dobladas y que digan “lo que pasa es que no llego a leer”. No, eso es una estupidez que te hicieron creer. Cuando estás viendo una obra tenés que verla en su formato original porque ahí está la creación del personaje. Yo me paso ensayando pero no para memorizar que es lo que cree la gente. Si se ve que está el trabajo de la memoria en un personaje, la cagaste. No puede haber texto en lo que uno está diciendo, tiene que ser algo que se diga por primera vez. Entonces en la elección que hace el actor para dotar al personaje en el cómo dice lo que dice, es donde está el trabajo creativo del actor. Yo invito a que toda la gente vea todas las cosas en idioma original, y si es subtitulado también. Es como cuando vas a un recital y cantan en inglés y las canciones te emocionan igual a pesar de no saber qué dice. El tema es que está dicho con una verdad que te llega y te empatiza.

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