Sofía es oriunda de Tandil y hace 12 años vive en Capital Federal. Con esfuerzo y estudio, logró hacer una carrera en la pantalla chica
Sofía es oriunda de Tandil y hace 12 años vive en Capital Federal. Con esfuerzo y estudio, logró hacer una carrera en la pantalla chica

El encuentro con Sofía Macaggi (30) fue unas semanas antes de que el avance del coronavirus se convirtiera en el centro de las noticias, y previo a que -debido a la cuarentena total- tuviera que hacer home office desde mi casa, donde estoy escribiendo esta nota. Aquel día, Sofía llegó a la redacción de Infobae a la hora pactada para la entrevista. Estaba maquillada, peinada y lucía un vestido animal print. Es una mujer linda, simpática y curiosa: apenas vio que tenía el cuestionario impreso, quiso chusmear las preguntas.

Oriunda de Tandil, Macaggi llegó a la Capital para estudiar y trabajar. No fue fácil adaptarse a la vida en la gran ciudad, tenía miedo hasta de tomarse un colectivo y por eso caminaba todos los días 30 cuadras para ir desde su casa hasta la facultad. El baile es una de sus máximas pasiones y le permitió dar sus primeros pasos en el mundo del espectáculo.

La popularidad le llegó de repente cuando fue soñadora de Jorge Locomotora Castro en el Bailando 2011. A partir de ahí no paró de trabajar. Pero no todo fue color de rosa: debió afrontar momentos complicados, como cuando un productor le pidió que adelgazara para estar arriba del escenario. Una situación difícil, ya que Sofía tuvo problemas alimentarios. Todos estos conflictos la convirtieron en una mujer fuerte y luchadora que sabe lo que quiere, y lo que no.

“Soy un bicho de televisión”, asegura la modelo, que debutó en la pantalla chica a los 6 años cuando acompañaba a su mamá en un programa que tenía en Tandil. Estar frente a una cámara es otra de sus pasiones. Entonces, decidió estudiar periodismo. Y poco a poco se le fueron abriendo las puertas, primero en Infama y luego en el Noticiero de América, como cronista de espectáculos. En este 2020, volverá a ShowMatch adaptado a los tiempos de la cuarentena para bailar con el Turco García. Pero Macaggi quiere seguir creciendo y sueña con tener su propio magazine.

Teleshow a solas con Sofía Macaggi: la modelo recuerda anécdotas del "Bailando", el ciclo al que volverá para ser la soñadora del Turco García


—¿Qué recordás de tu infancia en Tandil?

—Tengo recuerdos de una infancia muy linda. Me crié haciendo mucho deporte. Mi papá estaba en el Club Independiente, y yo hacía gimnasia artística ahí. Mi mamá tenía un programa infantil, yo arranqué haciendo personajes, así que a los 6 años tuve mi debut televisivo. Tenía un segmento de cocina con mi hermana y era muy gracioso, porque yo hablaba mirando la cámara y después la codeaba y le daba órdenes, como si el micrófono no se escuchara…. Siempre me gustó la televisión: digo que soy un bicho de tele, porque me crié adelante de una cámara y es donde me siento cómoda. Después de terminar la escuela, me vine a Buenos Aires para hacer la carrera de danza. Estudié en el IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte) y en otro lugar privado.

—¿Cuándo empezaste a trabajar en el espectáculo?

—Mi primera audición fue para un espectáculo del Negro Álvarez en la temporada 2009-2010. Fue todo un logro, más viniendo sin contactos. Después de esa obra volví a trabajar en un salón de fiestas haciendo animaciones: con eso me bancaba, pagaba la carrera y también el alquiler. Si bien mis papás me ayudan, era todo un movimiento traer una hija a estudiar acá. En otra audición quedé para una obra de Flavio Mendoza, con Nito Artaza y Miguel Ángel Cherutti. Nos fue muy bien, hicimos tres temporadas.

—¿Y cuándo llegaste al Bailando? Recuerdo que fuiste la soñadora de Alberto Samid, Sergio Maravilla Martínez y Alex Caniggia.

—Hice la audición en 2011 y quedé para bailar con el Roña Castro. También hice un reemplazo con Nico Magaldi por unos meses. Todos los (famosos) que me tocaron fueron pataduras. Desde la producción me decían: “Vos bailás bien y podés llevar a un patadura”.

Alberto Samid y Sofía Macaggi en el
Alberto Samid y Sofía Macaggi en el "Bailando 2015"

—¿Qué fue lo más divertido que te pasó en ShowMatch? Las previas con Samid eran atractivas.

—Con (Alberto) Samid fue el Bailando que más disfruté, porque yo ya fui mentalizada de que no iba a poder lucirme a nivel baile. Se armó un grupo muy divertido; ensayábamos en el Mercado Central. En una casona había armado un estudio de baile, había puesto unos espejos: ensayábamos solo cinco minutos y después terminábamos tomando la merienda. Entraba gente a saludar, era una anécdota tras otra. Estuvo divertido. Venía su mujer, sus hijas, yo en ese momento estaba en pareja, era todo muy familiar, poco baile, mucha charla y las previas eran desopilantes: cuando bailamos el clásico fue muy gracioso, (Samid) con las calzas.

—¿Y con Alex Caniggia?

—Alex no conocía mucho a Marcelo (Tinelli), no conocía nada de acá, no entendía mucho a qué certamen venía. Así que fue un poco eso: poder guiarlo. Fue más difícil al principio. En ese momento él no hablaba, nada que ver a lo que se hoy. Era tímido, otra persona.

Macaggi cuenta cómo fueron sus comienzos como periodista de espectáculos


—¿Cómo es trabajar en el Noticiero de América?

—Yo no soy seria, soy muy descontracturada, el rol del noticiero es diferente a lo que soy en la vida. Entonces, tomé la decisión de estudiar; todo lo que he hecho lo hice estudiando. Sino me sentía insegura, como si estuviera robando la silla de un periodista sin serlo. Así que arranqué la carrera en TEA. Creía que lo podía hacer, era un lugar que me gustaba y me preparé. Este medio es difícil: hay muchas personas y hay pocos puestos de trabajo. Entonces una vez que te dan la posibilidad, hay que estar a la altura de la situación.

—¿Cómo te sentiste al principio con este cambio?

—Empecé con Infama diario. Dentro de América me ofrecieron hacer el noticiero y fue todo un desafío. Al principio fue difícil porque estar frente a una cámara sola no es lo mismo que estar frente a un panel, cuando hacés tu columna es diferente cuando opinás.

—¿Cuando salís al aire te cuidás con las palabras?

—Sí, me cuido. Siento que es un momento en el que hay mucha sensibilidad social, sobre todo por lo que está sucediendo a nivel económico. Todos están mucho más sensibles y cualquier palabra puede ser malinterpretada. Tal vez uno no tiene la intención de decirlo de cierta manera, pero eso sí puede caer mal a alguien que no la está pasando bien. Trato de ponerme en el lugar del otro y tener empatía con lo que se está viviendo.

—¿Qué es lo lindo y lo feo de trabajar en la tele?

—Creo que la gente piensa que los que trabajamos en la tele tenemos una vida diferente a la que en verdad tenemos, que vivimos como estrellas y súper celebrities. No es así, no estás salvado. Yo la remo todos los días. Lo bueno es que no caes en la rutina al ir cambiando, te podés reinventar, hacer cosas distintas. Lo malo es que es un trabajo inestable y la inestabilidad a veces genera miedo.

—¿Te animarías a hacer otro tipo de periodismo que no sea de espectáculos?

—El periodista de investigación me atrae y también los policiales.

Sofía Macaggi explica las presiones que tuvo a la hora de trabajar y cómo le afectó al haber tenido problemas alimenticios


—Te cambio de tema, ¿cómo te cuidás para estar saludable?

—La imagen es parte de mi trabajo, también soy modelo y trato de estar bien. A la vez soy muy coqueta como mi mamá. Pero he tenido ciertas exigencias importantes a la hora de trabajar. Creo que la persona más exigente soy yo y también he tenido exigencias de afuera. Una vez me dijeron: “Tenés que estar más flaca, más alineada”. Fue un productor teatral que me miró y me dijo: “Vos comés muchas harinas, ¿no?”. Es jodido cuando te hablan así. Por ahí hay alguien que es súper fuerte y no le pasa nada, tal vez alguien que es más sensible, que viene con un historial distinto... Yo tuve problemas de alimentación cuando era adolescente, entonces que te digan eso es terrible. Por ahí uno puede entenderlo si estás arriba de un escenario tenés que estar en forma, sobre todo para encarar una obra de teatro que llevaba dos horas de baile. Tenés que estar entrenada, pero que te digan que debes adelgazar es un poco jodido.

—¿Y cómo reaccionaste?

—En ese momento no estaba tan fuerte como para responder, creo que hoy lo podría abordar de otra manera. Tenía 20 años y todo era muy reciente. La verdad es que ahí me empecé a cuidar más.

—Recuerdo que una época te vi muy flaca y casi no te reconocí…

—Tuve una recaída en el medio, mi problema de alimentación fue cuando estaba egresando en Tandil, hice un tratamiento. Por suerte mi familia vio el problema y me acompañó. Si no tenés la contención, la situación se puede agravar y no queda como una anécdota. En mi caso, ahí no duró tanto, hice un tratamiento con una nutricionista y otro interdisciplinario. Pero queda una sensibilidad importante y si viene alguien de afuera a meter el dedo ahí, es difícil. Después en este tiempo estuve un poco más delgada, pero no tenía que ver con que yo no quería comer, sino que cuando estás más sensible por ahí te afecta más rápido. Hoy estoy súper bien. Te puedo decir que ya pasó y que estoy curada, que lo pude superar, pero creo que siempre hay que estar alerta. Fueron años de mucha terapia y de autoconocerme mejor, y saber cuáles son mis debilidades y fortalezas, y aceptarlas también.

—También hay una presión social en las mujeres de estar siempre flaca...

—Sí. En mi caso, por mi trabajo, sé a lo que me enfrento, pero creo que hay una presión social importante: ser flaca, ser linda y estar bien. Hoy las redes sociales muestran mucho eso, pero en su momento han sido las dietas en las revistas, la dieta de la luna. Hay mucha sobreinformación y mala información.

—El hecho de ser linda también es un prejuicio. Quizás te dicen: “Trabajás en la tele porque sos linda y nada más”.

—Sí, creo que demostré que puedo hacer más que mostrarme linda. Hay mucho prejuicio de mujeres y de hombres. Algunos dicen: “Pone la cara y sonríe, pero por ahí no puede opinar ni dar información”. Me parece que eso lo pude romper.

—¿Qué pensás del empoderamiento femenino?

—Durante años las mujeres sufrimos desigualdad y situaciones de acoso y de abuso. He visto familias donde se tapaban situaciones. No me pasó a mí, pero sí lo he visto de cerca y sí se naturalizaba todo. Era necesario hablar, contar y que se sepa. Recuerdo cuando me tocó dar la noticia de Plácido Domingo, que asumió haber acosado a más de 27 mujeres y tenía un cargo importante en la ópera en Washington. Hoy no se le tiene que dar lugar a que un tipo pueda hacer eso. También hay abuso de poder desde mujeres, pero en general ha sido del hombre mucho más.

Además de su trabajo en la tevé, Sofía tiene su propia línea de maquillaje
Además de su trabajo en la tevé, Sofía tiene su propia línea de maquillaje

—¿Tenés una Susanita ahí escondida?

—Soy familiera, pero no es que mi meta es sí o sí ser madre. Hoy la maternidad la veo lejos. Creo que me falta y no me ha picado el bichito. En algún momento me pasará. De chica no me veía tan Susanita, en un momento decía sí quiero casarme, pero ahora espero que se dé. No me pongo una meta en ese sentido, como en otros ámbitos de la vida.

—¿Te preocupa el paso del tiempo?

—Hoy me siento muy joven, mejor que a los 20. Puedo afrontar distintas situaciones que la vida me puede poner y me animo a decir lo que no me gusta. Estoy parada en otro lugar, diferente a cuando me vine sola a Capital, fue una locura. Mis viejos han estado muy presentes, aunque no podían estar en el día a día. Yo vine acá sin saber tomarme un colectivo. Parece una pavada, pero yo me iba a cursar al IUNA temprano y caminaba 30 cuadras porque me daba miedo subirme al colectivo.

—También tenés un emprendimiento de maquillaje.

—Empecé hace un año y medio. Si bien lancé hace dos meses la línea Sofi Macaggi Make up, lleva mucho tiempo porque es un proceso largo, estoy muy presente, no es que pongo el nombre solamente. Me junté con gente que sabe mucho de maquillaje, que tiene 20 años en la industria o más, pero hago todo yo. Estuve con el laboratorio que desarrolló la fórmula, me encargué de probar los productos y de hacer la aprobación ante el ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica). Lancé una línea de labiales nude, ese producto me llevó un año. Hoy estoy haciendo venta online y está resultando bien. Voy paso a paso porque no quiero tirarme a la pileta.

—¿Qué sueño o meta te gustaría cumplir en un futuro?

—Me encantaría tener mi propio programa, abriría con un musical como Susana Giménez (risas). También me gusta Vero Lozano, es divertida y a la vez está informada, es una conductora que puede pasearse por varios temas. Me gustaría conducir un magazine, un programa que podría tener una parte seria, pero también entrevistas relajadas o entrevistas que muestran las distintas vivencias de personas. Y por supuesto, tendría una parte glamorosa.

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