Los cuentos de Facundo Arana: “Mi alma y Morfeo”

En esta nueva entrega de sus relatos, el actor nos comparte -en primera persona- un encuentro tan deseado como inesperado, que sucede más allá de los sueños. ¿O más acá?

Facundo Arana (Foto: Mario Sar)
Facundo Arana (Foto: Mario Sar)

Ahí estaba el muy perro. Morfeo de espaldas, a pocos metros de distancia.

Finalmente no era ni muy alto, ni ancho, ni formidable. No le veo el color de pelo por la capucha boba que lleva.

Pero es Él... Tanto buscarlo, siempre escapando hacia quién sabe qué lugar, pero siempre lejos de donde lo necesito. Date vuelta, Morfeo, sé que sos vos... ¡Te voy a dejar la cara así!

Me acerco suave para no ahuyentarlo, pero con la decisión de toda una vida. ¡Tengo tanto para reclamar! ¡Justicia! ¡Justicia por mano propia! ¡Muerte a Él! Me alcanza y me sobra paño y fuerza para darte la paliza de tu vida, Morfeo. Ahora vas a...

Se da vuelta Morfeo. Sencillamente gira y queda frente a mí.

Es una mujer perfeeeecta, en sus veintilargos. Sus ojos son color miel. Profundísimos. Su boca es delicada. Tiene una nostalgia infinita en la mirada. Me ve directo a los ojos y quedo petrificado. Quieto. Inmóvil. Hasta mi corazón duda en seguir latiendo. Por el impulso que traía quedo muy cerca de ella. ¡Ridículamente cerca! Pasa un tiempo. Se detiene, el tiempo... oootra vez... (¿y van?).

El ritmo de mi respiración baja rápidamente. Y todo se detiene. No me pasó muchas veces en mi vida.

Quedamos así, frente a frente. Soy más alto. Carajo, empiezo a escribir sonando como un imbécil. Ella, quieta. Resopla y se entrecorta de pronto, torpe, mi respiración, cediendo la seguridad, que cae a pedazos desde mi autoestima y se destroza contra mi ego, allá abajo, en lo profundo, donde nadie mira... Y con ello, en un segundo pierdo todo.

Desamparado. Desnudo frente a ella. ¡La suma de todos los miedos!

Y de pronto ya no aguanto. Empiezo a reír. Suave. Honesto. Sincero. Desarmado. Verdadero. De a poco. Y en aumento. Me tiento. Sigo riendo. Y cada vez más. ¡Y a carcajadas! Y levanto la mirada y me encuentro con esos ojos miel profundísimos. Nostalgia infinita.

Dudo, ahora, mientras río. Y sola, mi carcajada se convierte natural en sollozo, que pasa al llanto, y luego a eso que sucede al llanto.

Y quedo riendo y llorando quién sabe qué sueños, alegrías, esfuerzos, recuerdos, añoranzas...

Vuelvo a quedar quieto.

Quieto.

Solo se escucha mi respiración, que quedó algo agitada.

Ella, inmóvil, me mira. Con sus profundísimos ojos color miel. Con su nostalgia infinita. Debe haber vivido muchas vidas, Morfeo, porque nadie carga tanta nostalgia en una sola vida.

El tiempo está detenido, así que no pasa.

Y así nos quedamos: un buen rato de esos que no pasan.

...

...

...

Suavemente se acerca, Morfeo. Me da un beso suave en la mejilla. Y me dice al oído aquello que esperaba escuchar con toda mi alma.

Sí... Okey...

Buenas noches.

(¡¿Seguís leyendo esto?! C...).

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