"Vengo de una familia que siempre estuvo bien, me dieron buena casa, buena educación. Soy una persona muy afortunada, de la parte más chica de la población mundial", reflexiona Diego Reinhold. "Además tuve mucha suerte de tener una carrera donde pude acceder a muy buenos trabajos. Esta posición de no necesidad me hizo muchas veces decirle que no a trabajos de muchísimo dinero", cuenta, analizando el vínculo tan particular que se establece con la plata y que queda de manifiesto en su nuevo proyecto teatral.

No a la guita uno de los éxitos de la cartelera porteña, la comedia en la que un arquitecto de clase media que recientemente ha sido padre (Felipe Colombo) gana 862 millones en la lotería y decide no cobrar el premio para que nada cambie en su entorno. Salvando las distancias, sin llegar a rechazar un premio millonario y azaroso, en la vida real Reinhold se negó a varios trabajos: "Me di el lujo de decir que no a trabajos de muchísimo estatus. Muchas veces me pasó. No sé si me arrepiento hoy", analiza el actor, explicando que buscó arriesgar y entender qué implicaba decir que no: "Así como soy de arriesgado, intrépido y trasnochado con mis posibilidades artísticas, también lo he sido con mis finanzas".

Diego reinhold junto a Felipe Colombo, Betiana Blum y Paula Kohan en “No a la guita” (Crédito: @ph.mbnovoa)
Diego reinhold junto a Felipe Colombo, Betiana Blum y Paula Kohan en “No a la guita” (Crédito: @ph.mbnovoa)

—¿A qué dijiste que no y después te arrepentiste?

—Muy prestigiosos en su momento, le dije que no al protagónico de Pizza, Birra, Faso. Después, cuando vi que empapelaron la ciudad, que era un éxito… En su momento era una película independiente. Ya lo tengo ahí, tapado con hormigón, porque no es que lo tengo elaborado. Es tremendo. Fue en los años 90, estaba de bailarín en el Teatro San Martín, en un espectáculo de Hugo Midón, y tenía que irme de ese espectáculo para poder hacer cinco semanas de rodaje. Había quedado en un casting junto con Rodrigo de la Serna, pero no me animé a decirle que no a mi contratito en el San Martin.

—¿Y cuando se estrenó?

—Casi me muero. Después dije que no a la conducción de TVR cuando fue el primer cambio de conductores. Se habían ido (Fabián) Gianola y (Claudio) Morgado y entrabamos José María Listorti y yo. Mi representante fogoneó mal, y hubo un punto en el contrato… Es difícil trabajar con los representantes porque uno se marea mucho. Pongo mucho la culpa ahí también.

—Después lo hizo Gabriel Schultz.

—Sí, pero fue una semana antes de empezar a grabar. Y después, el primer Stravaganza fue algo enorme, enorme, enorme… el espectáculo más visto de la historia de la Argentina. La mitad del espectáculo era contenido propio, 45 minutos solo arriba del escenario con mis cosas, pero cuando me di cuenta de que en Argentores lo firmaba otro y que yo no había arreglado eso, quise hacer una negociación. Ahí fui apretado por televisión diciendo lo que yo estaba pidiendo, mi representante recibió una amenaza, yo me asusté mucho y me bajé. Fue increíble porque realmente ahí sí se ganaba dinero.

—Ahí nace la pelea con Flavio Mendoza.

—Esa es la única situación, no hay otra cosa. Yo me sentí muy mal porque además se dijeron cosas muy feas y yo tampoco lo supe manejar. Fue duro ver cómo me extorsionaban por televisión. Tampoco fue él en particular, fue el productor en su momento.

—¿El productor era Ariel Diwan?

—Sí. Yo soy chico, soy sensible, no soy una persona fácil; me sentí mal en ese momento y me fui. También le dije que no a (Juan José) Campanella con el espectáculo ¿Qué hacemos con Walter?. Hay muchas situaciones, me sigo acordando y van cayendo. Que privilegio poder decir que sí o que no, y poder elegir con tanto abanico. Tener además la sensación de que uno se estableció en alguna especie de flotación y entonces sabés que puede salir esto, puede salir lo otro, ya hay un camino recorrido. Tengo compañeros que no están en esa situación.

—Ya trabajar en lo que a uno le gusta es una fortuna enorme.

—Exactamente. Pero debo decir que en lo personal cada vez que la vida me pone frente a un momento de estas decisiones yo le pido que la vida pare por favor con esto porque es muy difícil decidir. Me cuesta mucho decidir. Me he equivocado muchas veces, equivocado entre comillas.

—¿Ahorrás?

—Financieramente soy igual que con mi carrera artística. Podría decir que en líneas generales mi esfera de acción se repite siempre el mismo mecanismo. Soy arriesgado, intrépido, me he metido en cosas donde he perdido muchísimo.

—¿En qué invertís?

—Invierto en situaciones pero también he puesto una marca de calzado en su momento. Se perdió muchísimo dinero ahí. La idea era financiar el Hogar (Mariposa, para chicos con derechos vulnerables) con eso; no sirvió, me desfinanció a mí por completo. Me he metido en cosas arriesgadas como comprar un terreno allá, una cosa acá o producir una obra, muchas situaciones, comprar títulos, situaciones de inversión…

—¿Lo sufrís cuando sale mal?

—No, no. Así como creo que estoy un poco más curado de tanto haber dicho que no y arrepentirme también estoy curado de esas pérdidas de las que me he podido levantar.

—¿Cómo lo vivís cuando sube el dólar, hay una devaluación de la moneda?

Entro en ataques de ira. Me pongo muy irascible. Me pongo mal…

—¿Por tu propia situación y cómo se desvalorizó lo que tenías o por cómo estamos reiterando la historia?

—No, porque yo me he podido armar y he aprendido como argentino trabajador a, cuando tengo la posibilidad de ahorrar algo, transformarlo en otra cosa. Pero esta última me agarró con un montón de situaciones que no cobré todavía. Esto se lo hacen absolutamente a todas las personas del país y es siniestro. Unos tipos que están detrás de una computadora se sirven de mi trabajo para enriquecerse. Ni siquiera es a través de la cultura del trabajo más primaria que conocemos. que es un empresario que contrata gente y vive del tiempo de la gente, le paga a la gente por su tiempo pero él se queda con una plusvalía y se hace más rico. No, no es así; son unos tipos que de la nada se quedan con el trabajo de todos, que no les pertenece porque no hicieron absolutamente nada, lo único que hicieron fue mover unos números que tienen en una computadora. Si quieren que trabajemos para vivir, entonces respétenlo. Esto tiene que ver con una fuga de capitales, directamente. Yo soy patriota en ese sentido, por lo menos por el momento: mientras haya pobres alrededor mío yo voy a tratar que esa pobreza desaparezca. Siento que la única manera que esa pobreza desaparezca hoy es cerrando la salida de capitales. No hay otra forma. No importa qué moneda, cada pedazo de dinero, valor que sale de la Argentina, es un pobre más. Es así de simple.

Comprometido. Reinhold lleva cinco años trabajando en la ONG Conceptos Sencillos. "En este momento estamos necesitando un televisor grande. Los pibes rompieron el televisor", dice el actor, que desde hace tres años colabora directamente con el hogar infantil en el que hoy viven 14 chicos, y al que se puede aportar comunicándose con sus redes sociales. "Para el Día del Niño tuvimos que salir a comprar un montón de juguetes, porque no llegaron", explica, como si fuera necesario justificar que todos los chicos tienen derecho a festejar su día.

"Hace poquito entró un chico que es fruto de una situación no deseada terrible. Estaba muy asustado. No puede hablar por ahora. El shock no es solamente entrar a un lugar nuevo donde cambia completamente el modelo del cual vos venís sino que además es el fracaso del modelo del cual venís, la situación de haber sido separado. Yo (en su lugar) sentiría que fracasé yo. Lo primero que haría es sentirme responsable de haber fracasado con mi familia y de tener que entrar en una institución. Debe ser fuertísimo", relata, emocionado, y cuenta que el nene de dos  años de a poco se va integrando, y que sabe que le espera un futuro feliz en el hogar.

—El objetivo es que esos chicos se vayan con una familia.

—Sí, absolutamente. Solo agrego esto: estoy muy preocupado. Me tomo el Subte todos los días y entro al teatro diciendo: "Chicos, es el Gueto de Varsovia". Estoy saltando familias con chicos y mujeres con hijos y todos están en la calle. Los pibes están agarrando unas cosas y se las meten en la boca. Es un montón. No lo viví nunca. Lo primero que pienso cuando veo eso es: "Bueno, los que están ahí adentro, los chicos del Hogar Mariposa, algo de afortunados tienen en ese sentido porque no están mordiendo objetos sucios por la calle".

—¿Vos sentís que esos chicos que ves en la calle, aunque estén con sus papás, están peor que los chicos que fueron abandonados?

—Es una pregunta muy difícil de contestar. Te puedo dar las dos respuestas: sí, por un lado está bueno que tengan una familia; por el otro lado está bien que estén limpios, cuidados y que no vivan situaciones de desesperación. Cuando la familia está en situación de una desesperación económica los pibes viven ese temor y esa situación de estrés. Ese estrés es alimento de los chicos, también.

—¿Los chicos que están en el hogar están en condiciones de adoptabilidad? ¿Los juzgados están trabajando buscando familias para estos chicos o algunos estarán en situación de ver cómo avanza el vínculo con sus familias? Porque entiendo que durante un tiempo la familia puede buscarlos y revincularse.

—Si, esa es la idea. Es lo que se va determinando en cada caso en particular. En algunos el objetivo es restituirlos con sus familias y en otros es buscarles familias sustitutas. La idea es que recuperen sus derechos, y su derecho es el bienestar.

—¿Cuántas veces te dan ganas de llevarte a los chicos a tu casa?

—Todas las veces.

—¿Te imaginás adoptar?

—Sí.

—Empieza a aparecer esa fantasía.

—No como una necesidad de cubrir un espacio: "Ay, quiero tener un hijo, entonces voy y me adopto uno". No. Me estoy empezando a relacionar muy de cerca con algunos en particular ahí, adentro entonces es algo natural que está sucediendo. No es que quiero adoptar a uno, me está pasando con algunos en particular que estoy empezando a entablar una relación profunda. Entonces me imagino adoptando, sí, pero no a cualquiera.

—Claro, hay que aclarar siempre cómo es el proceso de adopción: uno tiene que ir, inscribirse, presentar la  carpeta y esperar ser llamado del juzgado, no existe la adopción directa. A vos, ¿quién te despertó este instinto y te llega al alma más allá de los 14 en general, es nena o es nene?

—Me gusta la pregunta y está buena para aclararles porque nuestra ONG se específica principalmente en temas de género y nos interesa mucho esa temática como transformadora de la sociedad. Es varón, pero tratamos de igualar en ese sentido. Ahora también estamos trabajando en un grupo de ayuda para que la gente que fue víctima de abuso en su infancia.

—¿Vos vas a esos encuentros?

—No, pero es muy bueno lo que está pasando ahí.

Diego Reinhold en escena (Crédito: @ph.mbnovoa)
Diego Reinhold en escena (Crédito: @ph.mbnovoa)

—Contaste tu propia experiencia de abuso, ¿sanaste lo que viviste?

—Vivir es sanar. Sí, te podría decir que sí. Y por ahí mañana te digo que no.

—Es algo que vuelve.

—Me constituye, es mi configuración. Mi sistema operativo incluye esas programaciones. Desinstalar eso no sé si es tan fácil; dicen que sí. Yo he hecho muchísimos años de terapia, muchísimos, y he buscado muchísimo, me he ido al Uritorco, al otro coso, que mezcal, el coso, la cosa, todo, todo; reiki. Busqué por todos lados. Me falta constelar. La búsqueda es una constante en mi vida.

—En tu caso se trataba de un tío y vos eras muy chiquito.

—Sí. No recuerdo, pero no tenía menos de seis años ni más de 10. Fue un tiempo.

—¿Y algo de eso tiene que ver con las ganas de cuidar a estos chicos en el hogar?

—Sí, pero también yo me sentí muy abusado en la escuela y en lo social. En quién era yo respecto de la sociedad y las cosas que me decían que tenía que hacer, y lo que estaba bien, lo que estaba mal.

—¿Hay casos en el hogar de chicos que hayan sido devueltos después de alguna adopción?

—Varios. Es díficil imaginar que un chico sea devuelto como devolvés un producto que está fallado. La gente se sorprende con esto así como me sorprendí yo: la primera vez me quedé helado, fue fuertísimo. Lo primero que te pasa es que te hacés miles de preguntas porque un chico que vos tenés biológicamente no lo podés devolver a ningún lugar; en cambio estos pibes sí se pueden devolver. Ahí la cabeza se me rompe, me hace un ruido tremendo. O estos chicos de diseño que se van a hacer algunos, que se pagan un servicio y van afuera, también me hace ruido: no sé si está bien o está mal pero me lleno de preguntas. No lo quiero juzgar pero realmente empiezo… Está bueno en un punto porque me desestabiliza, me hace preguntarme cosas. Uno siente que está mal que el pibe vuelva porque es un pibe que ya vivió un abandono. Entonces, tener la esperanza de entrar en una situación de vincularse con una persona y esa persona se lo lleva y lo devuelve, es un segundo abandono. Pero también entiendo que en los procesos de vinculación tenemos un período de ventana, en donde tanto los padres, el niño, el Juzgado, el hogar, los actores de control o de verificación psicológicos, sociales, van viendo cómo funciona, y tienen la posibilidad de levantarse y decir: "No, hasta acá". Porque también tenemos casos de chicos que han vuelto con su familia y resulta que después los ves en la calle de vuelta. O no hay un seguimiento. Nosotros también necesitamos que el Estado, además de que se haga cargo de los niñes que quedan, voy a empezar a hablar en (lenguaje) inclusivo porque me vengo olvidando y me encanta, pero que el Estado se haga cargo de los niñes que salen de la institucionalidad, que haya dispositivos que se encarguen del seguimiento.

—Ojalá sigamos hablando y me vayas contando que los chicos recuperan todos sus derechos.

—Ojalá. Gracias. Y que la ONG también siga creciendo. Nosotros vamos por más.

ENTREVISTA COMPLETA

Agenda: Diego Reinhold se presenta con No a la guita de miércoles a domingo en el Multitabarís. Y además los viernes a las 23.30 está con su unipersonal en el Teatro Regina