Ricardo Darín eligió su escena preferida de "La odisea de los giles"

Fermín Perlassi (Ricardo Darín), Fontana (Luis Brandoni), Rodrigo Perlassi (Chino Darín), Carmen Lorgio (Rita Cortese), Hernán (Marco Antonio Caponi) y todos los protagonistas de La odisea de los giles (dirigida por Sebastián Borensztein) están reunidos en un rancho en su pueblo, Alsina. Hace poco fueron obscenamente estafados y todo el dinero que habían juntado para armar una cooperativa fue víctima del corralito.

Y allí se encuentran, abatidos, desorientados, sin ahorros. En medio de la crisis del 2001. Pero una luz se asoma en el horizonte cuando el ex futbolista Fermín y su viejo amigo Fontana idean un plan cuanto menos complicado y confuso para rescatar sus dólares. Porque ladrón que le roba a ladrón…

"Señores, señora… Creo que no hace falta decir que estamos a punto de meternos en un problema mucho más grande del que ya tenemos. Si alguno se arrepiente por lo que sea, o le da miedo, que puede pasar, este es el momento para decirlo", dice, serio, el personaje de Darín a todos los presentes.

A su lado, el obstinado anarquista interpretado por Brandoni agrega: "Hoy es un día histórico porque vamos tras el sueño de Mijaíl Bakunin, el padre del anarquismo. Esto es el individuo por encima del Estado y las instituciones. El hombre que toma las riendas de su destino que, en nuestro caso, es el de recuperar lo que nos pertenece".

Darín eligió esta escena como su preferida de La odisea de los giles, que en su primera semana en cartel vendió 405.000 entradas y se perfila a ser la película más taquillera del año. El reconocido actor explicó su decisión: "Es un gran momento de sentido común el que Perlassi, mi personaje, asume en esa escena. Porque entiende que si bien es cierto que están subidos todos al mismo barco, lo que sigue, o sea el próximo paso, va a ser mucho más complicado y riesgoso. Siente la obligación de ponerlo sobre la mesa para que, como dice el personaje, si alguien tiene dudas o un poco de miedo, que puede pasar, ese es el momento de bajarse".

"Y lo aprovecha el personaje de Beto (Brandoni), un tal Fontana, para mostrarnos que en realidad él tiene un bagaje de pensamiento con respecto a lo que va a ocurrir y se va, como decimos todos en la Argentina, un poco al carajo. Creo que los personajes que intervienen en ese momento se dan cuenta de que realmente se pasó de la raya", asegura.

Ricardo Darín fue dirigido por tercera vez por Sebastián Borensztein (Foto: Gustavo Gavotti)
Ricardo Darín fue dirigido por tercera vez por Sebastián Borensztein (Foto: Gustavo Gavotti)

La odisea de los giles fue escrita por Borensztein junto a Eduardo Sacheri, autor de la novela en la que está basada la película, La noche de la usina. A primera vista, la película funciona como una exponente del costumbrismo argentino, con personajes estereotipados lanzándose diálogos mordaces y ocurrentes. Pero a medida que avanza el largometraje, la trama transita por géneros tan disímiles como el thriller, el drama, la comedia y sobre todo el western.

Borensztein ya había incursionado en la estética rural con Kóblic, su anterior film. Aquí vuelve a apelar a los encuadres panorámicos, las secuencias en parajes campestres y las tomas elevadas sobre caminos de tierra. Además, deja de lado la solemnidad de su último largometraje para volver al humor de Un cuento chino y La suerte está echada. Lo hace respaldado por la novela original de Sacheri, que muy bien sabe describir la argentinidad en todas sus personificaciones.

El elenco reunido para La odisea de los giles es lo más cercano a un "equipo de los sueños" actoral al que se puede aspirar en la cinematografía argentina, encabezado por Ricardo Darín, en una composición alejada de sus últimos trabajos apostando por un tono agridulce que pasea por varios estados de ánimos. Lo acompñanan Luis Brandoni, quien luce todo su oficio; Daniel Aráoz, siempre creíble; Carlos Belloso, que apela a un personaje que conoce a la perfección; el Chino Darín, que aporta frescura; la gran Rita Cortese, que logra una performance de mucho carácter; y Verónica Llinás, en un papel que es pura empatía.

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