"Soy una robadora de sueños", dice Flor Vigna a la hora de repasar su historia, porque era su hermano Miguel Ángel quien empieza el recorrido artístico al que ella se sumó: "Yo miraba Rebelde Way y mi hermano empieza a ser extra ahí. No podía creer que él conociera a todo el mundo y yo no". Así fue como Florencia comenzó a pedir clases de teatro que resultaban caras para el presupuesto familiar. "'Pero no se puede, son clases carelis',  decía mi mamá. Y me mandaron a un centro cultural que era gratuito, donde arranqué. Y me enamoré".

Hoy, está feliz con el éxito de Una semana nada más, la obra que se presenta en teatro El Nacional. "Tengo dos compañeros que, además de ser súper grosos en lo que hacen, son un amor", dice en referencia a Nicolás Vázquez y Benjamín Rojas, que ya habían probado la dupla en El otro lado de la cama, y volvieron a convertirse en el suceso teatral de la temporada con esta nueva comedia.

"Es mucho más de lo que yo me imaginaba", confiesa, e invita a visualizar lo que uno quiere lograr. "Hay que proyectar las cosas que quiere uno, porque a veces no focalizás en qué y te quejás de las malas nada más. Yo siempre busque enfocarme, quería hacer lo que estoy haciendo, pero nunca pensé que era todo junto: hacer una novela a la par del Bailando (Mi hermano es un clon, con Nico Cabré y Gimena Accardi), a la par de los Luna Park, fue tremendo. Eran momentos de muy poco sueño, de mucho laburo. Pero valió la pena", destaca, y agradece a sus fans por acompañarla siempre, desde aquellos tiempos de Combate.

Flor Vigna junto a Nico Vázquez y benjamin Rojas en el escenario de “El Nacional”
Flor Vigna junto a Nico Vázquez y benjamin Rojas en el escenario de “El Nacional”

—Hablabas de tus inicios: venís de una familia trabajadora, de clase media.

—Sí, recontra. Mis viejos son muy buenos socios, por así decirlo. Una familia que no tenía mucho y logró hacer de un kiosquito, un kiosquito más grande; de ese kiosco vender de repente un balde, después un perfume, después una bombacha. Después, lo que sea.

—¿Qué hiciste con la primera plata que ganaste?

—o recuerdo. Sigo siendo bastante nómade y por ahí en lo que más gasto es en transporte, pero después no tengo muchos gastos más porque vivo con mi novio (Nico Occhiatto) o con mi vieja. Sí tengo ganas de hacer un lindo viaje con mi familia. Nosotros vacacionábamos en Mar del Tuyú; amo Mar del Tuyú, pero me quiero pegar un viajecito más intenso.

—¿Te tocó ayudar a tu familia ahora que empezaste a trabajar más fuerte, o no hizo falta?

—No, son muy orgullosos. Mi mamá no me deja hacer nada. Incluso esto del viaje fue un tema porque le digo: "Por favor, andate vos por mí, andá conoce, te lo merecés". Nuestros viejos son de una generación en la que había poco disfrute. Hay que laburar para mantener, era otro momento también; entonces, les cuesta disfrutar. Y mi mamá me dice: "Yo no disfrutaría de un viaje, yo disfruto de trabajar". "Bueno, está buenísimo, pero tenés que aprender a disfrutar otras cosas". Ya nos vamos a ir juntas.

Flor Vigna en “Una semana nada más” (Veronica Guerman)
Flor Vigna en “Una semana nada más” (Veronica Guerman)

—¿Cómo encarás todo lo que te está pasando y cómo te mantenés con los pies en la tierra?

—Tengo gente muy linda al lado; mi novio es uno. Nosotros arrancamos juntos en Combate, empezamos a soñar mucho. Con él también hicimos este ejercicio de visualización, de agarrar una hoja, enfrentarte a lo que querés y sentirte patético dibujando pero que está bueno. Y hoy lo vemos ese dibujito.

—¿Se van acercando a la situación de convivencia con Nico?

—No… pero sí. ¿Cómo es esto? Una vez nació la propuesta, de mí hacia él, y él me dijo, muy sabiamente: "Me parece que nos vamos a pelear por temas innecesarios". Dicho y hecho. Yo en ese momento lo recibí como un palito, pero después siempre termino yendo a dormir a lo de Nico, y como laburaba todo el día, en vez de una convivencia era dormir juntos simplemente. Hoy en día tengo las llaves de su casa. Él ahora se va de viaje y seguramente yo haga algo con mis amigas en su casa: "Después te limpio todo mi amor, te lo dejo todo como nuevo".

—¿No te dan ganas de tener tu departamento?

—Este año siento que voy a hacer eso, que voy a dar ese paso. Pero me pasaba un poco que yo elegía esta vida nómade por una cuestión de que me levantaba a las 5 de la mañana, me iba a Estudios Pampa, ahí tenemos nuestro camarín donde hay una pequeña camita para de última tirarte en algún bache, y era hasta las 6 de la tarde. Y me iba directo al ensayo, que llegaba ahí, justiniana, con el tiempo exacto. Terminaba a las 11 de la noche y ya me iba a acostar, y tenía cinco horas o menos para dormir. Entonces, no valía la pena tal vez gastar en un alquiler.

Famosa de armas tomar

"Soy de Floresta, tengo barrio. Y tengo ese vomito verbal que a uno le nace… Me pasó más que nada este año que en otros", cuenta Vigna, haciendo referencia a las polémicas mediática que en los últimos meses la tuvieron como protagonista, sobre todo con Laurita Fernández, por una foto que posteó junto a Cabré. "Me pasó de preguntarme: '¿El que calla otorga?'. No quiero que sea así. Entonces decidí no contar cosas innecesarias, pero sí dar mis aclaraciones suficientes para que no se mal interprete y que no se empiece a hacer otra gran bola. Que igual se hace. Hay gente que habla sin saber".

—Le pediste perdón a Calu Rivero.

—Sí. La grandeza es de ella, por aceptármelas. No la conozco, entonces le escribí en sus redes sociales y después pedí el número, pero ella ya me había respondido en Instagram. Todo el movimiento feminista me enseñó mucho. Cuando estudiaba en (la escuela de) Julio Bocca volvía en el 109 a las 12 y llegaba a la 1 a la parada; yo creía que si me vestía con joggineta y estaba encapuchada iba a poder caminar tranquila esas siete cuadras hasta mi casa, que eso me iba a resguardar. Y que si me pasaba algo por usar un shortcito en vez de ese jogging, iba a ser mi culpa. Todo esto me enseñó eso, a calmar el prejuicio hacia mi género y también a darme cuenta de los números (de femicidios); ese momento fue tremendo. Son estadísticas increíbles. Por eso agradezco a este movimiento que le puso luz a muchas cosas. Si bien hay muchas críticas hacia el movimiento, todo momento revolucionario crea eso.

—¿No sos parte del colectivo de Actrices Argentinas?

—No soy parte, pero conozco a un par que estaban en el elenco y comparto muchas cosas.

—¿Es un espacio al que te sumarías?

—Creo que también puedo comunicar desde otro lado. Trato de no religionar, no existe la palabra. Pero me refiero a no ponerle tanta religión a las cosas (SIC).

flor vigna junto a nicolas occhiato
flor vigna junto a nicolas occhiato

—Si te convocan para un proyecto que te encanta y es con Laurita Fernandez, ¿aceptás?

—Tanto ella como yo tenemos inteligencia emocional, y tanto en Combate como en el Bailando siempre tuvimos buena relación. Lo que pasó fue una mala información que es muy fácil de comprobar porque somos un gran elenco, y el tiempo demuestra las cosas, es cierto.

—¿Volverías a trabajar con Cabré?

—Creo que no, pero porque pongo mi disfrute antes que mi ambición. Este año (por 2018) me pasaron cosas muy lindas. Fui súper feliz, pero también me encontré súper feliz antes, cuando estaba haciendo mis cosas más chiquitas. El éxito verdadero es pasarla bien, no solamente que haya más luces, más rating.

—No la pasaste bien en la novela con Cabré.

—La pasé bien, sí. Es un gran actor y aprendés un montón de cosas de todo el equipo, incluyéndolo a él también. Pero me pasa que tengo esta edad, se pueden dar posibilidades mejores o peores, y las voy a elegir en cuanto a mi disfrute. Y voy a ser súper responsable con eso.

“Pongo mi disfrute antes que mi ambición” dice Flor Vigna que no volvería a trabajar con Nicolás Cabré
“Pongo mi disfrute antes que mi ambición” dice Flor Vigna que no volvería a trabajar con Nicolás Cabré

—Y con Mica Viciconte, ¿trabajarías?

—Sí, también trabajaría. Estoy bien con Mica. Eramos dos calentonas…

—¿Alguna vez te arrepentiste por no haberte callado a tiempo?

—Sí. Te pasa cuando tenés guardia (periodística) y te están esperando, y te pinchan y te pinchan, y a veces te hacen una pregunta absurda, y vos hacés con la cara un revoleo de ojos que después, cuando lo ves en la tele, en cámara lenta, en blanco y negro y con música de suspenso… ya está, pasaste a ser la persona más nefasta del mundo. A mí igual me divierte, pero te pasan cosas como que… Antes no me pasaba que me iba de vacaciones con mi novio y después ¡había fotos de mi culo celulítico por todos lados! Te pasan esas cosas.

—Si se usa Photoshop, porque usamos Photoshop. Si no usamos Photoshop, porque no usamos Photoshop. Si tenemos dos kilos de más, porque los tenemos de más. Y si estamos flaquísimas, porque estamos anoréxicas. ¡No hay forma!

—Nosotras, que estamos de este lado, tenemos que poner de moda algunas cosas que sean más normales. Sí, para la novela me hago todos los rulos, me pongo a veces las pestañas postizas, y yo creo que ese código está buenísimo: sumarnos a ese disfraz. A mí me gusta eso también de ser mujer, ponerme una joggineta y estar destruida, y de repente montarme y creerme Beyoncé por un segundo, pero siempre y cuando del otro lado se sepa que un código, una convención.

—Si hablamos en cinco años y salió todo genial, ¿cómo te voy a encontrar?

—Con un lugar propio que tenga parque, oxígeno. Seguir actuando porque es una necesidad. Pero me gustaría en algún momento poder animarme a producir.

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