Ignacio Serricchio, el protagonista argentino de la versión mexicana de "El Marginal": "Quiero ayudar a quienes tienen depresión, yo sé lo que es"

Tiene 36 años y una carrera ascendente en Hollywood: viene de rodar con Clint Eastwood y Bradley Cooper, por caso. Pero nació aquí, en Lanús, aunque luego de dos pérdidas muy dolorosas, ya no tiene planeado regresar a la Argentina: "No tengo razones para volver", dice. Porque Serrichio le concedió aTeleshow una entrevista descarnada

Cuenta que se le hace pelota la cabeza, después de recordar su papel en Dr. House. Saborea la idea de comer un helado de dulce de leche, pero granizado. Dice quilombo, al tiempo que espera el estreno de la nueva película de Clint Eastwood que lo cuenta en el reparto: The mule. Y cada mañana, cuando se levanta para ir a grabar la ficción de turno, Ignacio Serricchio pone a calentar la pava para el mate incluso antes de lavarse los dientes.

Porque si bien se abre camino en Hollywood y las series de Netflix, este actor nació en Lanús hace 36 años. Es cierto que desde pequeño se fue del país, pero todavía conserva muchas costumbres argentinas. Y ahora la ficción vuelve a vincularlo con su país de origen: protagoniza El Recluso, la remake mexicana de El Marginal, la exitosa ficción de Underground. ¿Su papel? Aquel que hizo Juan Minujín en la primera temporada.

En su día libre desde Canadá, donde se encuentra rodando la segunda temporada de la serie Perdidos en el espacio, Serricchio mantuvo una conversación con Teleshow, a la vez distendida y comprometida. Además de hablar de su carrera, se atreve a descubrir una dura historia personal, buscando luchar contra los prejuicios. Y el dolor.

—¿Dónde y cómo estás?

—Estoy en Vancouver. Ahora, sol y mate, ¡re bien!

—Para los que no te conocen, ¿quién es Ignacio Serricchio?

—Bastante cargada la pregunta (risas). Nací en Lanús Este, Monte Chingolo. Después de ahí nos fuimos a la Ciudad de México; estuvimos siete años y medio. Luego nos mudamos a Nueva York. Ahí tuve que decidir qué iba a estudiar y me incliné hacia el teatro. De chico miraba series como El Zorro y decía: "Quiero estar ahí adentro". No entendía lo que era actuar, no entendía lo que estaba pasando adentro de la tele, pero sabía que quería estar ahí adentro. Con el tiempo me fui educando más acerca de que se trataba de una carrera, y gracias al apoyo de mis padres me puse a estudiar, y me enamoré mucho más de ella (de la profesión).

—¿Cuál fue tu primer trabajo profesional como actor?

—Fue un protagónico en una película independiente que no estuvo en muchos cines. Dr. House fue mi primer trabajo profesional en los Estados Unidos. En la vida, en realidad.

—¿El Recluso fue tu debut en idioma español?

—Sí. Yo era una de las personas que miraba la televisión hispana en los Estados Unidos y no me llamaba nada la atención. No me interesaba hacer una tira de 150 capítulos, rechazaba todo lo que tenía la tele hispana en su momento. Quería hacer trabajos de muy buena calidad y que me atraparan.

—¿Qué es lo que no te gustaba exactamente?

—No me gustaba el nivel de producción, de exageración.

—¿Un prejuicio contra las telenovelas?

—Así es. No me gustaban las que se estaban presentando en los Estados Unidos. De chico me gustaban muchísimo las tiras argentinas, me parecía que había muy buenos actores, que estaban muy bien actuadas.

Serricchio y su traje de “Perdidos en el espacio” (Instagram)
Serricchio y su traje de “Perdidos en el espacio” (Instagram)

—Hablemos un poco de tu vida en Buenos Aires. ¿Cómo es tu vínculo hoy con el país?

—En la Argentina está toda la familia de mi mamá, pero la razón principal por la cual he regresado en estos últimos años es por mi abuela. Ella falleció hace dos meses; ahora no tengo tantas razones para volver. No me gustan mucho las ciudades grandes, ya sea Buenos Aires, Ciudad de México o Roma. Puedo estar ahí dos o tres días, pero después me tengo que ir: me gusta la tranquilidad.

—En 48 horas en Buenos Aires, ¿qué harías?

—Iría a ver a mi primo Jorge, que vive en Nordelta; creo que ni siquiera es la Argentina (risas). Iría a ver un partido de fútbol de Lanús. Y seguramente comería un helado de dulce de leche granizado, y una pizza.

—¿Estás informado sobre lo que pasa?

—Muy poco. Me llegan noticias. Como tengo muchos amigos argentinos en Los Ángeles, están al tanto de todo porque sus familias siguen allá. Ahora estoy viviendo en los Estados Unidos: suficiente con todo lo que sale en las noticias acá como para ponerme a leer de la Argentina. Como que ya llega un punto en el que me saturo de información negativa y me hace pelota la cabeza.

—¿Volverías a vivir en el país?

—No. Pero tampoco volvería a vivir en México, ni en Nueva York. Esos lugares ya están en mi pasado.

—¿Por qué?

—Ya viví ahí, ya está. Me encanta vivir en California y me encanta viajar, pero con base en Los Ángeles. Acá tengo la playa, buen clima todo el tiempo, y puedo surfear todos los días.

¿Qué significó en tu carrera El Recluso?

—Fue un paso gigante. Mi primera experiencia trabajando en la televisión hispana, grabando en mi idioma. Pero la única razón por la cual me interesó hacer ese proyecto era por la visión de Marcos Santana y Telemundo International Studios, que significaba romper con esos prejuicios que justamente yo tenía. Mostrarle al mundo que tenemos la capacidad para hacer producciones de alta calidad y de tomar riesgos. Quería ser parte de un proyecto que significara algo muy grande para la industria latinoamericana.

—¿Se viene una segunda temporada de El Recluso?

—Te soy honesto, porque no sé mentir: no tengo idea.

—¿Qué fue lo que más te costó a la hora de crear tu personaje?

—Adaptarme a que iba a estar cinco meses solo en la Ciudad de México. El tono de la serie de por sí ya es bastante tenso, pesado, negativo; mucha testosterona. Fue mucha meditación, y estar constantemente chequeando y asegurándome de que no me rompa mental y emocionalmente. De por sí, después de trabajar, no me podía ir a una montaña a respirar; estaba en plena Ciudad de México, que es un quilombo de tráfico, gente y ruido. Fue mucho. Y eso me costó bastante.

—¿Te gusta involucrarte con temas de actualidad? En El Recluso se abordan muchos flagelos, como el de la corrupción, las cárceles, el narcotráfico…

—Nosotros tuvimos un pequeño pedacito de lo que es la realidad en las cárceles, y tuve la oportunidad de hablar con muchos de nuestros extras, los jóvenes que crearon el ambiente en la prisión, quienes habían pasado en la vida real por el sistema penitenciario. Al grabar con ellos todos los días, quería saber sus historias. La verdad, te hace pensar mucho en cómo afecta tanto dónde uno se cría de chico, como también, con quién uno se rodea.

—¿Qué te dejó esa experiencia?

—Que para estos chicos no había otra opción. No es que cumplieron los 30 años y dijeron: "Tengo ganas de ser pandillero e ir a robar". No es así de fácil. Se crían en un ambiente donde casi están forzados a hacerlo por supervivencia. Entonces, empezás a entender un poquito más, y a juzgar menos. Y la verdad es que agradecés mucho lo que tenés y de la manera en que te han criado. Y también tratamos de dar luz al tema de la superpoblación y del abuso de los reos. Son cosas que siguen existiendo. Fue una experiencia no solo artística, en lo personal fue revelatoria, si eso es una palabra.

Tendemos a juzgar a una persona si está soltera o no tiene hijos o no está casada. Como que está fallada

—La promoción de la serie comenzaba con "Bienvenido al Infierno". ¿Cuál es tu infierno?

—Yo ya pasé por mi infierno, en lo personal.

—¿Lo pasaste?

—Sí, ya lo pasé.

—¿Cuál fue?

—Mi infierno fue hace dos años y medio, cuando mi hermanito menor falleció por suicidio.

—¿Cuántos años tenía?

—20. Y sufría de mucha depresión. Y bueno, es algo que… Me ha dado un nuevo propósito en la vida, que es tratar de ayudar a la gente que no tiene voz, que no tiene la plataforma que tengo yo, a la gente que se siente juzgada porque sufre de depresión. Yo también sufro de depresión. Y poder hablar del tema sin prejuicios, poder tener un mal día, una mala semana, y que nadie te diga: "No, este es un deprimido, es un triste". Es una enfermedad que existe, es una enfermedad de verdad.

—¿Qué le dirías a la gente que tiene depresión?

—Les digo: "Acá tenés un amigo. Alguien que te apoya, que te entiende". Y la mayoría de la gente que no lo ha pasado, que no lo ha sufrido, no lo va a entender. Piensan que es una elección propia. Recordarles que están acá por algo, que el mundo los necesita. Que estoy dispuesto a cambiar esa conversación. Estoy dispuesto a hablarlo públicamente con orgullo, y no me da vergüenza hablar de nada. Mi hermano… es más, mi hermano creo que es la persona más fuerte que conocí en mi vida. De a poquito lo vamos a cambiar. Yo pongo la cara por toda la gente que lo está sufriendo.

—¿Cómo manejó el tema tu familia?

—Vamos el día a día, y unidos y hablándolo. Mi padre se está involucrando mucho tratando de ayudar a gente que sufre depresión. Y también tratando de ayudar a la gente que no tiene las herramientas necesarias para ayudar a los que tienen depresión. Muchas veces la gente se desespera y dice: "Ya no sé qué hacer con este chico…", y viene de no tener las herramientas y la educación de cómo tratar con esta persona, de cómo escucharla. También invito a la gente que no sufre de depresión a educarse un poco más para obtener un mejor modo de comunicación con la gente que sí sufre.

—¿Cuál es tu estado sentimental actual?

—Las cosas se dan cuando se dan, mucho análisis no hay. Creo que todo el mundo busca amor. Ahora, también existen otros tipos de amores que tienen el mismo valor y, lamentablemente, en la sociedad tendemos a juzgar a una persona si está soltera o no tiene hijos o no está casada. Es como que está fallada. Hay otros amores que son igual de importantes e intensos, que son los amores de los amigos, de las amigas, de la familia, conexiones que van más allá de la superficie.

—Pero no respondés la pregunta…

—La verdad, no vivo mi día pensando cuándo me voy a casar, cuándo… Me queda muy claro que voy a ser padre, eso me queda clarísimo. Ahora, si tengo que ser padre por mi cuenta y adoptar, lo voy a hacer. Si me enamoro, bienvenido sea. Pero no enfoco mi vida en eso, y nunca tuve que estar en pareja para sentirme pleno y valorado.

—¿Cómo manejás el tema de las críticas?

—Me encanta. El arte produce emociones, sean las que sean. Sí, todas son válidas. Me encanta hacer una obra de teatro y que alguien se enoje, que alguien haga un cambio en su vida por mi trabajo. Mi responsabilidad es elevar la condición humana para poder trascender. Entonces, es mostrarle un espejo a la sociedad.

—Cuando te levantás a la mañana, ¿qué es lo primero que pensás, o lo primero que hacés?

—Mate. Mate. Antes de lavarme los dientes, pongo el agua para el mate.

Ignacio Serricchio y el infaltable mate, que también lleva al set de filmación (Instagram)
Ignacio Serricchio y el infaltable mate, que también lleva al set de filmación (Instagram)

—¿Te acordás qué día sentiste que te recibiste de actor?

—No. Todos los días busco algo nuevo. Es una bestia que tengo adentro, y debo alimentar, como un animal al que tengo que darle de comer todos los días porque de lo contrario, se enoja. Entonces, para mí es seguir… y todos los días…

—¿Cuál fue el mejor día de tu vida?

—Hay muchísimos, pero creo que el día que nació mi hermano está ahí arriba.

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