
A quienes crecimos viendo Chiquititas, Ro (como la llamaban sus íntimos) nos marcó la infancia, literalmente. ¿O existe alguien que haya crecido en los 90 que pueda decir que su presencia en la televisión y el teatro pasó inadvertida?
Lejos de ostentar su condición de "hija de…", Romina Yan supo ganarse el corazón de todos nosotros, sus admiradores, sus chiquititos.

De hecho, a excepción de Cris Morena, nadie en la producción de Jugate conmigo (el programa donde debutó) sabía quiénes eran sus padres. La hija de Gustavo Yankelevih pasó el casting como una joven más.
A base de talento y ese ángel con el que nacen unos pocos privilegiados, Ro conquistó a su público, el infanto–juvenil, audiencia difícil sí las hay. Incluso hoy, después de dos décadas, no existe ficción que se recuerde con tanto cariño como Chiquititas. Imposible haber vivido esa época y que no se te escape una lágrima al pensarla…
Pero, ¿cómo lo hizo? Sus canciones fueron una parte importante. "Corazón con agujeritos", "Volar mejor", "Penitas": nadie resultaba ajeno a esos temas que sonaban en todos lados. Su indudable talento para la actuación, hizo el resto. Y más allá de las cuatro exitosas temporadas al frente de Chiquititas, su química con Damián De Santo en Amor mío y B&B la llevaron a conquistar un público masivo.
Pero Romina no era sólo lo que se veía en la televisión. No son pocos los que destacan su compañerismo y compromiso con los demás. Su imborrable sonrisa, casi una marca registrada. No en vano sus padres la llaman "ser de luz". Y escribo en presente porque, más allá de su desaparición física, Romina siempre, de alguna manera, va a estar viva en todos los que tuvimos la suerte de disfrutar su paso por esta vida terrenal.
Por siempre… VIVE RO.

Por Sofía Della Bernardina
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