"Hace un par de años en Mar del Plata perdí todos mis ahorros porque me endeudé muchísimo". Flavio Mendoza recuerda que en ese momento presentaba Stravaganza en la Costa, y en Carlos Paz, Stravaganza Tango. "No es que me fue mal, pero tengo una cantidad de gastos muy grandes", aclara el director de Siddharta, que vuelve a apostar a lo grande con 42 personas en escena, un banda de 10 integrantes y un equipo técnico compuesto por 30 personas.

"En estos últimos años la gente siempre me acompañó, y me arriesgo, pero sé que la gente va a venir porque sabe que es una marca. Lo estoy notando ahora también en la taquilla: debutamos con una muy buena venta", se ilusiona el flamante papá de Dionisio, que sin embargo le huye a los números y se vuelca en la parte creativa. "Nunca me gustó, tal es así que mi plata la maneja mi hermana, Patricia; yo no sé firmar un cheque. Ya soy un padre y semejante grandote, y le sigo pidiendo a mi hermana: 'Che, dame plata que no tengo'. No es que yo voy a mi cuenta".

—Ella también maneja tus finanzas personales.

—Exacto. Y también gracias a eso hoy tengo lo que tengo porque capaz que hubiera puesto todo en el show, o alguien me pide y yo trato de dar.

Flavio Mendoza en el péndulo de Siddartha, una de las atracciones de su nuevo espectáculo (Foto Instagram)
Flavio Mendoza en el péndulo de Siddartha, una de las atracciones de su nuevo espectáculo (Foto Instagram)

Siddharta habla de la búsqueda del destino, de la búsqueda de la verdad, del recorrido de cada uno, y creo que eso te representa mucho.

—Yo soy un eterno buscador: busco y busco, no sé si la verdad, sino la felicidad. Me pasó con el tema del nene, en una época con esta cosa de ser gay vos decís: "Nunca voy a tener un hijo". ¿Viste esa cosa del mandato social? Para mí era mujer – hombre – hijo. Después, cuando dije "Bueno, podría adoptar", fue muy difícil. Vino este método (subrogación de vientre) y lo tuve.

—Me fui pensando en eso y en quién eras vos hace 10 años. Hoy muy centrado en la paternidad, pero también en este empresario en el que te convertiste. No sé si eso vino de la mano de la felicidad o no, pero hubo claramente una búsqueda.

—Fue sin querer (risas). Creo que fui de los tipos que buscó todo el tiempo en su vida. No fue fácil. Nadie tiene una vida fácil, pero la mía fue bastante dura a nivel familiar, de ser nómades, de viajar, de pasar hambre, de pasar frio, de pasar necesidades, de estar viviendo en un lugar de prestado con mi familia. Tener que poner a mi abuela en un geriátrico estatal, y cada vez que iba a visitarla irme llorando, no poder comprar una docena de facturas para poder llevar ese día. Esas cosas que a mí me quedaron todo el tiempo. En estos últimos años también la muerte de mi vieja, no hace mucho, el año pasado. Hace unos meses la muerte de mi perro, que para muchas personas era muy tonto pero en mi caso, los seres que amo no tienen que ser personas solamente: amo a los animales, amo a los perros. Eso fue lo que me hizo buscar todo esto, de decir: "Me tengo que fortalecer". Soy padre ahora. Y tengo que darle felicidad a mi hijo porque es lo que pretendo y lo que voy a hacer hasta mi último suspiro: tratar de que mi hijo sea la persona más feliz del mundo.

—¿Cómo estás con Karina La Princesita y Osvaldo Laport?

—Bien, divinos, divinos. Osvaldo es un amor de persona, un tipo que te transmite una paz terrible, y Karina está así, que no sabe dónde está parada todavía, porque es como que fue todo muy nuevo. Lloró mucho, porque se sentía no capacitada. Y también creo que a Karina todo lo que le pasó con Siddharta fueron cosas del pasado, el bullying que ha tenido en su momento, por ahí parejas castradoras. La está ayudando muchísimo a Karina en lo personal también.

—¿"Parejas castradoras"? ¿Lo decís por el Kun Agüero?

—No puedo hablar yo, pero creo que Karina nunca podría haber hecho esto si estuviera con el Kun. Son hombres también que tienen una cosa muy machista con las mujeres, y capaz que no podría haber hecho este espectáculo.

—¿Cómo está la paternidad?

—Es un bombonazo. Me cambió la vida. Ahora necesito ir a mi casa enseguida. Como no lo estoy sacando todavía mucho, estoy en el teatro por algo que tengo que hacer, y por ahí en los ensayos era como que decía: "Mirá, a mí me tienen de tal hora hasta tal hora", y por ahí se pasaban y ya me empezaba a enojar y me iba. Pero porque tenía la necesidad de llegar, de verlo y de estar con él.

—¿Cuándo fue el click, en qué momento? Porque dijiste que no fue inmediato el sentirlo hijo tuyo.

—Cuando nació él, si bien lo vi, fue emocionante y todo, pero ya esa noche me tenía que quedar a dormir con el bebé y no me dejaban dormir en la cama con él, te lo dejan dormir al lado. Estuve toda la noche en vela para ver cómo estaba, si respiraba, darle la mamadera al horario que me decían. Te dan un papel donde anotás si hace pis, si hace caca: era como que estaba haciendo un examen. Así estuve los primeros 15 días, estuve alimentando a ese bebé, viendo que no le falte nada, que esté bien, y era como mi preocupación. El vínculo empezó a pasar a partir de que pasaron esos 15 días, fue re loco. Me daba hasta miedo preguntarle a mi hermana.

—¿Qué te daba miedo, preguntarle qué cosa?

Yo no sentía lo que quería sentir, eso me pasaba. Decía: "Si tanto lo busqué, tanto lo quise, tengo que llorar al verlo. Y me pasaba que estaba en un estado como estático".

Flavio Mendoza junto a Dionisio (Foto Instagram)
Flavio Mendoza junto a Dionisio (Foto Instagram)

—Cumplías con todo lo que había que hacer, no le faltaba cuidado a Dionisio, pero todavía no te sentías el papá. Los vínculos se construyen.

—Sí, creo que pasó eso. Cuando se lo dije a mi hermana que pasaron como 20 días del nacimiento, me dice: "Flavio, es re normal". Ahora no sabés: llego a casa, me escucha, y se me parte la cabeza cuando lo veo, me sonríe o me dice "Ajó", tiene dos meses recién. Y me mata, me derrite. Es re lindo. Es Mr. Magoo, ¿viste?, porque tiene carita de viejito (risas).

—Es maravilloso.

—Ay, no, lo amo.

—Bueno, en ese periodo muere tu perro. Vos venís de Estados Unidos pocos días después del nacimiento de Dionisio, y fuiste muy cuestionado por eso. ¿Hoy sentís que viajarías de nuevo o tuvo que ver con cómo estaban construyendo el vínculo, justamente?

—Viajaría porque yo creo que el que me ha criticado o cuestionado es porque no debe amar a los animales. Volvería a viajar una y otra vez por los seres que amo.

—¿Qué pasa con las críticas por la exposición de los hijos? Pasó con Dionisio, pasa mucho con Mirko, el bebé de Marley, con Matilda, la hija de Luciana Salazar. ¿Cómo las vivís?

—Hablan de mí porque si hablan de vos, a quién le importa, ¿viste? Esa frase le va bien a todos los que critican, porque es muy fácil criticar. La gente critica porque tiene que criticar y porque está al pedo. Cada vez que yo salgo del teatro veo que los papás están con los bebés y me los tiran como si fuera el Papa para sacarme una foto. O hay un programa de televisión de talentos y lo primero que quieren hacer los padres es llevar a su nene a ver si su nene sale en tele.

Flavio Mendoza junto a Dionisio (Foto Instagram)
Flavio Mendoza junto a Dionisio (Foto Instagram)

—¿Ya pensaste cómo le vas a contar a Dionisio su origen?

—Sí. Totalmente. Es más, hablé con Giselle, que es la madre subrogada, le dije que a mí me gustaría seguir teniendo un vínculo si ella quiere, me gustaría que el día de mañana pueda venir a la Argentina. Dionisio nació en Orlando, así que imaginate: para mí es un cuento porque es Disney. Y poder llevarlo y que la conozca a Gisell. Es hoy una de las mujeres de mi vida, porque fue la que llevó a mi hijo nueve meses. No es solamente lo económico; yo hubiera cobrado muchísimo si hubiera sido mamá para llevar el bebé de otra persona, ella con tres hijos, explicarle a los tres hijos. No sabés lo que fue para mí el día que me dijo: "Flavio, ¿podés a los días que nace Dionisio venir a mi habitación con él porque yo quiero despedirme con mis hijos?". Fue como una puñalada en el corazón. El nene más chiquitito tiene 4, ella todo el tiempo le dijo: "Este bebé se llama Dionisio, es de Flavio". Le mostraba fotos mías.

—Hay una cuestión altruista muy importante en las mujeres que hacen esto.

—En el caso de ella, que a mí me encantó, su marido no quería que lo hiciera, y ella tenía la necesidad porque era una mujer que había crecido, estudiado, casado, tenido hijos, pero sentía que no había hecho mucho por el mundo. Entonces una de las cosas que podía hacer era ayudar a una persona a que tenga un bebé. Y para mí, ya con sus palabras fue maravilloso.

—¿Seguís en contacto?

—Sí, nos comunicamos, le mando fotos.

—¿Tenés ayuda en tu casa?

—Sí, ahora está Marcela. Desde las 12 de la noche a las 12 del mediodía del otro día estoy totalmente solo con él porque durante la noche no quería esa cosa de que alguien esté durmiendo en otro cuarto con él. Varias personas me decían: "Tenés que tener a alguien para poder dormir un poco más tranquilo". Y les digo que no. Yo quiero darle la mamadera, quiero cambiarle el pañal, me re organicé. Lo hago con mucho placer.

—¿Ya estás pensando en otro?

Me gustaría tener cuatro, nosotros somos cuatro en mi familia. Me encantaría. Hay que ver también cómo viene todo este proceso de mi trabajo. Capaz que en un par de años, cuando él ya tenga uno o dos años.

Dionisio Mendoza
Dionisio Mendoza

—Y el amor, ¿cómo está?

—No sé qué pasa con eso. Debo ser yo. Nada. Y ahora que soy "la cajita feliz", peor, porque el que viene tiene que saber que tiene el bebé también.

—El bebé, los perros…

—Exacto. Es difícil cuando uno ya está cada vez más grande, va creciendo y se arma su historia. Me encantaría compartir, pero capaz que elegí mal también. Capaz que me cuesta encontrar esa persona o me enamoro de la persona que no me tengo que enamorar. Capaz que también busco eso. Lo fácil no me gusta. Soy complicado.

—¿Te han roto mucho el corazón?

—Me lo han roto. Pero vos sabés que en estos últimos años se me ha roto más el corazón por otras cosas, no tanto por el amor. Esa materia la superé. Aprendí que si la persona no te quiere, ¿para qué gastar tiempo en eso?

—¿Hoy te dan ganas de enamorarte o la libido y la energía están puestas absolutamente en otro lado?

—No, me encantaría. En eso soy muy Susanita, de la boca para afuera que me hago el qué sé yo, pero me encantaría estar con una persona. ¿Viste Susanita, que dice que se casa de blanco? Yo también me casaría de blanco; de traje, no de vestido.

—Atendiste un poquito a Facundo Moyano y a Fabián Cubero.

—Ay, sí. No me gusta la gente no caballera. No me gustan los hombres que no se comportan como se tienen que comportar con las mujeres. No me gustan los hombres que con tal de salir en una tapa de una revista hablan de la persona. Pero no solamente los hombres, también las mujeres. Hoy la gente está muy de querer estar con alguien para lograr otra cosa: el que tiene fama quiere poder, el que tiene poder quiere fama, el que tiene algún cargo político después quiere estar con alguien mediático para estar expuesto. Y más cuando supuestamente sos un político o haces política, tenés que ser políticamente correcto. Van a buscar esa cosa de salir con la modelo o la famosa porque sabés que vas a tener tapas de revistas. Me da vergüenza, no lo digo solamente por estas personas, lo digo por cualquiera.

—Vuelve ShowMatch.

—Sí.

—¿Vas a ser parte?

—No, no me llamaron. Estos últimos años a mí no me han llamado para ShowMatch. Siempre me llaman por ahí para alguna cosa puntual o la apertura.

—¿Es un ciclo que, para vos, ya está?

—No sé si ya está: yo creo que ya estoy para ellos más que para mí. Hay como una cosa de secta que si llegas a decir "Para mí el Bailando ya fue", "¡Ay!, qué te crees que sos". Como cuando se dijo, no sé quién había dicho: "El formato ya me quedó chico". No, nada que ver. A mí es un formato que siempre me gustó. Lo que pasa es que también hay cosas que ya no las elijo. Una cosa que no me gustó fue cuando vi al delincuente del Gigoló (Javier Bazterrica) en el programa. Y por ahí, en el medio te ponen en la lista negra porque dijiste que no te gustó. Es mucho más honesto decir cuándo no te gusta algo, por más que sea Marcelo Tinelli. Porque Marcelo Tinelli es una persona tal cual cualquiera de nosotros. Un exitoso de la televisión y está genial, pero si comete cosas que están mal, ¿por qué no hay que decirlas? Si yo te lo digo de un político, ¿por qué no puedo decirlo de él? Si de mí se dicen cosas que no están bien mías, y me las hacen ver y tengo… ¿Por qué yo no puedo decir?

—¿Y ahí sentís que se enojan?

—Y… se enojan, sí. No les gusta. En toda empresa pasa eso: "Vos tenés que decir que acá es lo mejor, que esto, que lo otro". Fijate que toda la gente que trabaja en ShowMatch, o te lo pongo en mi lugar, en el teatro, de mí dicen: "Es lo mejor". Un poco lo tenés que hacer. Yo no entro mucho en esa.

—¿Estás al tanto de la denuncia pública que hizo Valeria Bertuccelli contra Ricardo Darín? Cada vez aparecen más situaciones de ese tipo. ¿Te sigue sorprendiendo o menos?

—Yo creo que menos. Las cosas hay que decirlas. Yo, ponele, no puedo decir que soy un santo ensayando: tengo un carácter de mierda ensayando, re puteo. Y así como puteo después termino diciendo: "Che, disculpen". No es que lo hago personal, puteo como que puteo al Universo. Para hacer este espectáculo he tenido que ponerme un día pero mal, mal, tuve que putear a todo el mundo, y después te tildan de loco, pero no es que soy loco, soy un profesional de lo mío y quiero que todo el mundo que me rodea trabaje de la misma forma.

—¿Pero sabés frenar en un momento y pedir disculpas?

—Sí, sí. Capaz que no en ese momento. Al rato te pido disculpas, o al otro día o lo escribo en el chat. Soy buena gente. Yo creo que eso es lo primordial en cualquier aspecto de la vida: ser buena gente. Y si la gente te conoce un poco te das cuenta que tenés esos momentos de locura, pero que sos buena gente.

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