La vuelta de "Viejas Locas", una noche frustrada y ardiente sin rock en Tucumán

El controvertido líder de la banda Cristina "Pity" Álvarez llegó 7 horas tarde al recital, desatando la furia de quienes habían pagado $800 por la entrada

(TUCUMÁN) De la vuelta de Cristian "Pity" Álvarez a los escenarios sólo ha quedado la postal decadente y difusa de un hombre envuelto en la bruma gris que despide una pira donde arden los equipos de sonido. Ese hombre que supo ser uno de los referentes de nuestro rock, y ahora camina errático y reparte besos en un gesto de amor no correspondido. Sobre él llueven latas de cervezas y otros objetos que surcan la atmósfera viciada. También los insultos de una muchedumbre enardecida que apenas un par de horas antes vivaba su nombre. Se agacha para intentar acercarse a la gente que bulle abajo suyo, pero uno de los encargados de seguridad lo toma por debajo de las axilas y lo levanta como a una marioneta. Abajo silban y le gritan: "¡hijo de puta!", "¡garca!", "¡no vuelvas más, culiao!". Pity Álvarez es un hombre solo arriba de un escenario. Y sólo un hombre cuya imagen se desdibuja entre el humo, minutos antes de que un grupo de personas copara el escenario y arrasara con lo que había quedado ahí arriba.

La del sábado a la noche en Tucumán pintaba para ser una fiesta memorable de rock. Desde la tarde temprano, la zona del Parque 9 de Julio que se extiende frente al Club Argentinos del Norte, donde era el recital, se fue copando de colectivos y combis que llegaron desde distintos puntos del país: Buenos Aires, Jujuy, Salta, La Rioja y Córdoba, entre otros. La atmósfera pronto comenzó a teñirse con el humo de los puestos de choripán y de las parrillas de los asados que se cocinaban en las previas que se habían armado en un camping del parque. Hacia la noche, cuando se acercaba la hora del show previsto para las 23, el clima era de una ansiedad festiva. Alrededor de 10.000 personas, entre las que se mezclaban stones old school, rolingas juveniles, rockeros y curiosos de todo tipo, se habían reunido para presenciar lo que podía significar uno de esos momentos épicos para el género: la vuelta de "Pity" Álvarez, uno de los viejos baluartes del rock, junto a su popular banda Viejas Locas tras casi dos años fuera de los escenarios.

En las horas previas al recital ya existía cierto clima de incertidumbre. Por la mañana, los organizadores tuvieron que salir a desmentir la suspensión del espectáculo debido a un pedido de clausura que pesaba sobre el estadio. "El show no se puede detener y la Municipalidad así lo entiende. La banda está en Tucumán, sólo falta que llegue Pity", había anunciado el productor Lucas Salinas al diario local La Gaceta. En principio, su llegada estaba prevista para la siesta y todo parecía listo para el mentado regreso del cantante junto a su banda.

Meses atrás, el artista había llegado a la provincia para recorrer el predio del show. En esa ocasión él mismo escribió con grandes letras negras en una de las paredes del estadio el siguiente mensaje: "Viejas Locas, 7 de abril acá. No voy a manejarte tu tiempo, pero si venís, no te arrepentirás".

Con ese contexto de creciente expectativa como preludio, el público que colmó el campo del club Argentinos del Norte esperó el inicio del show mientras bailaba con la música del DJ. Todavía el clima era el de una fiesta masiva pocas veces vista en la provincia. Pero el correr de las horas sin noticias de la banda empezó a mellar los ánimos: algunos buscaban un claro un el césped para sentarse o un lugar en las tribunas. Comenzaron a circular también algunos rumores que decían que el Pity no había partido todavía desde Buenos Aires. Todo era incertidumbre.

Recién a las 1.30 de la madrugada hubo señales de vida del cantante: un vídeo que se transmitió desde las pantallas gigantes al costado del escenario en el que Pity, precedido por una placa roja al estilo Crónica TV, anunciaba: "Chicos, tuve un gravísimo problema. Se los puedo contar en un ratito, puedo llegar en una hora y media, estoy en Buenos Aires yéndome en un avión privado".  El mensaje fue recibido por el público con resignación y esperanza. Sin embargo, todo parece indicar que alrededor de las dos de la mañana el músico continuaba en la localidad de Lugano.

Eran alrededor de las cinco de la mañana y los signos de cansancio y de fastidio eran evidentes en los rostros de los espectadores que habían pagado $800 por su entrada, muchos de los cuales habían viajado largas horas para estar presentes esa noche que se había hecho ya demasiado larga en la espera. Minutos antes, un vehículo había entrado al predio y en las pantallas se difundió el mensaje de que en diez minutos la banda estaría tocando.

Pasaron muchos más que diez minutos y nada. Sólo sombras en movimiento que se percibían detrás de la tela blanca que hacía de telón. Algunos sonidos aislados de instrumentos, pero ni un solo acorde. Entonces las luces del escenario, de pronto, se apagaron. Ante la certeza de que no habría show, la bronca se trasladó primero a la torre de sonido ubicada frente al escenario que comenzó a tambalear sacudida por la gente. Mientras los técnicos abandonaban el mangrullo, algunos espectadores comenzaron a subirse para, desde ahí, arrojar las consolas y todo lo que encontraban. Algunos equipos fueron a parar a una hoguera que comenzaba a crecer en medio del predio. Otros fueron saqueados.

Mientras el caos se apoderaba del campo, en el escenario asomaba Pity Álvarez, pero ya era demasiado tarde.

Los momentos de mayor tensión se vivieron cuando un grupo de personas se subió al escenario y comenzó a tironear de la gran tela que hacía de telón. El movimiento hizo tambalear a toda la estructura de las luces que se balanceaban peligrosamente sobre sus cabezas. El ambiente se tornó caótico y la reminiscencia a la tragedia de Cromagnon inevitable: las llamas creciendo, la nube de humo y el desconcierto del público. Pero todo quedó ahí.

Poco a poco, la gente comenzó a evacuar el predio masticando bronca. Ya en la calle, muchos adolescentes rompían sus entradas y volvían con las cabezas gachas hacia los colectivos que los esperaban para volver. La ilusión de ver a Viejas Locas, con la vuelta de Pity Álvarez y la inclusión del baterista Fernando Samalea a la formación, había terminado.

Hasta el momento no ha habido ninguna comunicación oficial de parte de los organizadores del espectáculo. No se sabe cuándo y cómo devolverán el dinero de las entradas, ni quién se hará cargo de los destrozos que sufrieron los equipos, cuyas pérdidas estiman en alrededor de 400.000 dólares.

Tampoco se sabe cuáles fueron los motivos reales de la demora del arribo del cantante a la provincia ni cómo seguirá ahora la carrera de Pity Álvarez tras esa última imagen que lo muestra, parafraseando a Osvaldo Soriano: triste, solitario y final.

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