"Me atraen los desafíos y se ve que yo los atraigo a ellos", dice Michel Noher, que ya grabó en portugués, se animó a cantar en el teatro, y habla íntegramente en francés en su último trabajo. "No nos conformamos con poner la cara", explica el actor que no reniega de las tiras televisivas pero que en sus trabajos siempre busca superarse.

Todo lo que veo es mío fue un proyecto muy esperado, pero cuando finalmente estaba todo listo para filmar, Michel acababa de ser papá de Antón junto a Celeste Cid, en octubre de 2016. Y entonces sus directores, Mariano Halperín y Román Podolski, lo esperaron: "Tuvieron la generosidad y el interés de que yo estuviera como para mover las fechas. Terminamos filmando en febrero de este año".

Así, el filme se convirtió en la primera película que protagonizó ya siendo padre. "Es interesante porque justo estoy interpretando a Marcel Duchamp, un tipo que nunca tuvo hijos. Un negado de la familia", reflexiona sobre el artista francés que en 1919 pasó un año en Buenos Aires, escapando de la guerra: "A partir de cartas que él mandó a sus familiares se desarrolla esta película que trabaja sobre el misterio, porque en realidad no se sabe mucho sobre lo que hizo Duchamp acá".

—Es interesante el recurso de las cartas. ¿Cómo te llevas con el lenguaje escrito?

—Para mí es fundamental escribir. Lo hago a modo de catarsis. De más joven lo hacía con fines poéticos o después, cuando hice radio, para escribir sobre lo que iba a hablar. La lectura y la escritura están presentes siempre en mi vida.

—A tus afectos les escribís?

—Sí.

—Te podés sentar a escribir una carta de amor.

—Sí. Y de desamor también.

Soy una persona bastante de poner la cara y el cuerpo en las situaciones

—¿Te has separado por carta?

—No, porque siempre vivimos cerca, y ya tenes el WhatsApp, que para separarte es mucho más fácil que la carta (risas).

—¿Sos de los que dejan por WhatsApp?

—"Disculpá, ¿sabés que me doy cuenta que lo nuestro no puede funcionar?", y bloquea. ¡Terrible! No, soy una persona bastante de poner la cara y el cuerpo en las situaciones.

—¿La carta de amor, que es más linda, es algo que sucede seguido?

—Sí. O de cumpleaños. Me gusta recibirlo y me gusta también poder darlo.

—¿A tu hijo le escribís?

—No, todavía no. Es interesante, quizás empiece a hacerlo.

—¿Cómo elegís los proyectos?

—Por lo que siento. Es muy loco: a lo largo de mi carrera me ha pasado de decirle no a cosas que en mi cabeza sentía que eran perfectas. Económicamente te cierran y de golpe hay algo en las entrañas, en este segundo cerebro, que es más instintivo, más primitivo, que te dice "No". ¿Y cómo no oír eso?

—¿Las que cuestan son en las que hay mucho dinero, pero son muy comerciales?

—O no necesariamente. No tiene que ver por lo comercial o no comercial. No estoy en contra de lo popular.

—No renegás de la tira del prime time.

—No, en lo más mínimo. "Amar después de amar" la disfruté muchísimo, "Sos mi vida" también. No reniego de eso. Tiene que ver más con una sensación de decir: "Che, ¿acá voy a poder aportar algo? ¿Me imagino defendiendo este proyecto o no?".

—¿Qué pasa si te ofrecen una fortuna para que vayas con Celeste a "Showmatch", por ejemplo?

—La respuesta es muy fácil porque ya se lo ofrecieron a ella y dijo que no, así que ya está dada (risas). No me imagino para nada haciendo eso.

—¿Qué no te voy a ver haciendo nunca?

—Espero que no me veas nunca haciendo algo en lo que no crea.

Michel Noher con su hijo Antón
Michel Noher con su hijo Antón

—¿Qué es lo mejor y lo peor de la carrera?

—Lo mejor es poder explorar en otras mentes y otras almas. Poder entrar ahí y jugar a ser otros.

—¿Y lo peor?

—Tiene varias cosas difíciles. De base, una dificultad de la profesión es la inconstancia. De pronto estás trabajando muchísimo y no parás, y de pronto tenés dos meses en que no sabés qué va a pasar.

—¿Angustia?

—Sí. Y al mismo tiempo fascina porque puede pasar cualquier cosa. Yo no me imagino estando durante cinco años sabiendo cómo va a ser y yendo todos los días en el mismo horario. Los momentos en los que estuve en tiras más largas llegando al final había una cosa de decir: "Bueno, listo, que termine, que vamos a otra cosa". Otra cosa difícil es esto de la exposición. Uno está trabajando con los propios sentimientos, con el propio cuerpo, y eso tiene su dificultad también.

—¿Qué pasa con los personajes cuando se termina el proyecto?

—Hay un luto siempre. Hay una cosa que de golpe se va drenando una adrenalina. Te lo digo y me emociono, me pasa algo de eso. Se crea algo ahí, y es difícil dejar ir todo lo que uno crea…

Junto a su mujer, Celeste Cid, y su hijo se muestran felices y enamorados en las redes sociales.
Junto a su mujer, Celeste Cid, y su hijo se muestran felices y enamorados en las redes sociales.

—De la paternidad, ¿ya entendés bastante?

—Descubro cada día.

—¿Sos el papá que imaginabas que ibas a ser?

—Creo que sí. Me gusta mucho, lo disfruto. Ahora me pasó que me fui a filmar y lo extrañé un montón, el reencuentro fue hermoso.

—¿Te fuiste después de su cumpleaños?

—El día después del cumpleaños, que fue una lucha tremenda con la productora porque querían que me fuera una semana antes, finalmente por suerte entendieron y pude quedarme, fue hermoso.

—Se te escucha priorizando mucho la paternidad, cuando tuviste que correr una película la corriste, cuando tuviste que negociar viajar unos días después lo hiciste…

—Bueno, es un ser humano que depende de vos. No hay mucha vuelta que darle.

—Cuando se los ve en las redes con Celeste es para traerse a la familia entera y ponerlos en la mesita de luz, así enamorados como se los ve.

—Eso es porque no están en casa, las redes son una pantalla (risas).

—¿Un año después de la paternidad seguís igual de enamorado de tu mujer?

—Sí. Más. Veo plasmado todo eso que yo imaginaba en ella como madre. La verdad que es una gran madre.

—¿Y Antón cómo es?

—Lo más.

—¿A quién se parece?

—Físicamente dicen que se parece más a mí, o una mezcla. Es raro que digan que se parece más a ella. Es divino, es muy simpático y tiene mucho carácter, que cada vez se le va viendo más.

—¿Quién de los dos tiene más carácter?

—¿Quién no?

—¿Los dos son bravos?

—Tenemos nuestros límites, nuestras cosas. Mi hijo es amoroso, es puro amor, sin embargo sabe las cosas que le gustan y las cosas que no. Una cosa no quita a la otra. Jesucristo era un tipo que hablaba del amor plenamente y sin embargo no tenía ningún problema en andar tirando piedras contra los mercaderes. No creo que una cosa quite la otra. Y Antón es bastante actor, lamentablemente es bastante actor.

—¿Preferís que haga una carrera afuera de la actuación?

—Que haga lo que quiera. Obvio que yo prefiero que haga algo distinto porque también me va a nutrir de algo distinto. Tratamos de dejarlo lo más limpio posible para que él después pueda tomar sus propias decisiones.

A un año de ser padres, Michel Noher asegura estar más enamorado que nunca de Celeste Cid
A un año de ser padres, Michel Noher asegura estar más enamorado que nunca de Celeste Cid

—¿Cómo se organizan trabajando los dos? Celeste está a full, en un gran momento.

—A full. Este tiempo que yo no estuve, debió cargarse todo al hombro, y le agradezco por haberlo hecho. Obviamente tenemos una niñera que es una genia total.

—¿Y se bancó bien que te fueras?

—Bueno, no entremos en ese tipo de intimidades (risas). Son temas sensibles.

—¿Y el hermano mayor, André, el hijo de Celeste y Emmanuel Horvilleur, cómo es?

—André hermano mayor es alucinante porque tiene una súper relación. Antón es fan de André. Todo el tiempo cuando él no está en la casa se mete en el cuarto a buscar sus cosas y cuando llega lo persigue. Después André va y lo molesta entonces él se lo saca de encima. Yo no tengo hermanos entonces para mí es fascinante ver cómo es una relación de hermanos.

—¿Querés tener más hijos?

—No sé, pará, todavía estoy entrando en esta.

—Si pienso en todas las variables, éste es un gran momento en tu vida, ¿no?

—Sí, sí, un momento fascinante. De mucho crecimiento. De mucho repreguntarse cosas. Hace unos años vengo sintiendo una cosa de descubrimiento constante, desde que tuve la oportunidad de irme a Brasil a trabajar.

—¿Extrañás algo de la vida en Brasil?

—Sí, la playa. Vivir frente al mar.

—¿Estabas soltero cuando estabas en Brasil?

—Estaba soltero, sí, pero de eso no extraño nada. Lo que extraño es el mar.

Michel Noher interpretando a Marcel Duchamp en su última película
Michel Noher interpretando a Marcel Duchamp en su última película

—¿Qué proyectos vienen?

—Viene un gran signo de pregunta en principio porque hay dos películas que tengo para el 2018 que dentro de las circunstancias del INCAA no sé si se podrán hacer o no. Después hay un proyecto con mi viejo (Jean Pierre Noher) para el Centro Cultural San Martín. Es una obra brasilera, un unipersonal que se hace allá hace bastantes años y es muy interesante. Tiene que ver con la paternidad, se llama "El hijo eterno" y es un hombre que tiene un hijo down en los 80, donde se sabía todavía bastante menos de lo que se sabe ahora. Se hablaba de mogólicos, de hecho. Y a los chicos, estoy generalizando, en general se los guardaba en las casas, era algo avergonzante. Habla del proceso de este hombre que llega a la clínica con la felicidad de que va a tener un hijo y de pronto se entera que ese hijo es Down, con todos sus propios prejuicios. No es liviana porque te hace pensar, pero tiene una buena cuota de humor y sobre todo mucha humanidad.

—Más allá de que transurra en los 80 tiene mucha actualidad también.

—Bueno, el prejuicio es algo que nos acompaña desde siempre. Uno puede poner el caso del down pero puede ser cualquier otra cosa: un inmigrante, alguien que piensa distinto a uno. Se está empobreciendo la capacidad de pensar. Lo que nos lleva a pensar mejor es el saber cómo piensa el otro, eso es lo único que nos hace mejores personas y mejores en nuestra inteligencia y pensamiento. El pensamiento ajeno; el propio ya lo tenemos.

—¿Qué nos pasa? ¿Nos cuesta escucharnos?

—No nos escuchamos. Ojalá no nos costase, porque si nos costase sería un intento. No nos escuchamos. "Ah, vos pensás distinto". Ya está.

—¿Cómo estás viendo el país?

—Acabo de volver. Los dos meses que estuve trabajando fueron muy intensos y estuve bastante desconectado más allá de grandes titulares que ocurrieron en este tiempo, que son inevitables. Lo que noté es cómo subieron los precios. Un paquete de pañales que me costaba $ 154 cuando me fui, y ahora está $ 183. ¡Y son pañales! Es algo básico: no es que me subió el precio de un Alfa Romeo, me subió el precio del pañal.

—¿Qué mirada tenés de los últimos sucesos que se vivieron esta semana?

—Lo que veo es un divorcio cada vez mayor entre lo que se profesa y lo que se hace. Lo discursivo va por un lugar y lo fáctico por otro distinto. Se habla de paz y se genera violencia, se habla de cuidar los derechos y se va contra esos mismos derechos que se dice cuidar. Estamos entrando en una especie de realismo mágico desde lo discursivo, donde todo está bien, estamos abiertos al dialogo, pero después nada de lo que digas me va a hacer cambiar de opinión y nada de lo que pase fuera del recinto del Congreso va a hacer cambiar algo de lo que ocurra adentro. Es un divorcio entre la sociedad y la clase gobernante. El realismo mágico en la literatura es una cosa hermosa y que ha dado muy buenos frutos, pero no creo que sea algo que lleve a muy buen puerto a un país.

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