Edmundo Rivero, Cacho Castaña, Ciro Pertusi y Gustavo Cordera
Edmundo Rivero, Cacho Castaña, Ciro Pertusi y Gustavo Cordera

Formado en 1989, Café Tacvba debe agradecer su éxito inicial a Ingrata: esa canción los afianzó en México, su país de origen, pero los descubrió en el resto de América Latina. Ocurrió allá lejos, en 1994, época donde los medios de comunicación todavía informaban el asesinato de una mujer en manos de un hombre -esposo, amante, ex pareja: daba igual- amparados en el eufemismo de un "crimen pasional".

Y de eso se trata Ingrata, donde al ritmo de una melodía muy pegadiza el cantante Rubén Albarrán se despacha con un…

Ingrata, qué no ves que estoy sufriendo
Por favor hoy no me digas que sin mí te estás muriendo
Que tus lágrimas son falsas
Tú desprecias mis palabras y mis besos
Pues si quiero hacerte daño, solo falta que yo quiera
Lastimarte y humillarte (…).

Por eso ahora tendré que obsequiarte
Un par de balazos pa' que te duela
Y aunque estoy triste por ya no tenerte
Voy a estar contigo en tu funeral.

En el marco de su proyecto solista, Albarrán se presentó este fin de semana en Rosario. No cantó Ingrata. Tampoco lo hará la próxima vez que se presente con Café Tacvba: ya no sonará en vivo. Así lo decidió junto a sus compañeros hace unos meses, y no por renegar de su canción emblema, ni por considerar que no la necesitan después de más de dos décadas de hits. Se trata del reconocimiento de un profundo error.

"Éramos bien jóvenes cuando se compuso y no estábamos sensibilizados con esa problemática (en referencia al femicidio) como ahora todos sí lo estamos -se justificó el músico-. Mucha gente dirá que es sólo una canción pero las canciones son la cultura, y esa cultura (el sometimiento del cual habla Ingrata) es la que hace que ciertas personas se sientan con el poder de agredir, de hacer daño, de lo que sea". En su página de Facebook el grupo amplió: "Para nosotros las mujeres siempre son dignas de mucho respeto, amor y cuidado". El mea culpa había llegado.

Esto en México. Y por casa, ¿cómo andamos? ¿O qué suena, qué escuchamos, qué cantamos? La música nacional está atravesada -en sus distintos géneros- por una instigación manifiesta a la violencia de género. Pueden ser excepciones, quizás. O claras evidencias de un machismo solapado, y de su legitimación, según se mire.

El mismo tango que en sus inicios se bailaba entre hombres encuentra un ejemplo (no el único) en AmablementeEdmundo Rivero le puso música y prestó su voz a la letra de Iván Diez, que narra la historia de un varón que sorprende a su mujer con un amante. Tras indultar "al gavilán" porque "el hombre no es culpable en estos casos", se queda "solo con la mina" y le pide: "Cebame un par de mates, Catalina".

La escena cotidiana, como tristemente ha sucedido -y sucederá- en miles de hogares, concluye de la peor manera. Canta Rivero:

Y luego, besuqueándole la frente,
con gran tranquilidad, amablemente,
le fajó treinta y cuatro puñaladas.

Chán, chán…

Hombre de tango, Chacho Castaña es la esencia del porteño "atorrante, travieso y aventurero", y por decantación, "un romántico canalla con fama de mujeriego". Poeta con empedrado, ha creado mejores imágenes que las que vuelca en una de sus canciones más conocidas, y más tarareadas:

Si te agarro con otro te mato, 
Te doy una paliza y después me escapo.

Dicen que yo soy violento,
Pero no te olvides que yo no soy lento.

Dicen que soy absorbente, 
Porque siempre quiero tenerte presente. 

Dicen que soy aburrido
Porque no me gusta que tengas amigos,
Que llegan de madrugada, 
Y como son amigos, que no pasa nada.

Quiso el destino que Cacho, en su propia vida amorosa, hiciera una síntesis entre la canción de Rivero y la suya. En la década del 70 mantuvo un amorío clandestino con Susana Giménez. Y una noche debió salir de una casa del barrio Los Troncos, en Mar del Plata, escondido en el baúl de un auto. ¿De qué huía? De los puños de Carlos Monzón. "Me quería matar…", reconoció Castaña mucho tiempo después, a sabiendas de que el boxeador santafecino no perdonaría a este "gavilán".

Otra vez el destino, y las coincidencias nefastas. Monzón -uno de los mejores deportistas de la historia- fue condenado a once años de cárcel por asesinar a Alicia Muñiz en un chalet de aquella ciudad balnearia, en junio de 1989. Más de una década después Bersuit Vergarabat lo reivindicaría en una canción con título emblemático: La argentinidad al palo.

Locatti, Barreda, Monzón,
Y Cordera también,
matan por amor.

Fue compuesta en 2003, cuando el eufemismo del crimen pasional todavía gozaba de plena vigencia. Locatti, Barreda y Monzón, ¿eran asesinos? Para la Bersuit, más bien justicieros amorosos… Gustavo Cordera, uno de los autores de la letra, no sólo los enaltecía sino que él mismo se ubicaba entre ellos. Trece años más tarde el músico, ya en su faceta en solitario, se embarró por completo en una polémica de la cual no consigue salir: "Hay mujeres que necesitan ser violadas", manifestó Codera. Y fue repudiado con razón.

No obstante, de La argentinidad al palo nunca nadie dijo gran cosa. Porque como cantaba el Pelado en una de sus estrofas: "¿Yo…? ¡Argentino!".

El humorista Alberto Locatti, la primera mención de la Bersuit, arrojó por el balcón de su casa a su esposa, Eva Cielito O'Neill, tras una encendida discusión. La mujer sobrevivió. ¿Intento de asesinato? Sí, ¡por supuesto! Y lo fue para la Justicia, que lo condenó. Pero el imaginario popular lo asimiló con sorna, y fue una broma de café antes que un caso testigo de violencia de género: pocos le dieron al hecho la gravedad que ameritaba.

Con Ricardo Barreda fue distinto. ¿O no tanto? En 1992 este dentista de La Plata asesinó a su esposa, su suegra y sus dos hijas, en un episodio que conmocionó al país. Pero no faltaron las bromas y hasta las voces de apoyo, como la Bersuit, lo dicho. Y también Attaque 77, quien le dedicó un tema en la voz de Ciro Pertusi. De este modo comienza Barreda's way: "Usted, que analiza mi vida, y que opina lo que hubiera hecho en mi lugar…". Contemporáneo a La argentinidad al palo, así culmina:

Siempre me decían "conchita",
Me trataban como mierda sin razón en mi hogar…

Pero un día me cansé de esperar,
Ya no quería seguir volviéndome insano.
Se burlaron de mí y ahí no más les disparé…
Si volviera a nacer lo habría intentado otra vez.

Sometidos por Morgan, agrupación del cantante Pablo Marchetti (el esposo de la legisladora Victoria Donda), también tiene su Cumbia del odontólogo. A mediados de los 90 alcanzó cierta fama esa canción que varios críticos definieron como políticamente incorrecta, cuando no, simple parodia…

Pero pusiste tu sello, 
Y las pasaste a degüello.
Agarraste la escopeta, 
Y las hiciste boleta.
Experto en dentaduras, 
Y en minas que se ponen duras,
No te arrepentís de nada
Sos el héroe de la jornada.

Ya dejando la figura de Barreda, el folclore aporta lo suyo con los jujeños Los Tekis, quienes en Soltame Carnaval (2009) desechan cualquier metáfora:

Acaso porque soy pobre tú no me vas a querer (…), 
Y también vas a sufrir,
Y también vas a llorar, 
Algún día pagarás,
Todo lo que le has hecho a mi pobre corazón. 

Qué le voy a hacer a esa mujer, 
Qué le voy a hacer, la voy a matar, la voy a matar (…),
Soy soltero y hago lo que quiero, 
Soy soltero y hago lo que quiero.

Hoy, la canción no es la misma. En la televisión se habla con frecuencia de violencia de género, aunque no habrá ni un solo conductor de noticiero que presente un "crimen pasional". Ciudades de toda la Argentina ven sus calles colmadas en cada edición de la marcha #NiUnaMenos. Y para escuchar Ingrata es necesario recurrir a un viejo CD.

Porque algo ha cambiado. Aunque quién sabe por cuánto tiempo más se escucharán los bises de aquellos temas. Y resonará el horror de futuros femicidios.

Hace falta mucho más que nuevas canciones.

 

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