Durante cuatro años, Teresa Donato escuchó a Ana María Massochi sin hacer demasiadas preguntas. Había confianza, vinos, charlas extensas y una historia que todavía resultaba difícil de poner en palabras: la de una mujer que había sido oficial montonera, había permanecido secuestrada y, tras sobrevivir, había logrado rehacer su vida con su hijo lejos de la Argentina.
Ana María había elegido a Teresa como confidente de esa parte desconocida de su vida. Desconocida para muchos de los que la rodeaban en ese presente en San Pablo, Brasil, donde es una prestigiosa empresaria gastronómica.
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Con el tiempo, Massochi le hizo un pedido a Donato que cambió el rumbo de ese vínculo: que escribiera su historia. Su hijo le había pedido que se la cuente pero ella no podía poner en palabras tanto horror. “Escribila, mamá”, le dijo. Y en ese momento Ana María supo que la única persona que podía ponerle voz a sus recuerdos era Teresa. De ese trabajo de entrevistas nació el libro Desaparecida dos veces y, junto al actor Dennis Smith, compartieron la autoría de la obra teatral Mi vida anterior, que lleva al escenario una experiencia atravesada por la militancia, el terror, el exilio y las marcas que deja la supervivencia.
Donato reconstruyó su pasado, en donde recogió en primera persona sus recuerdos y el peso que aquellos años todavía tienen en su vida.
En diálogo con Teleshow, la periodista, guionista y dramaturga habló del origen de la historia, del proceso compartido con Smith y de la reacción que genera un unipersonal que no busca dar respuestas sencillas. “Es una obra llena de grises, no es un panfleto, porque muestra la fragilidad de la condición humana”, dirá a lo largo de la entrevista para darle luz a todas las aristas que convergen en un solo dolor.
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—¿Cómo conociste a Ana María y cuándo empezó a aparecer su historia?
—La conocí en diciembre de 2018, en San Pablo, por un amigo en común. Enseguida hubo onda. A los pocos días, ella empezó a decirme: “Vos no tenés idea de quién soy yo”. Después me contó que había sido oficial montonera, que había estado desaparecida y que en Brasil nadie sabía nada, ni siquiera Pedro, nuestro amigo en común. Me pidió que no dijera nada. A los periodistas y escritores cuando nos cuentan una historia así se nos paran todas las antenas. Pero ella era una amiga, o una futura amiga, y yo solo escuchaba. Así estuve cuatro años.
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Donato explica que Massochi no siempre podía relatar los hechos de manera lineal y que, a veces, se incomodaba cuando le pedía precisiones. Sin embargo, con el correr de los encuentros, la autora percibió que había una necesidad de hablar de aquello que había quedado fuera de las conversaciones familiares.
—¿Cuándo te pidió que escribieras el libro?
—En 2022 me dijo que su hijo le había pedido conocer su historia, pero que no tenía coraje para escucharla en vivo porque sabía que le iba a doler mucho. Entonces le propuso: “¿Por qué no escribís un libro, mamá?”.

Ella cayó a mi casa y me dijo: “O lo escribís vos o no lo escribe nadie, porque yo de esto no hablé con nadie y por algo lo hablé con vos”. Yo nunca había escrito un libro. Venía del audiovisual, de los guiones y del periodismo, pero no de un libro. Me llevó tres años. Estuve unos dos años y medio entrevistándola, con idas y vueltas.
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—¿Cómo apareció la posibilidad de llevar toda esa narrativa al teatro?
—Una amiga me dijo que con ese material tenía que hacer una obra. Se lo conté a Dennis y me preguntó de qué se trataba. Le dije que era la historia de una oficial montonera, desaparecida, sobreviviente, que se salva porque un militar se enamora de ella. Pero tenía muchos condimentos y ella era muy interesante como personaje, también desde lo dramatúrgico.
Al principio habían pensado que una actriz encarnara a Ana. Mientras el texto avanzaba, sin embargo, Smith expresó su deseo de asumir el desafío. Donato cuenta que el material de base incluía unas 1.500 páginas de entrevistas ya editadas, de las que debieron seleccionar escenas, voces y situaciones para construir la pieza.
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—¿Cómo fue escribir Mi vida anterior entre los dos?
—La escribimos juntos. Yo no solté el libro y ni le dije “hacé lo que quieras”. Al contrario, íbamos trabajando: ‘vos hacés el hijo, yo hago la madre’; después al revés. Sumábamos cosas de un lado y del otro. Éramos muy cuidadosos: el que tocaba algo que había escrito el otro lo ponía en color y después lo debatíamos. Le pusimos mucho trabajo. La primera vez que la leímos entera, los dos nos largamos a llorar. Hacía un año que estábamos con el tema, escribiendo y reescribiendo, y aun así nos conmovió. Ahí pensamos que, si a nosotros nos pasaba eso, quizás también le podía pasar a otros.
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—Dennis interpreta a todos los personajes. ¿Qué buscaban con esa decisión?
—Él dijo algo muy importante: podía hacer de mamá, de hijo, de padre, pero quería poner al actor detrás de la obra. No quería que salieran diciendo solamente “qué bien que hace de mamá” o “qué bien que hace de papá”. La protagonista tenía que estar adelante de nuestros propios egos y de las ganas de mostrarnos. Al principio teníamos miedo de que no se notara, pero cuando la vi armada pensé que no iba a haber dudas. Hay veces que, con las obras y los libros, chocan los planetas para bien. Creo que tiene que ver con el amor y la pasión que le pusimos al material y a la historia.
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El estreno también tuvo un momento especial para Massochi. Antes de que la obra se presentara formalmente, ella había invitado a amigos y familiares que, en muchos casos, conocían apenas fragmentos de lo que le había sucedido. Su hijo sabía que había estado secuestrada y que un militar había tenido influencia en su destino, pero no conocía todos los detalles.

—¿Cómo reaccionó Ana al ver la obra?
—Vio un ensayo general. Ella ya había invitado a amigos y familiares que se iban a enterar ahí de quién había sido. Cuando hicimos un semimontado, vinieron unas 40 personas. Al final de la obra lloraban de una manera muy fuerte. Ana era como que pedía perdón. Al día siguiente, gran parte de ese grupo fue a saludar a los desaparecidos que están en el Parque de la Memoria y que tienen que ver con esta historia. Fue muy emocionante.
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—La obra no presenta a Ana como una heroína intachable ni propone una lectura cómoda
—No es un panfleto, aunque queda claro de qué lado estamos. Es, en todo caso, una pancarta gris. Lo que incomoda a los espectadores y a nosotros mismos es que no nos deja sentarnos cómodos en el lugar del héroe y generar empatía con él. Te enfrenta con tu propia miseria, con lo que uno realmente es capaz de hacer. Tenemos casi 600 mensajes en Alternativa Teatral y muchos dicen: “Me fui pensando”, “Me quedé hablando con mi pareja”, “Me quedé hablando con mi hijo”. Ana no es una heroína. Todos nuestros grises hay que bancárselos. Ni traidora ni heroína, solo una mujer que hizo lo que pudo.
La autora señala que una parte de la potencia del relato está en no simplificar las decisiones tomadas bajo condiciones de violencia y cautiverio. Massochi estuvo casi ocho meses secuestrada sobreviviendo literalmente en un pozo, con torturas y violaciones. En un segmento de la obra, la protagonista - interpretada por Dennis- relata que cuando el torturador la sacaba de ese pozo para abusar de ella, “al menos ligaba una ducha tibia”. Ese temor continuó aun cuando logró rehacer su vida en Brasil.
—¿Qué fue lo más difícil de contar?
—Hay cosas que hicimos con mucho miedo y mucho respeto. En un momento aparece una frase sobre no saber si algo era placer o asco, pero también sobre que era lo único parecido a la vida que había en ese lugar. ¿Cómo se juzga a alguien que atravesó esos horrores? Todavía se piensa que los sobrevivientes son traidores, como si hubieran elegido lo que les pasó. Y no. Nadie levanta la mano para decir que quiere que lo elijan, que lo torturen o que lo violen. Hay que entender el horror vivido en carne propia.
—¿En qué estás trabajando ahora?
—El 2 de octubre estrena Puta madre, un biodrama que escribí con Carolina Fernández. Es la historia real de una madre que tiene un hijo detenido por drogas y de todas las preguntas y la vida que atraviesa una mamá con la tristeza de la adicción de su hijo: querer verlo libre y sano, y que sus ilusiones se estrellen contra el piso. En este caso, ella está en escena y el hijo aparece grabado desde el penal. La escribimos juntas, basada en su experiencia y en su libro.
Mi vida anterior se puede ver el 1° de noviembre en el Teatro Argentino de La Plata, con entrada gratuita. En Buenos Aires, la temporada termina el 7 de noviembre en el Teatro Dumont 4040, los domingos a las 18. Las entradas se pueden adquirir por Alternativa Teatral.
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