Narda Lepes tiene una manera particular de hablar de cocina: lejos de las recetas que prometen resultados perfectos y de las imágenes cuidadosamente producidas para las redes sociales, reivindica una relación mucho más cotidiana con la comida. Para ella, cocinar también es probar, equivocarse, prestar atención y aprender con la práctica.
Durante su paso por Infobae a la Tarde, la cocinera conversó sobre las viandas escolares, los hábitos alimentarios y la influencia de las redes sociales en la forma en que las personas piensan la comida. En ese recorrido, cuestionó la necesidad de que cada plato sea atractivo para una cámara y puso el foco en una diferencia que considera fundamental: que algo se vea bien no significa necesariamente que sea rico.
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“Un montón de la comida más rica que comí en mi vida no es linda”, sostuvo. La frase sintetiza buena parte de su mirada sobre el contenido gastronómico que circula en internet, donde muchas preparaciones están pensadas para llamar la atención antes que para ser realmente disfrutadas.
Lepes también cuestionó las recetas que se vuelven virales y que presentan determinados procedimientos como si fueran sencillos de reproducir en cualquier cocina. “Hay muchos que no son reales”, advirtió, y señaló que una preparación puede estar diseñada para verse bien en pantalla aunque el resultado final sea decepcionante.
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Para la cocinera, el problema aparece cuando mirar reemplaza a hacer. Frente a quienes sienten que no tienen habilidades para cocinar, fue tajante: “Nadie es un inepto en la cocina. No lo hiciste lo suficiente”. Su propuesta no pasa por memorizar una cantidad interminable de recetas, sino por experimentar y observar qué sucede mientras se cocina.
“Mirá menos y hacé más”, resumió. En su visión, incluso una preparación cotidiana puede convertirse en una oportunidad para aprender si se presta atención a cada paso. La cocina, explicó, tiene una dimensión inevitablemente práctica: “Es absolutamente empírica, vas y hacés”.
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Viandas sin perfección
Esa filosofía también atraviesa su mirada sobre las viandas escolares. Lepes cuestionó la presión que pueden sentir los adultos al intentar reproducir las presentaciones elaboradas que aparecen en las redes y propuso recuperar una lógica más sencilla: cocinar con lo que hay disponible y aprovechar las preparaciones que quedaron de otros días.
“Te quedó dos cucharadas de salsa de tomate, guardala”, ejemplificó. Para ella, una vianda puede resolverse con sobras, frutas, verduras, queso o cualquier otro alimento que forme parte de la comida cotidiana, sin necesidad de convertirla en una producción especial.
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También relativizó la preocupación de los padres cuando los chicos regresan del colegio con parte de la comida intacta. “Te vas a pasar igual, aunque hagas todo bien”, sostuvo. Que una vianda vuelva sin comer, explicó, no necesariamente significa que haya sido mal preparada: puede haber sido compartida, haber quedado sin tiempo o simplemente no haber sido elegida ese día.
En cuanto a la participación de los chicos en las decisiones sobre la alimentación, Lepes propuso encontrar un equilibrio. Pueden opinar y elegir algunas comidas, pero no necesariamente decidir qué se come todos los días. “A los niños no les preguntás qué quieren comer hoy. Les preguntás qué quieren comer en estos días”, explicó.
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Para las viandas que deben consumirse frías o a temperatura ambiente, su consejo también fue sencillo: pensar qué comería un adulto en esas mismas condiciones. Y para los chicos que prefieren que los alimentos no se mezclen, recomendó separar los distintos componentes dentro del recipiente, utilizando compartimentos o separadores.
Menos ultraprocesados y más comida real
La conversación también pasó por los hábitos alimentarios y el consumo de productos ultraprocesados. Lepes cuestionó la idea de que comer de manera más simple necesariamente demande mucho más tiempo y defendió la posibilidad de resolver las comidas con alimentos básicos.
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Su planteo fue concreto: “Salí del supermercado y andá a la verdulería”. En ese sentido, reivindicó la disponibilidad de frutas y verduras frescas y propuso no perder de vista las alternativas que existen fuera de los productos envasados.
También cuestionó la presencia del snack como solución automática para resolver el hambre durante el día. “El snack es un invento que tiene diez minutos. Comete una banana”, planteó. La idea, detrás de la frase, es recuperar alimentos sencillos que puedan consumirse sin depender necesariamente de un producto industrializado.
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En la misma línea, defendió el freezer como una herramienta para organizar las comidas y evitar desperdicios. Contó que suele conservar milanesas, empanadas y caldo, y que también adelanta preparaciones cuando tiene verduras de más. Un sofrito, por ejemplo, puede cocinarse de una vez, dividirse en porciones y quedar listo para utilizar en otras comidas.

La crítica a las dietas restrictivas
Lepes también cuestionó las dietas excesivamente rígidas y la repetición de menús como única forma de sostener una alimentación determinada. Su planteo fue que conocer técnicas básicas de cocina permite ampliar las posibilidades sin abandonar los objetivos nutricionales.
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En lugar de reducir la alimentación a una lista cerrada de productos, propuso pensar qué otras preparaciones pueden hacerse con los mismos alimentos y objetivos. Para ella, cocinar ofrece herramientas para evitar la monotonía y construir una relación más flexible con la comida.
Su mirada también alcanzó a la discusión sobre la Ley de Etiquetado Frontal. Lepes consideró que Argentina aprobó una normativa sólida y planteó que parte de las discusiones posteriores no deberían confundirse con debates exclusivamente nutricionales. “No confundamos negocios con debate”, sostuvo.
A lo largo de la entrevista, Narda mantuvo una misma dirección: recuperar una relación menos ansiosa y más práctica con la comida. Frente a las imágenes perfectas, las recetas diseñadas para conseguir reproducciones y las dietas que prometen soluciones rápidas, Lepes propone algo bastante más sencillo: cocinar, prestar atención y aprender en el proceso.
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