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Mati Napp se anima a mostrar su lado más visceral: “Animal”, la experiencia inmersiva con la que debuta como director

En diálogo exclusivo con Teleshow, habló de su salto creativo, de los desafíos de dirigir por primera vez y de la parte de sí mismo que decidió sacar a la luz

Dos hombres usan gafas de sol y camisas blancas con pantalones oscuros. Uno lleva cadena plateada y el otro, corbata negra sobre un fondo negro
Mati Napp y Alan Madanes posan sonrientes enb la previa del debut de Animal
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Hay momentos en una carrera en los que ya no alcanza con hacer lo que uno sabe hacer. Después de casi dos décadas de trabajar detrás y delante de escena, de construir coreografías para algunos de los artistas más importantes de la música argentina, de formar bailarines, de pasar por la televisión y de convertirse en una figura reconocida dentro de la danza, Mati Napp sintió que había llegado el momento de correrse de un lugar conocido y animarse a contar algo propio.

De esa necesidad nació Animal, la nueva propuesta teatral que marca su debut como director y creador integral de un espectáculo. La obra se estrena el 14 de agosto en Dumont 4040 y propone algo más que una función convencional: una experiencia inmersiva en la que el público deja de ocupar el tradicional lugar de espectador para convertirse, de alguna manera, en parte de aquello que está sucediendo.

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Hay música en vivo, actuaciones, baile, plataformas móviles y un recorrido escénico que busca romper la distancia entre quienes están arriba y quienes están mirando. Pero detrás de esa puesta hay, sobre todo, una pregunta que atraviesa todo el espectáculo: ¿qué pasa con ese instinto animal que todos llevamos adentro cuando dejamos de lado las reglas, las apariencias y aquello que aprendimos que deberíamos ser?

Animal surge con la necesidad de mostrar algo propio, de crear algo propio, de animarme a ir un poco más allá de lo que venía haciendo”, cuenta Napp en diálogo exclusivo con Teleshow. Y en esa frase aparece quizás la verdadera razón de ser de este proyecto.

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La historia de Matías Napp, de 38 años, no empezó en los grandes escenarios ni rodeado de estrellas. Empezó mucho más cerca, en el gimnasio de su familia, en Bajo Belgrano, donde hace casi 20 años comenzó a dar sus primeras clases de hip hop. Era apenas el comienzo de un largo camino.

A fuerza de formación, trabajo y muchas horas de ensayo, fue ampliando sus horizontes. Viajó a Nueva York para estudiar en el mítico Broadway Dance Center y también se perfeccionó en Los Ángeles, en los estudios Movement Life y Millenium. Y cada aprendizaje terminó sumándose a una carrera que fue creciendo sin pausa, primero detrás de escena y, poco a poco, también frente a las cámaras.

Cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, posan con camisas blancas frente a un fondo negro. Dos hombres usan gafas de sol
Paola Luttini, Mati Napp, Alan Madanes y Mariela Asensio posan de pie, vestidos con camisas blancas, sobre un fondo oscuro.

Su recorrido atravesó algunos de los fenómenos televisivos y musicales más recordados de las últimas décadas. Fue bailarín en Casi Ángeles, Patito Feo, High School Musical, Recreo en vos, Susana Giménez y ShowMatch, además de formar parte de la película High School Musical. Pero Napp no tardaría en demostrar que su talento iba mucho más allá de la interpretación: también comenzó a construir su nombre como coreógrafo en proyectos de las más variadas plataformas.

Sin embargo, hubo un lugar que terminó de convertirlo en una figura reconocible para el gran público: ShowMatch. Allí, como coach de Bailando por un sueño, vivió una de las etapas más importantes de su carrera. En 2015 llegó la consagración, cuando se convirtió en ganador del certamen, mientras que en otras cuatro oportunidades alcanzó la instancia final.

Y mientras su nombre aparecía cada vez más asociado a grandes producciones y artistas, por debajo de esa carrera que no paraba de crecer comenzaba a aparecer otra necesidad. Una inquietud más personal, más íntima, que durante años había permanecido esperando su momento: la necesidad de dejar de crear solamente para otros y animarse, finalmente, a contar algo propio.

Siempre hubo en mí una inquietud por querer contar algo desde otro lugar”, explicó. Animal aparece entonces como una especie de puerta que finalmente decidió abrir. “Es una parte mía que artísticamente nunca mostré y que aparece por primera vez en este proyecto. La gente conoce mucho de mí como coreógrafo, como docente, como bailarín, incluso conoce una determinada energía o una manera mía de crear, pero hay un universo más oscuro, más visceral, más crudo y también más sensible que nunca había mostrado”, reconoció.

Y ahí está una de las claves de la obra. Porque Animal no pretende mostrar solamente al coreógrafo que conoce el público. También intenta revelar al artista que durante años estuvo detrás de esa figura.

Animal me está permitiendo mostrar esa parte. Crear Animal también fue permitirme a mí sacar un poco eso, sacar una parte mía que durante mucho tiempo tal vez tenía escondida o no había mostrado”, confiesa.

Diez personas, seis hombres y cuatro mujeres, visten camisas blancas y pantalones negros. Dos hombres usan gafas de sol. Una mujer sostiene un violín. Fondo negro
Mati Napp y Alan Madanes posan junto al elenco de Animal, ataviados con camisas blancas y pantalones oscuros sobre un fondo negro.

La decisión de convertir la propuesta en una experiencia inmersiva tampoco fue casual. No quería que el público simplemente tuviera un rol pasivo. Quería incomodarlo un poco. Acercarlo. Hacerlo sentir observado. Incluso interpelado.

No quería que el público simplemente se sentara a mirar. Quería que estuviera adentro, que sintiera que las cosas suceden de cerca, que por momentos se sintiera observado, interpelado o parte de todo lo que está pasando”, explicó.

La transformación de coreógrafo a director implicó, claro, enfrentarse a un territorio nuevo. Tener una idea en la cabeza es una cosa. Conseguir que esa idea exista sobre un escenario es otra muy distinta.

“Uno de los desafíos más grandes fue entender que dirigir no es solamente tener una idea clara en mi cabeza, sino encontrar la manera de llevarla a la práctica y lograr que eso que me imaginé durante tanto tiempo aparezca en escena”, destacó.

Y en esa construcción aparece una palabra que Napp repite varias veces: equipo. Porque Animal no es solamente una creación individual. Es un universo que necesita de múltiples disciplinas y artistas capaces de hacer crecer una idea inicial. La dramaturgia está a cargo de Mariela Asensio, mientras que Napp trabaja sobre la música, el movimiento, el espacio, la iluminación y el vestuario.

“Mi desafío como director es poder encontrar qué tiene especial cada uno, sacar lo mejor de ellos y ponerlo al servicio del espectáculo”, sostuvo.

Hombre calvo con barba, camisa blanca de manga corta, cadena plateada, tatuaje en brazo y manos en los bolsillos, sobre fondo negro
Mati Napp posa en un estudio, con una camisa blanca desabrochada, las manos en los bolsillos y un collar de plata visible.

La elección del elenco fue, justamente, uno de los procesos más complejos. Cuando comenzó a escribir la obra, ya tenía a alguien en mente para el protagonista: Alan Madanes. Lo conocía como actor y, mientras imaginaba las distintas escenas, también imaginaba su interpretación.

“Cuando escribía cada escena me imaginaba a Alan actuando, interpretando, contando, haciendo que Animal tenga verdad”, contó. “Un lujo tenerlo y estoy súper agradecido de que haya aceptado la propuesta”.

Pero la búsqueda de los bailarines tuvo otra lógica. Napp no necesitaba solamente bailarines técnicamente impecables. Necesitaba intérpretes. Personas capaces de actuar, improvisar, exponerse, conectarse con el público y, sobre todo, tener una identidad propia.

No quería seis personas que se movieran igual ni que respondieran al mismo estereotipo del bailarín. Quería seis universos muy distintos”, explicó.

Por eso, durante las audiciones, intentó mirar más allá de quién podía ejecutar mejor una coreografía. Le interesaba qué sucedía cuando el bailarín dejaba de intentar demostrar que sabía bailar.

Me interesaba qué me pasaba cuando esa persona entraba al espacio, qué tenía para contar, cómo reaccionaba ante alguna consigna y qué aparecía cuando también dejaba de intentar hacer todo bien”, relata.

Hombre calvo con barba incipiente, gafas de sol negras, camisa negra desabrochada y cadena plateada sobre fondo negro
Mati Napp posa con gafas de sol y camisa oscura con el cuello abierto, mostrando una cadena plateada.

La frase encaja perfectamente con el espíritu de Animal. Porque la obra, justamente, habla de aquello que aparece cuando se pierde el control. Y quizás también por eso este proyecto represente tanto para el ahora director.

Su presente profesional sigue estando profundamente ligado al mundo de la música y de la danza. Continúa trabajando como coreógrafo de artistas como Emilia, Cazzu y Duki, pero asegura que no siente que una faceta esté reemplazando a la otra.

No es que estoy dejando de ser coreógrafo para convertirme en director, sino que estoy ampliando mi manera de crear”, resumió. La diferencia, explica, está en la dimensión de lo que debe construir.

Cuando trabaja como coreógrafo, su tarea puede estar concentrada en una performance, una canción o un determinado momento escénico. Con Animal, en cambio, debe pensar en todo el universo.

“Ahora tengo que pensar en qué quiero contar, qué le pasa al espectador, cómo convive en cada escena, cada movimiento, trabajar en la actuación, en el texto, en la música, en las luces, en cada decisión que va a formar parte de toda la experiencia”.

Después de tantos años construyendo escenas para otros, ahora Napp tiene la posibilidad de construir una escena que habla de él. Y quizás por eso también espera que el impacto de Animal no pase únicamente por lo espectacular.

Hombre joven de cabello largo y oscuro, con camisa blanca desabrochada y pantalón oscuro con cinturón, de pie ante un fondo negro con humo
Alan Madanes, una de las caras principales de Animal

Sabe que buena parte del público llegará con una idea previa sobre lo que puede encontrar. Después de todo, su nombre está asociado a la danza, al pop, a grandes producciones, a la televisión y a artistas masivos.

Pero justamente quiere romper esa expectativa: “Mucha gente puede llegar a Animal esperando encontrarse con algo determinado por conocer mis otros trabajos y creo que se va a encontrar con algo bastante diferente”, anticipó.

La diferencia no estará solamente en el formato inmersivo. También en el universo que propone: “Es un universo bastante distinto a lo que generalmente se conoce de mí o de los proyectos en los que he participado”, aseguró.

Y lejos de preocuparlo, esa posibilidad lo entusiasma: “Me entusiasma mucho que alguien pueda entrar con una expectativa y que, de alguna manera, Animal se la rompa o lo lleve para otro lugar”.

Porque si hay algo que Napp espera provocar es conversación. Que el espectador no salga simplemente pensando si le gustó o no le gustó una coreografía. Que algo le quede dando vueltas.

Me encantaría que las personas, más allá de que les guste lo artístico, salgan del espectáculo con alguna pregunta, con una sensación, incluso con ganas de hablar sobre lo que vivieron”, dice. “Siento que eso va a ser para mí el impacto más importante”.

Jimena Baron con Matías Napp y Mauro Caiazza, tras su debut en el "Bailando 2018"
Jimena Baron con Matías Napp y Mauro Caiazza, tras su debut en el "Bailando 2018"

En medio de esta nueva etapa, hay recuerdos que inevitablemente regresan. Uno de ellos tiene nombre propio: Lali Espósito. Napp la conoció cuando ambos formaban parte de Casi Ángeles. Tiempo después, cuando la artista comenzó su carrera como solista, volvió a confiar en él para integrar su equipo de bailarines.

Tengo muy lindos recuerdos y sobre todo muchísimo agradecimiento”, contó. Para aquel joven bailarín que todavía estaba construyendo su camino, formar parte de ese proyecto significó mucho más que un trabajo.

Tras ello, rememoró: “Cuando se lanzó como solista me tuvo en cuenta para formar parte de su equipo de bailarines y para mí en ese momento fue algo súper importante”.

Con los años, además, el vínculo profesional cambió de lugar. Napp también tuvo la posibilidad de darle clases y acompañarla desde otra perspectiva.

Y habla de ella con un cariño que excede la nostalgia: “Es una persona que admiro muchísimo, tanto como artista como persona. Aprendí mucho estando al lado de ella, viendo cómo trabajaba, su compromiso, su manera de encarar las cosas y todo lo que fue construyendo”.

Hay algo que, según cuenta, sigue valorando especialmente: cada vez que se cruzan, Lali tiene palabras de afecto y reconocimiento hacia su trabajo: “Siempre sentí de su parte mucho cariño, respeto y una hermosa energía”.

Mati Napp en el marco de la ceremonia de los Premios Hugo
Mati Napp en el marco de la ceremonia de los Premios Hugo

Por eso, mientras observa desde lejos todo lo que la cantante consiguió —sus grandes escenarios, sus shows multitudinarios, su crecimiento y el vínculo que construyó con el público—, Napp celebra ese presente como alguien que también fue testigo de los primeros pasos.

Me pone muy feliz verla viviendo todo lo que está viviendo, su crecimiento en los River, todo lo que logró, cómo la gente la ama”, dijo, y enseguida agrega que se lo ha dicho personalmente: “Cada vez que la cruzo le digo lo mismo: que me encanta todo lo que le está pasando y que me pone muy feliz por ella”.

Hay carreras que se construyen a fuerza de oportunidades. Otras, de talento. Y hay algunas que necesitan además de paciencia, aprendizaje y la capacidad de entender cuándo llegó el momento de cambiar de lugar.

La de Mati Napp tiene un poco de todo eso.

Empezó dando clases de hip hop en el gimnasio de su familia, pasó por la televisión, los videoclips, el cine y los grandes escenarios, se convirtió en coach ganador de Bailando por un sueño, formó a nuevas generaciones y trabajó junto a algunas de las artistas más importantes de la escena argentina.

En 2023 fue declarado Personalidad Destacada en el ámbito de la Cultura, reconocimiento que coronó una trayectoria que ya llevaba años creciendo.

Ahora, casi dos décadas después de aquellos primeros pasos, decidió hacer algo mucho más íntimo: dejar de contar las historias de otros para animarse a contar una propia.

Animal es, en ese sentido, mucho más que un espectáculo, es el resultado de una búsqueda. La posibilidad de que el coreógrafo se convierta en autor, de que el bailarín se anime a dirigir, de que quien durante años estuvo construyendo movimientos para otros finalmente ponga su propio cuerpo —artístico, emocional y creativo— en el centro de la escena.

Y de que, por una vez, también sea él quien se anime a soltar aquello que durante tanto tiempo mantuvo bajo control. El instinto, la oscuridad, la sensibilidad, lo visceral. Ese lugar que todos conocemos, aunque muchas veces prefiramos esconder. Ese lugar donde empieza Animal.

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