
Florencia Raggi eligió las redes sociales para compartir una postal de familia que no necesitó demasiadas palabras. Una serie de fotos junto a Nicolás Repetto y su hija Renata en un destino mediterráneo resumió unos días que los tres pasaron juntos, y el mensaje que las acompañó terminó de completar el cuadro.
El viaje combinó al menos dos escenarios: las calles empedradas y las fachadas de colores de Maó, en Menorca, y los acantilados con estructuras blancas sobre el mar azul profundo. La publicación los recorrió con la lógica de un álbum de vacaciones: sin orden estricto, pero con una coherencia de fondo en el disfrute del verano europeo.
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La serie arrancó en tierra firme, en un bosque. Florencia apareció de pie sobre las raíces expuestas y cubiertas de musgo de un árbol de tronco grueso, con los brazos extendidos hacia los costados. Vestía una musculosa blanca de tirantes finos, una falda larga negra con abertura lateral y zapatillas deportivas blancas. La luz entró filtrada entre el follaje y recortó su figura contra el tronco.



Las calles de Maó llegaron después. En una de ellas, Florencia posó junto a un cartel municipal en catalán que rezaba: “Maó no tolera la violència masclista” (en castellano, “Maó no tolera la violencia machista”). Llevaba sombrero de paja de ala corta, gafas de sol oscuras, una blusa blanca de lino sin mangas y shorts de jean celeste con flecos en el dobladillo.
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Nicolás también recorrió esas mismas calles. Una foto lo mostró cruzando un paso de peatones de baldosas blancas y negras, con remera gris jaspeada, shorts oscuros y zapatillas blancas, con edificios de tonos salmón a ambos lados.
El galgo de Renata apareció en una de las fotos más íntimas de la serie. El perro, gris y delgado, estuvo acostado entre almohadones blancos, mirando directo a la cámara con las orejas paradas.
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Las fotos en el puerto mostraron a Florencia y Nicolás de pie sobre el muelle, con barcas tradicionales y fachadas de colores detrás. Ella con un top color crema y pantalón negro ancho, él con remera blanca y bermuda verde, los dos sonriendo.



El salto hacia los acantilados llegó con la selfie de Renata y Florencia. Las dos posaron juntas con el Mediterráneo de fondo, ambas con anteojos de sol, la madre con el pelo rizado suelto y una sonrisa abierta. Detrás, los arcos blancos de un bar o restaurante encaramado sobre la roca.
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En la terraza de ese mismo lugar, madre e hija volvieron a aparecer juntas. Renata llevaba el cabello oscuro suelto, gafas de sol redondas con marco transparente y aros dorados. Florencia lucía varias pulseras en la muñeca derecha y un anillo con el esmalte de las uñas en rojo. Sobre la mesa verde, a la izquierda del encuadre, se distinguieron un vaso y un azucarero blanco.
Otras fotos del mismo lugar capturaron la terraza desde afuera, con una pequeña plataforma suspendida sobre el mar y el cielo despejado de fondo. Una mostró a Florencia sola, sentada junto a una pared blanca con una escalera de madera detrás, los anteojos redondos puestos y la luz del atardecer cayendo de costado.
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Uno de los momentos más llamativos de la serie llegó con la puesta de sol: una foto tomada desde el acantilado mostró el sol hundiéndose en el horizonte, con el reflejo dorado sobre el agua y una estructura blanca a la derecha del encuadre.



En la playa, Florencia caminó por un sendero elevado con bikini estampado y una bolsa a rayas al hombro, con la bahía y la montaña de fondo. Las últimas imágenes fueron del agua. Nicolás apareció sentado a bordo de una embarcación con remera blanca, sonriendo, mientras el atardecer tiñó el mar de rosado y naranja y un velero de vela blanca navegó de fondo.
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En otro momento, Florencia se sumó con una selfie tomada desde arriba: el cabello rizado movido por el viento, aros pequeños de aro negro y un collar fino de perlas, con la borda blanca de la embarcación y una línea de costa boscosa detrás. En otra foto, se la vio recostada en bikini negro sobre la cubierta, con una segunda imagen superpuesta en la esquina inferior que repitió la escena desde otro ángulo.
La serie coronó con una foto de una mansión con techo rojo rodeada de árboles frondosos y césped, tomada desde lejos, bajo un cielo azul de verano. Florencia eligió cerrar la publicación con una frase que funcionó como síntesis de todo lo que las fotos mostraron: “Gracias Vida, por sentir así, por cada emoción. Por volver a mí.”
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