El estudio estalla en aplausos cuando Moria Casán da inicio a la celebración de su programa número cien de La mañana con Moria de una forma inesperada: en la pantalla gigante aparece la imagen digital de la propia conductora, que reproduce algunas de sus frases más conocidas y virales. El diálogo entre la Moria virtual y la Moria real desencadena un cruce de ingenio que inaugura la jornada con el tono irreverente que la caracteriza.
“¿Pero cómo que cumplís cien programas? Yo no te daba una semana, mi amor. Bajate del pony. Vos sos solo un cuerpo que camina y yo un meme eterno”, dispara la versión digital, al recordar la capacidad de Moria para instalar expresiones en el lenguaje popular y permanecer en el inconsciente colectivo. El alterego agrega: “Mientras vos te sacás el maquillaje, yo sigo facturando, mamita, en el inconsciente colectivo con frases que ni siquiera dijiste, pero que te quedan mejor, te quedan mucho mejor que vos misma. Cométela”.
La Moria de carne y hueso no se queda atrás y responde con su célebre lengua karateka: “Pero pará un poco, ridícula. Mirá todo lo que tuvimos. Vos existís porque yo respiro. Sin mi lengua karateka, vos serías solo un susurro en Internet”. El intercambio continúa con la Moria virtual asegurando: “Pero yo soy más Moria que vos, porque no tengo arrugas ni Photoshop. Soy puro impacto emocional, mami”. La conductora real, firme en su postura, replica: “Ay, qué tupé, si no fuera por mi realidad y tu impacto sería de cartón pintado, decorado”. Finalmente, la imagen en pantalla cierra el duelo: “Pero por favor, soltame, soltame, que sos muy vintage. Y si me querés, buscame. Basta, se terminó. Fin”.
Moria, lejos de quedarse en silencio, concluye la secuencia con una frase que resume su impronta: “Pero tomatela, mamarracha. Cien mañanas rompiendo el molde. Yo no soy un programa de televisión, soy la televisión, soy un shot de adrenalina en sus venas. Besito para todos. Sigan participando. Y que el último apague la luz, si es que me aguanta el brillo, baby”.

El arranque del programa número cien expone el juego entre lo real y lo virtual, entre la persona y el personaje amplificado por las redes. El enfrentamiento entre ambas versiones de Moria refleja cómo sus frases y gestos se convirtieron en material de memes y citas que circulan incluso más allá de sus propias palabras.
La tensión entre la vigencia física y la existencia digital se vuelve tema central en la celebración. La conductora se reconoce tanto en la pantalla como en la calle, y pone en evidencia el modo en que su figura atraviesa generaciones y plataformas. “Soy una okupa emocional. Ustedes entran al estudio, yo entro a la vida de ustedes”, expresa al público en el estudio y a los televidentes, subrayando el vínculo que la une con quienes la siguen cada mañana.
En ese sentido, la dualidad entre el cuerpo presente y la huella digital se resignifica en cada interacción, estableciendo que el mito de Moria convive con la realidad tangible de la conductora. En palabras de la propia Casán: “Yo creo que ya soy más que metafísica por mi personalidad, porque siempre fui así. Soy sin quererlo y sin mandar nada, sin decir lo que tenés que hacer, ni darte tips, ni solamente sugerirte consejos. Creo que soy como un coaching motivacional, porque la cantidad de gente que me para... y les digo la verdad, mucho más allá de mi carrera artística, para decirme: ‘Moria, te miro y empiezo mi día porque me transmitís energía’”.
Esta energía, que Moria describe como un “aura que queda imantada en la gente”, es el elemento esencial que define su relación con el público: una transmisión que supera lo artístico y se instala en la experiencia cotidiana de quienes la ven en la televisión.

El clima de celebración se intensifica cuando Moria Casán dedica palabras de afecto y reconocimiento a quienes la acompañan desde hace cien programas. Relata con emoción los encuentros diarios en la calle, la cantidad de personas que se acercan para contarle que la ven todas las mañanas y cómo esas historias la conmueven hasta las lágrimas.
Entre los ejemplos que menciona, destaca el caso de un hombre que, mientras hacía guardia cerca de un baño en el cine, le confesó que la ve todas las mañanas junto a su esposa y que al hablarle, temblaba de la emoción. “A ese señor tan amoroso le mando un beso porque mientras me decía temblaba. Se puso como emocionado. Y toda la gente, cómo nos acompañamos”, narra la conductora, reforzando la dimensión afectiva de su vínculo con la audiencia.
El reconocimiento del público, manifiesto en cartas, lágrimas y palabras de agradecimiento, se convierte en una fuente de energía para la conductora. “Hay una cosa energética que tengo un aura que queda imantada en la gente. Es algo que tengo que... Pero la gente me mira y empieza a llorar. Me hace una carta y llora de emoción, mi amor. No puedo creer cuando lloran y yo también lloro. Entonces me la paso llorando. Si querés llorar, llorá”, relata, describiendo la intensidad emocional que genera en su entorno.

Durante los festejos en el estudio, Moria no dejó de subrayar la importancia del equipo que la acompaña y de quienes la convocaron para conducir el programa. Expresó su gratitud a Adrián Suar, a quien le agradece las “devoluciones hermosas” sobre el ciclo, así como a Pablo Codevilla y Coco Fernández. Se refiere a ellos como responsables de haber confiado en su capacidad para reinventarse en la mañana televisiva.
En su relato, la conductora recuerda sus inicios en el canal, evocando la época del blanco y negro y el paso de los años dentro de la industria. “Este fue el primer canal que yo pisé. Fui virgen en El Trece”, señaló, reforzando el sentido de pertenencia y la continuidad de una carrera que atraviesa décadas.
En la celebración, compartió su mirada sobre el presente televisivo y su propia vigencia. Definió a la televisión como un medio “de descarte”, donde la permanencia es cada vez menos frecuente, y consideró un logro haber llegado a esta cifra de emisiones.
Para la conductora, la televisión es mucho más que un espacio de trabajo: es una forma de entrar en los hogares y de establecer lazos que superan lo efímero de la pantalla. “Amamos la televisión porque estamos dentro de tu casa y eso es imposible de otra manera. Besito. Gracias por elegirme”, concluye dirigiéndose a la audiencia, sin perder la energía que la caracteriza.
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