
“FAMILIA”, se lee en el bíceps derecho de Florián Fernández Capello y la palabra se hinchó cuando con su guitarra pulsó con fuerza el motivo ska de la oldie-but-goldie “Estoy harto de verte con otros”. El tatuaje resume esta versión 3.0 de Los Fabulosos Cadillacs, que desde el 2008 es la banda que siempre está volviendo y que hay que aprovechar a ver cada vez que dan la cara: el último show en Buenos Aires había sido en 2018 y tanto el guitarrista como Astor Cianciarulo -hijos de Vicentico y Sr. Flavio, respectivamente- ya venían ganando rodaje como miembros estables.
Ahora, en esta doble función agotada en el Movistar Arena porteño, los (no tan) pibes no sólo se mostraron cada vez más sueltos y más dueños de sus roles, sino que también tomaron las riendas. Por ejemplo, cuando “El muerto” viró hacia un candombe hardcore es por obra y gracia de las manos de Astor: este fan de la distorsión, que en la noche del sábado le hizo un guiño a la historia cadillac con un look similar al de Luciano Jr. en los 80, llevó el tema hacia un delirio zappa-do desde sus tumbadoras.
Para esa altura de la noche, apenas el tercer tema, la fiesta ya estaba puestísima y con el público -casi todo bastante adulto- adentro del clima. Desde el clásico opening con la música de 007, la intro formal con la banda sobre el escenario en “Cadillacs” más las iniciales “Manuel Santillán, El León” y “Demasiada presión”, la cosa fue golpe por golpe, hit tras hit, para revisar buena parte del período dorado del grupo, 86-99. Apenas hubo un gesto hacia La salvación de Solo y Juan -álbum editado en 2016-, con algunos versos de “Averno, el fantasma” filtrándose en el blues psicodélico que fue coda de “Los condenaditos”, con Vicentico experimentando con un theremín y filtros en sus voces en plan profesor loco.

Un rato después, y para reforzar el concepto filial, apareció Vicente, el hijo menor del cantante, para sumar una guitarra en la emotiva “Saco azul”. El tema, editado en Rey Azúcar (1995), fue escrita por Vicentico y Valeria Bertucelli en el comienzo de su relación. Y cuenta la leyenda que está dedicada a la memoria del padre de la actriz, quien había fallecido poco antes.
“Carnaval toda la vida” -himno nacional de la saudade-, “Mal bicho” y “Matador” marcaron el cierre de la primera parte y, tras un breve descanso, se dio otra postal familiera. En un solo de bajo, Flavio hiló “Post crucifixión” (Pescado Rabioso), “Mañana en el Abasto” (Sumo), “La pomeña” (Cuchi Leguizamón) y el himno argentino para derivar en “Vos sabés”, que en 1999 escribió inspirado por la llegada de Astor, su primer hijo. Ese que ahora mismo asumió el protagonismo, de nuevo desde los parches, y lo transformó en el tumbao “Hoy lloré canción”. Todo desde donde anidó “el león del ritmo”, entre su set y la batería de Fernando Ricciardi, justo ahí donde se imprimió el rostro del percusionista Toto Rotblat, fallecido en 2008.


Mientras Flavio insistió con su militancia rocker desde la vestimenta -en la noche del sábado lució una remera de Minoría Activa, pequeña gloria del hardcore argentino-, Vicentico combinó saco con jogging, un gesto que de manera lateral resume el espíritu cadillac: sofisticados y populares, capaces de sonar en el tablón y también en el Colón (aunque todavía no lo hayan hecho), divertidos y reflexivos. Una banda de una sola pieza pero caleidoscópica, un todo que es mucho más que la suma de las partes y sus egos, que decidió no morir tocando ska para guisar un combo de cultura rock que se volvió tan irresistible para el cuerpo como para la mente de varias generaciones latinoamericanas. Y siempre visionarios, desde aquellos matices de rap y dembow en sus primeros discos, a un gesto simple como la coreo que el cantante propone para hacer cantar a la multitud el estribillo de “Calaveras y diablitos”, anticipándose largamente a los challenges de TikTok.
Para que el festejo fuera completo, se sumó Luciano Jr., hoy más conocido por su mote mediático El Tirri, para entonar “Belcha”. Y volvió un ratito después, para el cierre coreadísimo de “Yo no me sentaría en tu mesa”, con Flavio en voz, Vicentico en bajo, Vaino Rigozzi retomando su rol de guitarrista -actualmente es el manager del grupo- y también Vicente Fernández Capello. Así, se despidieron de su público porteño mientras reafirmaron una vez más esa idea que los llevó a recorrer el mundo y los trajo hasta acá: “ahora somos más hermanos que antes”.



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