Muchas historias se vivieron, se escribieron y se escucharon en torno a Honestidad Brutal, el disco doble que Andrés Calamaro grabó en largos nueve meses entre 1998 y 1999, acompañado por una infinidad de músicos y artistas invitados. “Eran días de 72 horas… Lo único que no hicimos fue comprar armas de fuego”, sintetizó lo vivido por aquellos días el propio Calamaro en diálogo con Teleshow cuando se cumplieron 20 años de la edición del mítico álbum.
“Grabamos todos los días y también por las noches. El resto del tiempo abusábamos de los tópicos malditos del rock, siempre bienvenidos por entonces. Con buenas intenciones, diálogo ideológico, integración con sectores valiosos en el rock, Argentina en el cielo y los subsuelos. Sobrevolando lugares finos y tachos de basura”, agregó al respecto. Uno de los que acompañó a Andrés en esta gesta que desembocó en 37 canciones, fue Coti Sorokin, quien estuvo involucrado desde el principio.
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“¿Sabés que no hay ninguna foto de eso?”, le dijo el compositor de éxitos como “Color Esperanza” y “Nada de esto fue un error” a Joaquín Levinton, en una entrevista para el ciclo Tremendovich (República Z). “Zafaron”, le retrucó con picardía el cantante de Turf. “Zafamos, sí. Pasamos por muchos estudios. Empezamos por un estudio de Javier (Calamaro), en la calle Nicaragua. Honestidad Brutal arrancó ahí. Y nos iban echando de los estudios. Después nos fuimos a El Pie, después fuimos a La Diosa Salvaje, el estudio de (Luis Alberto) Spinetta, que quedaba a la vuelta. Después fuimos al estudio de Fito (Páez), que era Circo Beat, después a Panda... después volvíamos a empezar el circuito”, recordó Coti sobre la dinámica de la extendida grabación.

En los créditos del álbum figura el nombre de Diego Armando Maradona, quien dejó grabada su voz en la ranchera “Hacer el tonto”. Así lo recuerda Coti: “Una vez cayó Diego Maradona. Fue varias veces, pero la vez más mítica fue cuando cayó como a las 3 de la mañana. Estábamos en el estudio de Fito, que quedaba cerca de la casa de Diego. El vivía en esa zona, en Devoto. Segurola y Habana quedaba a 15 cuadras del estudio. Estábamos adentro de la cabina de la sala de grabaciones, con Andrés, el guitarrista Gringui Herrera y yo. Ya habíamos grabado una canción y estábamos haciendo los coros. Con un micrófono íbamos haciendo las voces hasta que ya tuvimos listo el arreglo de qué voz iba a hacer cada uno. Entonces empezamos a llamarlo al ingeniero, que estaba al otro lado del vidrio, para avisarle que estábamos listos para grabar y el tipo no reaccionaba: Era porque había entrado Diego y nosotros no lo veíamos del otro lado. No sabíamos lo que pasaba y el tipo estaba obnubilado. Después Diego entró a la sala y la sesión se fue a cualquier lado.
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“¿Es verdad que Andrés los hizo poner a todos en bolas? Andrés dijo: ‘Llegó Maradona, se ponen todos en bolas’”, planteó Levinton acerca de un mito que desde años circula acerca de esta situación. Pero Coti lo desmintió. “No, no, no... No es verdad que nos hizo desnudar”, dijo. “¿No es verdad? Me llegó de varios lados. ¿No será que vos ese día no estabas?”, insistió Joaquín. “Sí, sí, yo estuve todas las veces que vino Diego. Lo que pasó es que Cuino Scornik, que compuso la ranchera que cantó Diego, sí se puso en bolas. Creo recordar que fue el Cuino”, dudó.
“Era tan delirante la cosa con Diego ahí, que Gringui, que estaba en el estudio con una valija con toda su ropa -por una situación que no puedo contar-, cuando llegó Diego, buscó entre sus cosas una camiseta de Boca para regalarsela a Maradona. O sea... ¿por qué? ¿Por qué él le quiere regalar una camiseta de Boca a Diego? Diego la agarró, la miró sin entender y dijo: ‘Ah, gracias, gracias...’”, rememoró Coti entre risas.
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El caos reinante en las grabaciones era atractivo para los amigos y colegas que se enteraban de estos happenings en torno al álbum. “Cuando la gente se enteraba de que estábamos en un lugar, se empezaba a picantear demasiado porque ya venían un montón. Entonces era el momento en que nos mudábamos de estudio. O nos echaban o nos mudábamos para volver a ser productivos, quedarnos tres, dos. Porque sino se corría la bola. Una vez me acuerdo que eramos 20, 25 personas: Fena (Della Maggiora), Pappo, Cachorro (López)... No sabés lo que era. Faltabas vos”, le dijo a Levinton. “Eran los héroes de la cocaína”, acotó el cantante de Turf por lo bajo y estallaron las risas.
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