
El destino a veces es ingrato y dispone las cartas a su manera. El 24 de mayo, Lautaro Coronel, conocido como El Noba, músico e influencer de la zona sur del conurbano, compartía con su millón de seguidores de Instagram el sueño de la casa propia. Esa que después de trabajar años como albañil, empezaba a tomar forma después de pegarla con su carisma en la música y en las redes.
Como hacía desde siempre, sacó su cámara y documentó el momento. Una foto del terreno, las bolsas de materiales, las manos amigas dispuestas a ayudar, las palabras de agradecimiento. “Hasta que un día ustedes y la música cambiaron mi vida, gracias por escucharme, gracias por bancarme. Hoy tengo mi propio terreno, mi casa tan soñada. @leo_byinfinit gracias amigo por siempre ayudarme y enseñarme muchas cosas”, escribió lleno de ilusión.
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Horas después, sufrió un violento accidente a bordo de su moto mientras circulaba por la localidad bonaerense de Florencio Varela, su patria chica. Fue trasladado a un hospital y donde peleó con su vida hasta que su cuerpo dijo basta, este viernes 3 de junio. En cuestión de horas, las redes, las motos, la construcción, el barrio, los amigos. Un flash de su vida intensa que se apagó demasiado pronto.
De chico, Lautaro miraba Pasión de sábado y empezó a forjar sus primeros ídolos y sus primeros sueños. Román el Original, Néstor en Bloque eran sus primeros ídolos, pero iba a tardar en descubrir su costado de cantante. Para ello, se apegó a su desfachatez y una facilidad innata para comunicar. Y en simultáneo, paseó por las redes sociales donde dejó huella en cada uno de las plataformas, de Fotolog a YouTube, de Facebook a Instagram.
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Antes de ser El Noba, Lautaro dejó el colegio para comprarse una moto, la otra gran pasión de su vida que terminó causándole la muerte. Intentó retomar y se anotó en el plan Fines, pero se rateó una, dos, y tantas veces hasta que ya no fue más. “Estaba terminando el colegio y un día me habló una piba de Solano. Y allá fui, para ratearme. Hoy en día, por esa experiencia, tengo una hija. Me re sirvió. Sentí que todo eso me tenía que pasar, que era para mí”, contó en una entrevista con el sitio El Planteo.
Por un tiempo vivió en Solano, junto a su pareja y su hija. Allí consiguió su primer trabajo en Once y luego fue banderillero en una obra en el centro. Comenzó a ganar buena plata y también a rodearse de malas juntas. “Empecé a parar en la barra de Defensa y Justicia. No tenía puestos los pantalones de marido. La loca se cansó”, reconoció. Lo volvió a rescatar el trabajo, esta vez con papeles en regla y en blanco, aunque no tardó en perderlo. Por esa época sufrió su etapa más dura de adicción a los calmantes, de la que solo rescata su apodo. No Bajo Ni Con Pasta. Sintéticamente, El Noba.
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Su siguiente trabajo fue como pintor en Barracas y ahí captó la frase que iba a ser decisiva para el despegue de su perfil artístico. Se le pegó el Tamo chelo, con el que los muchachos celebraban cada vez que llegaba la paga y empezaba la diversión. “Lo llevé para el barrio, y quedó ahí. Imaginate, quincena completa, no faltaste un día, el asado”, contó en diálogo con Luis Perdomo. Pasó poco más de un año y estaba sobre el escenario de Lollapalooza y del Luna Park, como parte de la avanzada de la cumbia 420 que capitanea L-Gante, con Perro Primo. Los mismos que estuvieron junto a él en su pelea final.
Pasó todo tan rápido que ni se dio cuenta. “En el 2019 yo estaba en una obra hasta que se cortó todo. Después llegó la pandemia que tiró todo para atrás y ahí fue cuando me potencié con las redes. Hacía videos chistosos porque soy un personaje muy carismático”, decía en diálogo con Seguimos en El Doce, un magazine de la señal cordobesa.
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Lo cierto es que cada vez comenzó a tener más cantidad de seguidores y empezó a proyectar su carrera en la música. “Se me reían, pero yo sabía que también iba a cantar”, señaló conectando con aquellas maratones sabatinas. Hasta que un día recibió un mensaje del DJ Alan Gómez, organizador de la Fiesta DeTurreo: lo invitaron a ser host. Y tiempo después, se juntó con Diamante Ayala, un trapero de Florencio Varela, y en ese encuentro, empezó a preparar su primer bosquejo de “Tamo Chelo”, que luego terminó de concretar gracias a la ayuda de Infinit, el dueño de un auto radio, quien se convirtió en una especie de manager.

Al principio en su familia no daban crédito a su vocación artística sobre todo su padre de crianza, de oficio garrafero, para quien lo artístico no era sinónimo de trabajo. Pero Lautaro ya estaba decidido a ser El Noba y con la perseverancia que tuvo siempre logró torcerles el brazo. “Mucha gente grande no entiende que los tiempos cambiaron. Yo no quiero mulear para nadie, si puedo hacer plata entreteniendo a la gente le voy a dar adelante con eso. Y hoy en día, mi familia se da cuenta de eso, y me aceptan”, contó en diálogo con La Muvi.
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Allí reveló qué quería hacer si todo resultaba bien con su nueva faceta. “El sueño de la casa propia. Levantarme, ir a buscar a mi hija al jardín, llevarla a comer, a pasear. Mi vieja es pastelera y encargada de edificio. No quiero que limpie mugre ajena, quiero que labure de lo que le guste, que tenga un local de pastelería en el centro de Varela porque para mí es la mejor pastelera. Casa propia, darle laburo a mi familia, para que no dependan de ningún patrón porque ya viví eso, y dejarle algo a mi hija”.
Y en sus consejos, siempre estaba que persigan los sueños. Que crean en sus condiciones y trabajen para ello. Que estén atentos a quiénes elegir y a quiénes descartar para perseguir el objetivo. Que nada era gratis en la vida, pero tampoco imposible. Y que ahí estaba él para demostrarlo. “Rodeate de gente que tenga proyectos a futuro”, aconsejaba.
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El 24 de mayo, Lautaro salió en moto a cortarse el pelo. “¡Ponete el casco!”, le dijo Vanesa. “Ya vuelvo, má”, respondió. Al rato sucedió lo peor. “Me llamó su mánager porque el choque fue a dos cuadras de su casa”, contó su madre. “Fue una negligencia de mi hijo, yo nunca dije lo contrario. Le dijimos al hombre que estuvo en el accidente que estamos a disposición, no lo queremos perjudicar. Fue un accidente, nada más, no le eché la culpa a nadie, se juntó con la negligencia de mi hijo. Nada más”.
Cuando se conoció la noticia del accidente, las redes fueron santuario y el Hospital de Alta Complejidad en Red El Cruce Dr. Néstor Carlos Kirchner, en Florencio Varela, lugar de peregrinación. Allí se instaló su madre, en un motorhome que acercó Perro Primo, y en donde recibió el amor de sus fanáticos. “Todo Varela está con vos”, sobresalía en uno de los tantos carteles que colgaban en la puerta para acompañarlo en su pelea. Diez días después, su cuerpo dijo basta. El Noba murió a los 25 años.
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