
1. Donato De Santis nació en Milán, en 1964. Su familia vivía en La Puglia, en el sur de Italia, a unos 350 kilómetros de Roma. En la misma tierra que habitaron sus ancestros desde el año 1399.
2. De su papá, don Pepino De Santis, contó que “no es un mafioso pero sí es un ‘padrino’ que es diferente, una persona respetable que cuida los intereses de todos”. Si Don Pepino decía que había que hacer algo, se hacía, sin necesidad de contratos, solo con un apretón de manos.
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3. María, su mamá, era empleada doméstica. “Era muy dulce y acariciaba los pollos y los conejos, hasta que se dormían en su mano. Entonces les cortaba una vena debajo de la lengua y los desangraba, mientras yo sujetaba las patas de los conejos. Yo sacrifiqué mi primer conejo a los 10 años”. (Brando, abril, 2010)
4. La familia tenía una finca donde producía tomate, trigo, uva y aceite de oliva. En el lugar no había electricidad ni gas natural: se bañaban a la intemperie. Trabajaban bajo un sistema de distribución que les dejaba muy poca ganancia; por eso emigraron a Milán, donde nació Donato, el más chico de tres hermanos.
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5. A los seis años buscaba en el globo terráqueo adónde quedaba la Argentina. “Me despertaba curiosidad ese país lejano que siempre mencionaban en los noticieros y en los canales de deportes”.

6. Tenía solo 14 años cuando, sin contarle a nadie visitó, a una amiga en un ashram en Italia. El lugar le gustó tanto que se quedó un mes y, pese a integrar una familia católica, se hizo budista.
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7. “En el budismo encontré la simplicidad de lo profundo, una respuesta a los fenómenos que nos circundan y el significado de la vida” (Ahora, junio, 2004).
8. A los 10 años se apasionó por el beisbol. “Era rarísimo en Italia que lo jugaran, pero fue reintroducido en aquella época en Milán por una familia de inmigrantes italianos que venía de Brooklyn y empezaron a reclutar chicos de la calle”, contó en Podemos Hablar. “Armaron una liga y era un gran atractivo, la verdad, porque habían invertido una platita me imagino, y tenían los bates, los guantes, te daban el uniforme, y era como algo muy ¡wow! ver todo eso”.
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9. Asegura que “a patadas” aprendió a hacer el risotto. “Trabajaba de ayudante en restoranes y quemaba sartenes, se me pasaba el arroz. Y bueno, la ligaba en serio.”

10. Su debut cocinando para otros fue a los 15 años. Un tío policía llegó con cuatro faisanes recién cazados y Donato se ofreció a prepararlos. Hizo cada faisán con una salsa diferente. “Fue una prueba de fuego porque mi tío me los trajo con las plumas y hasta con las balas adentro. Pero esos faisanes fueron un éxito. Y desde entonces, fui el cocinero de la familia”.
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11. Ese día decidió que en vez de ser arqueólogo, como soñaba, sería cocinero “porque lo podía hacer bien y me salía fácil”. Comenzó a estudiar Gastronomía en la escuela estatal Carlo Porta. Se recibió en 1981.
12. Empezó una pasantía en la Antica Hosteria del Teatro, un palacio del 1400 transformado en restaurante. Entre sus clientes estaban los Casiraghi y cuando John McEnroe andaba por la ciudad, le pedía risotto a las finas hierbas.
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13. Para esa época sus profesores lo llevaban de ayudante a distintos eventos. Así terminó en Mónaco bailando con la princesa Estefanía, o quizás, con Carolina: asegura que no recuerda cuál de las dos era.
14. En la Antica filmaron un cortometraje gastronómico. Se hizo amigo de Piero Selvaggio, un italiano con una cadena de restaurantes en Santa Mónica que lo invitó a California.
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15. Trabajó en los principales restaurantes de las ciudades de Los Ángeles (Primi, Un Ristorante), Santa Mónica (Valentino), Hollywood (Chianti & Cucina), Chicago (Bice), Palm Beach (tuvo a su cargo la apertura de Bice) y Miami (Bice de Coconut Grove).
16. Un millonario se hizo fan de sus platos. Gastaba diez mil dólares por cena.
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17. Le cocinó a Robert De Niro y Al Pacino. “Eran como el agua y el aceite. Pacino hacía una entrada triunfal, se sentaba en la mesa y le gustaba que todo el mundo lo mirara. De Niro, en cambio, era perfil bajo: venía con gorrito, era difícil reconocerlo. Yo me acercaba y él murmuraba: “¿What’s up? ¿Tenés algo rico para hoy?”. (Brando, abril, 2010).

18. Un día a la cocina entró un equipo de SWAT y en tres segundos detuvieron a un ayudante que tenía una pulsera electrónica; Donato nunca se le había visto. “Sin decir ‘Buen día’, lo levantaron, armados, y se lo llevaron”.
19. En 1993 el diseñador Gianni Versace lo contrató como chef personal para su mansión Casa Casuarina, en Miami Beach.
20. “Cuando fui por primera vez estaban en pleno trabajo de restauración. Me acuerdo que me hicieron caminar por una pasarela de madera, porque había un mosaico abajo y no se podía pisar. La cocina estaba bastante armada, pero todavía tenían embalados los platos de Murano y de Versace, las copas bordadas con oro de Rosenthal, la vajilla antigua… Yo estaba concentrado observando todo cuando la secretaria me anunció que el mismísimo Gianni Versace quería hablar conmigo”. (Infobae).
21. Donato cuenta: “Subí a su suite y Gianni, con mucho calor de persona, me dijo: ‘Ah, ¡nuestro cocinero! ¡Bienvenido a la casa!’. Yo no entendía nada, porque había ido a trabajar por unos días. Le expliqué a su secretaria que no me podía quedar, porque debía volver al restaurante; ganaba un sueldo altísimo, recién me había casado con mi novia norteamericana y había comprado una casa en Fort Lauderdale con un crédito que debía pagar… ¡No quería saber nada con quedarme! Ella me miró como diciendo: ‘Yo no le puedo decir que no a Gianni, y vos, tampoco’”.

22. En la mansión Versace estuvo seis años. Comenzó como cocinero y terminó como administrador. Se encargaba de la organización de las fiestas, la seguridad del lugar y hasta del transporte de la familia del diseñador.
23. “Tenía ciertos privilegios increíbles, un acceso a cualquier tipo de cosas, como tener un helicóptero siempre listo o comprarme un avión. Mi habitación estaba llena de cuadros de millones de dólares, acomodaba los Picasso en los cuartos como si se tratara de pósters”. (Paparazzi, junio, 2004)
24. En la mansión pasaba tardes charlando con Mickey Rourke. Veía a Madonna como una mujer amable que se cuidaba mucho con las comidas y a quien le encantaba la torta de limón. Sylvester Stallone le contó qué apodo usaba cuando viajaba para que no lo reconocieran y Elton John andaba por la cocina sin peluquín.
25. Sting lo trataba como un miembro más de su familia y le presentó a su mujer y sus hijas. El británico le decía que nunca había tocado una sartén. Entonces, una vez que se quedó unos 15 días, Donato lo llevó a la cocina a aprender algo.

26. El 15 de julio de 1997, Versace fue asesinado. “Esa mañana, antes de las nueve, me llamó la arquitecta que trabajaba como asistente en la restauración de la casa, quebrada en llanto. Yo estaba en aquel entonces en otra residencia. No estaba en la casa en aquel momento. Ya en el tono de voz te dabas cuenta de que había pasado algo. ‘Donato… ¡Gianni was shot… Gianni was shot…!’, me gritaba. Fue un shock tremendo para todos, y para mí también. Entonces salí en mi auto para allá. Lancé un mensaje al beeper de la casa y me llamaron; hablé con uno de los asistentes que estaba ahí. Me dijo que no fuera porque estaba todo blindado. Entonces me dirigí directo al hospital. Llegué apenas minutos después de la ambulancia, pero él ya había fallecido en el camino”, le contó a Infobae.
27. Como la familia no estaba en el país, Donato tuvo que hacerse cargo de varios trámites. Incluso fue él quien debió reconocer el cuerpo.
28. Tras el homicidio de Versace se mudó a Nueva York, donde siguió trabajando dos años más con Donatella Versace, hermana del diseñador.
29. Llegó a nuestro país en el 2000. Sting le había ofrecido ser su cocinero lo mismo que el fotógrafo Richard Avedon. Pero Donato sentía que las estrellas seguían siendo los otros, y él quería hacer su propio emprendimiento.

30. “Me saturó el tipo de vida. Sos el cocinero y mánager que organiza la casa, es lindo, cobrás un súper sueldo, pero llega un momento en que perdés a tus amigos. Estás tan arriba sin ser artista ni famoso que a veces perdés el contacto con el piso”. (Ahora, junio, 2004).
31. Decidió quedarse en la Argentina. Comenzó a dar cursos con el Gato Dumas y a trabajar en el restaurante Cipriano.
32. En la Argentina conoció a Micaela Paglayan, su esposa desde el 2004, con la que tuvo a Francesca y Rafaela.
33. Como espectadora de su programa, Micaela estaba fascinada con él y en el 2000 le mandó una cajita al canal. A Donato le llamó la atención su contenido: un CD de música, incienso japonés y una carta linda y sincera con una invitación a conocerse. A los dos días la llamó, y a partir de ahí empezó el romance.
33. Detesta que le digan “tano o tanito”, pero está orgulloso de lo que generó transmitiendo la cultura de su país natal.
34. “En el 2000 estaba trabajando en un local de cuarta cuando una productora, que llevaba un rato mirándome –yo llamaba la atención porque tenía un pantalón con ajíes y una bandana–, me hizo llamar para preguntarme si quería hacer un casting para El Gourmet, un canal que me permitió establecer una nueva vida. Cuando estuve al aire por primera vez, yo era el único extranjero del canal y ni ahí imaginaba que dos años más tarde iba a recibir mi primer Martín Fierro”. (Gente, mayo, 2019)
35. Colecciona sales marinas provenientes de todo el mundo. Cuenta con 200 variedades, que van de Yakarta hasta la Patagonia.

36. Suele tomar un muy buen desayuno a base de huevos, pan con tomate fresco y aceite de oliva, fruta, queso y café con leche; un almuerzo sustancioso y una cena liviana.
37. No le gusta comer los cartílagos de la cabeza o de los pies del cerdo, pero los puede consumir si están excelentemente preparados y saborizados. La cebolla le gusta, pero cruda le cuesta más digerirla y pasarla. “Salvo eso, como de todo”.
38. Donato no cocina solo para las cámaras sino también en todos sus emprendimientos. En sus piernas tiene várices de tanto estar parado y, por sartenear, casi no tiene tendones en la muñeca, pero sí un brazo más vigoroso como el de los tenistas.
39. Es hincha del Inter de Milán y de Racing.
40. De la Academia se hizo hincha cuando vivía en Miami. Conoció a uno argentinos que tenían pasión por Racing. “No era amor hacia el equipo, era hacia el club. Los hijos, los padres, los abuelos… Eran todos socios. Me atrajo ese sentimiento que describía la familia por Racing. Todos vivían esa pasión y participaban”.
41. La Academia lo invitó a inaugurar la nueva cocina de su pensión y cocinar para los jugadores. Les preparó pastas secas con tomate, zucchini, berenjenas y arvejas.
42. “Tengo un contacto muy cercano con toda la población italiana de América Latina. Recibo un promedio de 35 mil mails por año, es un intercambio de recetas, melancolías, sugerencias, familias, que ‘si me puede ayudar’, ‘necesito tal cosa’. De ahí en más surgió la posibilidad de mi candidatura”. (Revista Siete días).
43. Suele insultar en italiano con un “¡Mannaggia la puttana!” y a veces lo mezcla con su pasado por tierra gringa y larga un “¡Fucking porca miseria!”. Si está muy enojado agrega el toque argentino: “¡Fucking porca miseria y la puta que los parió a todos!”.
44. “Mi vida siempre fue una sucesión de eventos chiquitos y lindos que llevaron de una cosa a la otra. Acá viví acontecimientos de todo tipo –de formación, de creatividad y del corazón– y puedo decir que, sin dudas, Argentina me dio 20 años inolvidables”.
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