
Del mismo modo que para Adán -según sostenía el escritor Mark Twain- el Paraíso era donde estaba Eva, no siempre el país al cual pertenecemos está vinculado con el lugar en el que nacimos. Puede que antes que un límite geográfico nos definan los sitios en los que hemos sido felices. Y las personas que queremos: la familia, los amigos. Los amores. También la tierra en la que crecimos: a veces la patria es el barrio o la ciudad. En otras, las fronteras quedan delimitadas por las vivencias, los aromas, los paisajes. A menudo, somos donde elegimos estar.
Con muchos famosos sucede algo similar: por diferentes circunstancias -algunas muy curiosas- no son oriundos de este país, pero es inevitable que se definan como argentinos. Y que además los reconozcamos muy nuestros: son parte de la idiosincrasia de la Argentina.
Hasta la última gala María O’Donnell venía desempeñándose con solvencia en la cocina de Masterchef Celebrity 2: era una de las figuras más destacadas del reality de Telefe. Sin embargo, quien era la participante más aplicada del certamen -pese a las críticas al respecto de Dolli Irigoyen- no tuvo la chance de preparar un hot dog o realizar una barbacoa, dos clásicos de la gastronomía norteamericana. Al fin de cuentas, no tuvo tiempo: ni en el ciclo de Santiago del Moro, ni en los Estados Unidos.

Sucede que la prestigiosa periodista es oriunda de New Haven. En 1968 su padre, el distinguido politólogo Guillermo O´Donnell, hacía un doctorado en la Universidad de Yale. Dos años más tarde su esposa, la historiadora y empresaria Teresa Emery, daría a luz a su hija en la tercera ciudad más grande del estado de Connecticut. Poco después la familia armaría las valijas para radicarse definitivamente en la Argentina, con la pequeña María ya hablando un perfecto inglés.
El mismo año en el cual don O’Donnell se instalaba en Norteamérica -pero a unos 100 kilómetros de New Haven- nacía Adrián Suar: el actual gerente de Programación de El Trece se asomó al mundo en Queens, Nueva York, el 25 de marzo de 1968. Sin embargo, sus primeros recuerdos son bien porteños: sus padres -el cantante lírico Yahuda Kirzner Schwartz y la actriz Lilian Keller, ambos argentinos- se establecieron en Villa Crespo cuando tenía solo dos años.
En ese barrio creció este “bicho de calle, inquieto y observador”, como él mismo se define, que imitaba a Sandro en el living de su casa. Y a escasas cuadras de donde pasó su infancia y adolescencia terminaría fundando Polka, la productora que vendría a cambiar para siempre la televisión argentina: sus ficciones reflejaron como pocas el costumbrismo criollo.

“Me siento muy argento en un montón de cosas”, afirma Kevin Johansen, mate en mano y mirando de reojo un partido de fútbol, a la vez que confiesa que suele parafrasear a Facundo Cabral: “Yo soy de aquí y soy de allá”, repite el músico... norteamericano. Así lo cuenta: “La madre argentina que se fue a Estados Unidos, el gringo Johansen que tenía que ir a hacer el servicio militar a Alaska. El mío es un ejemplo pintoresco, pero a decir de verdad, soy hijo de un padre de un país y de una madre de otro, nada más. No es tan raro ya en este mundo”.
En rigor, su papá fue reclutado a los 19 años por el Ejército norteamericano para la Guerra de Vietnam. Pero se declaró objetor de conciencia, y al negarse a combatir sus superiores lo enviaron a un lugar bien lejano a hacer trabajo administrativo. Ese destino inhóspito fue Fairbanks, en Alaska, adonde el joven estadounidense viajó con la argentina que había conocido en Denver. Y allí, en una ciudad con un invierno que dura siete meses y registra temperaturas de 50 grados bajo cero, nació Kevin.
Cuando el niño cumplió cinco años su vida se transformó en nómade, repartiéndose entre ciudades como Denver, San Francisco y Nueva York. Hasta que en 1976 -con 15 años- se mudó con su mamá a Buenos Aires. Con 25 regresaría a los Estados Unidos para en el 2000 radicarse definitivamente aquí: salvo por giras o compromisos laborales, Johansen ya no se iría más.

Durante muchos años sus amigos neoyorquinos, desconcertados, le preguntarían el porqué de su decisión: optar por la Argentina, desestimando Norteamérica. Él les respondería con una canción: “Me voy porque acá no se puede, me vuelvo porque allá tampoco. Me voy porque aquí se me debe, me vuelvo porque allá están locos. Me voy porque aquí se aprovechan, me vuelvo porque allá me echan”, canta Kevin Johansen en “Sur o no Sur”.
Otros casos de famosos argentos nacidos en el extranjero son más previsibles. Y no tanto. El Tano de Rodolfo Ranni es mucho más que un apodo: nació en Trieste, Italia. Gabriela Toscano es de Montevideo: nunca quiso nacionalizarse argentina para “conservar las raíces, esa semillita que quedó de la planta original”, aunque ya casi no viaja a Uruguay. Felipe Colombo es de Ciudad de México: comenzó su carrera en la televisión azteca para arribar al país recién en su adolescencia y sumarse a Rebelde Way, saltando a la fama con Cris Morena. Y Puli Demaría, la DJ amiga de Pampita, es norteamericana.
Que Anamá Ferreira sea brasileña a nadie sorprende: el portuñol que no consigue abandonar -y suele ser motivo de repudiables burlas- delata su origen. Vino al país siguiendo a un amor argentino y con la idea de permanecer apenas diez días. Se quedó para siempre: ya lleva más de 45 años aquí. Sin embargo, Luis Ventura la supera con amplitud: reside en la Argentina desde hace 62 años.
¿Pero cómo? ¿El periodista no nació en Lanús? ¡Fake news! Sus padres eran argentinos pero se conocieron en Brasil. Y en San Pablo tuvieron a Luis, quien heredó el oficio periodístico de su papá, el recordado Antonio Ventura, quien supo hacerse un nombre en la prensa gráfica carioca. Cuando el niño sumaba apenas dos años regresaron a Buenos Aires. Y ya nadie duda de que Ventura es más bonaerense que La Fortaleza, el estadio de su amado Granate.

Que la complicidad del lector nos exima de culpa por la siguiente licencia geográfica: Roberto Pettinato nació en Buenos Aires, Ecuador. En rigor, el dato es completamente cierto. Lo que resulta excepcional es la circunstancia del origen del ex saxofonista de Sumo, quien suele definirse como “mitad argentino y mitad ecuatoriano”.
Siendo director nacional de Institutos Penales durante la primera década peronista, Roberto Pettinato padre cumplió una destacada labor al reformar el Sistema Penitenciario. Se encontraba en Suiza -participando de una reunión de Naciones Unidas- cuando la Revolución Libertadora derrocó a Juan Domingo Perón. Regresó a la Argentina como pudo y logró alojarse en la Embajada de Ecuador junto a su esposa: cuando eso ocurrió, Clara estaba embarazada de seis meses.
Petti nacería allí, en la embajada, el 15 de diciembre de 1955. Y allí se quedaría encerrado: recién al cumplir un año saldría a la calle por primera vez con destino -salvoconducto mediante- al exilio en Quito. Una década tardarían los Pettinato en volver al país. Y como en las embajadas se aplica la figura jurídica de extraterritorialidad, se considera que Roberto nació en Ecuador.


Liz Solari no se siente parte de ningún lugar: “Todos somos una gran familia”, dice. Y quizás comprenda que, como en tantos otros casos, el país de origen sea producto del azar. También de las obligaciones laborales. Porque la partida de nacimiento de la actriz -rubricada el 18 de enero de 1983- la ubica en Barranquilla, Colombia. ¿La razón? En aquel momento su padre, el reconocido técnico Eduardo Solari, había sido contratado para dirigir al Junior de esa ciudad.
Tres años más tarde los Solari se instalarían en las afueras de Rosario. Liz pasó allí su infancia y adolescencia, cuando empezó a probarse como modelo. Hoy, actriz consagrada, reparte su año entre la Argentina e Italia (donde se casó), cumpliendo distintos proyectos profesionales.
Antes que el espectáculo, el fútbol suele ofrecer estos vaivenes territoriales: muchas veces los integrantes de una familia quedan desperdigados por distintos países. Lo saben los Solari, verdaderos trotamundos del balón, con Eduardo y su hermano mayor, el Indio Solari, además de su hijo, Santiago Solari (ex jugador y DT del Real Madrid).
Claro que el imaginario colectivo -a menudo cruel e injusto- no repara en esta cuestión. Así es como responsabiliza a Gonzalo Higuaín por la final perdida en el Mundial de Brasil, casi desconociendo que el delantero podría defenderse con un argumento irrefutable. Y con una sonrisa complaciente remarcar que -si no hubiera escuchado a su corazón blanquiceleste- hoy él sería campeón del mundo: Pipita nació el 10 de diciembre de 1987 en Brest, Francia.

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