
Un ciberdelincuente logró vulnerar más de 100 sitios web corporativos en menos de un mes, sin ejecutar prácticamente ninguna tarea técnica por sí mismo. En su lugar, delegó todo el trabajo a agentes de inteligencia artificial, a los que pagó cerca de 5.000 dólares en tókenes para completar la operación.
La campaña fue detectada por el investigador de ciberseguridad Snorre Fagerland, de la firma NorForge, mientras rastreaba instalaciones expuestas de Cairn, un motor de inteligencia artificial de código abierto diseñado para resolver problemas complejos de forma autónoma. Fagerland halló alrededor de dos docenas de estas instalaciones utilizadas con fines maliciosos, lo que le permitió observar en tiempo real una operación cibercriminal activa.
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Qué es Cairn y por qué resulta atractivo para atacantes
Cairn no fue concebido como una herramienta ofensiva. Se trata de un marco de trabajo de propósito general que define objetivos, explora distintos enfoques y ejecuta acciones hasta alcanzar una solución. Según diversos medios especializados citados en la investigación, la plataforma ganó popularidad dentro de la comunidad cibercriminal pese a no haber sido diseñada con fines delictivos.

En este caso, el problema que el atacante planteó a la herramienta fue cómo ejecutar código en un sitio web sin necesidad de iniciar sesión. Los agentes de IA probaron distintas técnicas: inyección SQL, carga de archivos maliciosos y explotación de un manejo inseguro de objetos almacenados. El objetivo final, de acuerdo con el investigador, era establecer un acceso persistente a sistemas de pago y comercio electrónico que luego pudieran usarse para sustraer dinero.
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Instrucciones breves, resultados masivos
Fagerland sostuvo que el atacante combinó distintos modelos de inteligencia artificial, probablemente Claude Code junto con un modelo de DeepSeek, aunque reconoció que resulta difícil determinarlo con precisión. Las instrucciones que recibían los agentes eran mínimas: generalmente menos de 100 caracteres en chino. Con esas órdenes escuetas, los sistemas automatizados intentaron penetrar más de 1.200 sitios web en menos de un mes.
En promedio, los agentes dedicaban 23 horas a explorar las vulnerabilidades de cada sitio antes de lograr el acceso o abandonar el intento. De los casos exitosos, que rondaron el centenar, el investigador calculó que el atacante gastó un promedio de 50 dólares en tókenes por cada brecha, aunque aclaró que se trata de una estimación y no de una cifra de facturación confirmada.
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Las víctimas identificadas
El informe de Cybersecurity News señaló que las víctimas eran principalmente tiendas en línea de Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón. La agencia Reuters logró confirmar algunos de los objetivos mediante la revisión independiente de la actividad del hacker en Cairn: entre ellos figuran Deere, fabricante de maquinaria agrícola; SharkNinja, empresa de electrodomésticos, y Cummins, fabricante de motores.
Dos empresas de menor tamaño también reconocieron haber sido comprometidas, aunque no respondieron a las consultas de la agencia.
Deere informó a Reuters que tomó las medidas de remediación necesarias y aseguró que no había indicios de que se hubiera accedido a información sensible. SharkNinja precisó que la vulneración afectó a un sitio independiente que solo contenía información de soporte de productos, y que la amenaza ya fue resuelta. Cummins se limitó a señalar que estaba revisando los reportes.
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Una técnica que sorprendió al investigador
Hasta el momento no se sabe con certeza si el atacante logró robar información sensible de sus víctimas, ni en qué magnitud. Fagerland afirmó haber encontrado cientos de credenciales expuestas en paneles abiertos y dijo estar trabajando junto con Reuters para notificar a las empresas afectadas.
El investigador destacó la sofisticación de algunas de las técnicas empleadas por los agentes de inteligencia artificial. En un caso, tras llegar a un punto muerto contra uno de los objetivos, los sistemas automatizados rastrearon registros digitales en busca de infraestructura asociada a la empresa.
Así localizaron un panel de control de acceso público en el que detectaron una debilidad sutil en el procesamiento de datos. Les tomó horas de prueba y error, pero finalmente consiguieron ejecutar un comando malicioso en el servidor del sitio.
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“No es sencillo llegar a soluciones como esa”, dijo Fagerland. “No es cosa de script kiddies.”
Ante este tipo de operaciones, los especialistas recomiendan a las empresas aplicar parches de seguridad en sus aplicaciones de cara al público, restringir el acceso a los paneles de administración y vigilar la aparición de archivos inesperados en los directorios de sus sitios web.
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