Tesla quiere entrenar un robot registrando los movimientos de sus trabajadores: los empleados se niegan

Optimus no puede aprender simplemente viendo videos de personas trabajando. Necesita ejemplos precisos de cómo se ejecuta físicamente cada tarea

Optimus depende de un insumo incómodo. 

REUTERS/Francis Mascarenhas
Optimus depende de un insumo incómodo. REUTERS/Francis Mascarenhas
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Tesla comunicó en enero de 2026 a trabajadores de sus plantas en Texas y California que necesitaba que algunos usaran equipos de captura de movimiento para registrar cómo ejecutaban tareas de producción, según reveló The Information. La respuesta de una parte del personal fue el rechazo: sabían que ese robot humanoide estaba pensado, a mediano plazo, para reemplazar trabajo humano como el suyo.

Por qué Tesla necesita grabar a sus empleados para entrenar a Optimus

El robot no puede aprender simplemente viendo videos de personas trabajando. Necesita ejemplos precisos de cómo se ejecuta físicamente cada tarea, con datos que un sistema de aprendizaje por imitación pueda traducir en movimientos y secuencias de acciones propias.

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Por eso Tesla mantiene puestos específicos dedicados a la recopilación de datos para Optimus. En ellos, empleados manipulan objetos, siguen recorridos establecidos y utilizan equipos de captura de movimiento mientras repiten acciones determinadas.

Elon Musk - Tesla - Optimus - tecnología - 25 de enero
Mientras Tesla resuelve cómo entrenar al robot, Optimus sigue enfrentando dificultades más elementales que aprender tareas nuevas. (Composición Infobae: REUTERS/Denis Balibouse/Benoit Tessier)

Esta necesidad no es un capricho técnico. Es uno de los mayores obstáculos de la robótica humanoide: lograr que una máquina se desenvuelva en situaciones variadas exige acumular enormes cantidades de datos sobre comportamientos que para los humanos resultan naturales, pero que ningún algoritmo domina de partida.

Optimus, el robot humanoide que Tesla presenta como una de sus grandes apuestas de futuro, depende entonces de un insumo incómodo: el conocimiento corporal de los mismos trabajadores a los que, eventualmente, podría sustituir.

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El rechazo de los trabajadores no frenó la recopilación de datos

Las quejas de parte del personal no hicieron que Tesla abandonara su estrategia. Según The Information, la compañía respondió contratando recopiladores de datos dedicados e instalando cámaras adicionales en las fábricas para registrar tareas.

Buena parte de ese trabajo comenzó a realizarse lejos de las líneas de producción activas, lo que redujo la fricción directa con los empleados que fabrican vehículos. Durante el verano, Tesla dio un paso adicional: empezó a establecer centros de entrenamiento específicos en distintos puntos de Estados Unidos, incluidos Colorado, Arizona y Florida.

A Tesla Optimus robot is displayed next to a logo at the company’s booth at the 8th China International Import Expo (CIIE) in Shanghai, China, November 6, 2025.REUTERS/Maxim Shemetov
A Tesla Optimus robot is displayed next to a logo at the company’s booth at the 8th China International Import Expo (CIIE) in Shanghai, China, November 6, 2025.REUTERS/Maxim Shemetov

El método de fondo no cambió. Lo que cambió, progresivamente, fue quién proporciona esos ejemplos de movimiento y en qué lugares se recopilan, alejando el proceso de las plantas donde surgió la incomodidad inicial.

Los problemas técnicos que Optimus todavía arrastra

Mientras Tesla resuelve cómo entrenar al robot, Optimus sigue enfrentando dificultades más elementales que aprender tareas nuevas. The Information detalla que las manos y los antebrazos del robot reúnen más de un centenar de pequeños componentes, incluidos tornillos, que todavía requieren montaje manual.

Algunas unidades recién fabricadas necesitan correcciones apenas salen de la línea de producción. Los sensores táctiles, además, han presentado problemas de fiabilidad, al punto de que Tesla desarrolló una capa similar a un guante que puede sustituirse sin necesidad de cambiar toda la mano.

A esto se suma una limitación de fondo: el robot todavía requiere programación específica para ejecutar tareas concretas, y solo lo hace en entornos cuidadosamente controlados. La distancia entre la ambición que Elon Musk deposita en Optimus y el estado real del proyecto sigue siendo considerable.

Tesla - Optimus - robot - IA - tecnología - 28 de septiembre
(Tesla)

Tesla habría alcanzado una producción de varios centenares de robots semanales, y sus responsables aspiran a contar, antes de que termine 2026, con una línea automatizada continua capaz de fabricar más de 1.000 unidades por semana.

Un dilema que ya existía antes de los robots humanoides

La tensión que rodea a Optimus tiene precedentes reconocibles fuera del entorno fabril. En Hollywood, guionistas, directores y productores han aceptado trabajos para evaluar o generar material destinado a entrenar modelos de inteligencia artificial.

Los actores de voz, por su parte, se enfrentan a ofertas y contratos vinculados al desarrollo de réplicas sintéticas de su propia voz. En atención al cliente, trabajadores de Amazon también expresaron preocupación por estar alimentando herramientas que podrían terminar asumiendo parte de sus funciones.

Todos estos casos comparten un punto en común: buena parte del conocimiento necesario para automatizar un trabajo sigue procediendo de las personas que ya saben hacerlo. Con los robots humanoides, esa misma tensión que hasta ahora ocurría dentro de una pantalla empieza a trasladarse también al mundo físico.

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