
Una embarcación de apenas 1,2 metros de eslora logró cruzar el océano Atlántico de forma completamente autónoma, un hito que ninguna otra nave había alcanzado en más de 30 intentos previos. El Oshen C-Star PC13 zarpó de Gran Canaria el 7 de mayo y arribó a Barbados 127 días después, tras recorrer 5.721 kilómetros (3.555 millas) sin asistencia externa ni intervención humana en sus decisiones de navegación.
La travesía convirtió al pequeño velero en el primer vehículo en completar con éxito el Microtransat Challenge, una competencia de navegación autónoma creada en 2010 para impulsar el desarrollo de embarcaciones robóticas. Las reglas del desafío exigen que las naves atraviesen el Atlántico sin ayuda externa ni control humano una vez iniciada la travesía.
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El diseño combina viento, sol y software de navegación
El PC13 funciona bajo un principio sencillo: el viento aporta la mayor parte de la propulsión, mientras un software se encarga de la navegación. Antes de zarpar, se programaron los puntos de referencia en la computadora de a bordo.

A partir de ahí, el sistema autónomo determinó cómo alcanzarlos mediante la evaluación constante de las condiciones, entre ellas la dirección y velocidad del viento, las corrientes marinas y la energía disponible en sus baterías.
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La embarcación cuenta además con un propulsor solar que le permite maniobrar con vientos leves, pero las reglas del Microtransat prohibieron su uso durante el cruce. Esto dejó al PC13 dependiente casi por completo de su vela y de la calidad de sus decisiones de navegación.
Durante el trayecto, la nave tuvo que sortear rutas marítimas de tráfico intenso, condiciones climáticas cambiantes y olas de hasta 9 metros (30 pies), incluidas las generadas por la tormenta tropical Dolly.
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Dos fracasos previos allanaron el camino al éxito
Este cruce representó el tercer intento de Oshen, la empresa detrás del proyecto. Un primer intento en 2023 terminó tras apenas 20 días y 10 kilómetros (6,2 millas) recorridos. Un segundo intento en 2024 se extendió durante 277 días y alcanzó cerca de tres cuartas partes del Atlántico antes de que el oleaje destruyera la vela de la embarcación.
Esos fracasos permitieron a la compañía perfeccionar el diseño para despliegues de mayor duración. Durante la travesía de este año, el PC13 presentó un comportamiento errático en el timón hacia la mitad del recorrido, que la empresa atribuye a una fricción excesiva en ese componente. La nave logró corregirse por sí sola y continuó su rumbo hacia el Caribe.
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De competencia robótica a plataforma de sensores oceánicos
Más allá de la hazaña deportiva, el cruce funciona como una demostración de resistencia antes que de velocidad. Las embarcaciones C-Star de Oshen están concebidas principalmente como plataformas autónomas de sensores capaces de operar en zonas donde desplegar y mantener equipos de monitoreo convencionales resulta difícil.
Estos veleros pueden recolectar mediciones de temperatura superficial del mar, temperatura del aire, presión atmosférica, humedad, salinidad y densidad del agua. Esa capacidad podría hacer que flotas de embarcaciones autónomas relativamente económicas resulten útiles para construir bases de datos persistentes en zonas del océano hoy poco monitoreadas.
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La compañía ya había puesto a prueba el concepto en condiciones extremas. En 2025, uno de sus C-Star fue desplegado dentro del huracán Humberto, cerca de las Islas Vírgenes de Estados Unidos, en una misión para la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). La nave sobrevivió varias horas dentro del ojo de la tormenta mientras transmitía datos ambientales.
Red de embarcaciones para monitoreo climático
La empresa busca ahora pasar de vehículos individuales a constelaciones autónomas. Según Oshen, ya utiliza C-Star en el Caribe para el monitoreo de huracanes y planea desplegar una flota de mayor tamaño destinada al seguimiento climático en el Atlántico Norte.
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Ese enfoque podría convertir eventualmente a las embarcaciones autónomas en una red distribuida de estaciones meteorológicas flotantes, capaces de recopilar mediciones de forma continua sin requerir la presencia de una tripulación en altamar.
La resistencia demostrada por estas naves también podría tener aplicaciones fuera del ámbito científico. Oshen señaló que futuras versiones del C-Star podrían incorporar hidrófonos para detectar actividad submarina. Su capacidad de operación autónoma y prolongada en el mar también podría emplearse para el monitoreo de la pesca ilegal o de embarcaciones que operan sin transmitir su posición.
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