Por qué tu PC no mejora en juegos aunque tengas un procesador potente, según Intel

Robert Hallock, vicepresidente de la empresa, destaca que la compatibilidad y optimización de los juegos resulta clave para aprovechar el hardware

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Intel señala el software como el principal obstáculo para mejorar el rendimiento en juegos de PC, incluso con procesadores de última generación. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration/File Photo
Intel señala el software como el principal obstáculo para mejorar el rendimiento en juegos de PC, incluso con procesadores de última generación. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration/File Photo

Contar con un procesador de última generación ya no garantiza, por sí solo, el mejor rendimiento en videojuegos. Así lo sostiene Intel, que apunta directamente al software como el factor clave que limita el desempeño en PC, incluso cuando el hardware es de alta gama.

Robert Hallock, vicepresidente de la compañía, explicó en una entrevista con PC Games Hardware por qué muchos jugadores no logran aprovechar todo el potencial de sus sistemas, pese a invertir en componentes avanzados.

El software, el verdadero cuello de botella

Según Hallock, la causa principal de las fluctuaciones en el rendimiento de los juegos ya no reside en el hardware, sino en el software. Los controladores, la lógica del planificador del sistema operativo y la optimización de los títulos son factores decisivos. “El mercado general de videojuegos para PC, y especialmente los entusiastas, subestiman significativamente la importancia del software para la experiencia de juego”, remarcó el directivo de Intel.

Vista trasera de un joven con auriculares jugando Hitman 3 en una computadora de escritorio con monitor grande, teclado gamer y ratón.
La diversidad de configuraciones en PC dificulta garantizar un rendimiento óptimo en todos los sistemas, según Intel. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los sistemas actuales permiten una infinidad de combinaciones de procesadores, tarjetas gráficas, placas base y versiones de firmware. Esta diversidad, aunque positiva para la personalización, supone un reto para los desarrolladores de juegos y controladores, que deben garantizar la compatibilidad y el rendimiento óptimo en cientos de configuraciones posibles.

La consecuencia es que, en muchas ocasiones, los juegos no alcanzan su desempeño teórico máximo, no por falta de potencia, sino por una gestión deficiente del software.

Del hardware al equilibrio con el software

En la última década, la industria del videojuego experimentó un cambio notable. Mientras que antiguamente bastaba con actualizar el hardware para ver mejoras inmediatas en los juegos, hoy esto ya no es suficiente. “No existe ningún juego en el mundo que sea tan rápido solo gracias al hardware. Eso ya no existe”, afirma Hallock. Para sacar el máximo provecho de los procesadores y tarjetas gráficas actuales, es imprescindible una optimización adicional a nivel de software.

Un ejemplo claro es el de las arquitecturas híbridas, que combinan núcleos de alto rendimiento y eficiencia. En generaciones previas, el planificador del sistema operativo no gestionaba correctamente estos recursos, lo que generaba la impresión de que algunas CPU ofrecían un rendimiento inferior al esperado. Intel sostiene que esto no se debía a una limitación del hardware, sino a una falta de adaptación del software.

Muchos juegos se desarrollan primero para consolas, lo que puede dejar sin aprovechar hasta un 30% del rendimiento de los procesadores en computadoras. (Europa Press)
Muchos juegos se desarrollan primero para consolas, lo que puede dejar sin aprovechar hasta un 30% del rendimiento de los procesadores en computadoras. (Europa Press)

Juegos pensados primero para consolas

Otra de las causas señaladas por Intel es el propio proceso de desarrollo de los videojuegos. Muchos títulos se diseñan y optimizan primero para consolas y solo después se adaptan para PC. Esta práctica puede dejar sin aprovechar entre un 10 y un 30% del rendimiento potencial en ordenadores, ya que las versiones para PC no siempre reciben los ajustes necesarios para sacar partido a todo el hardware disponible.

Robert Hallock destaca que, aunque los jugadores demandan mejoras de rendimiento mediante hardware más rápido, sin una optimización de software adecuada, siempre quedará una parte importante del potencial sin utilizar: “Puedes hacer que el juego sea más rápido con un hardware más potente, pero siempre habrá un 10, 20 o 30% de rendimiento oculto tras el hecho de que ese juego simplemente no fue optimizado para tu CPU”.

Estrategia de Intel: hardware y software de la mano

Ante este escenario, Intel apuesta por una estrategia doble. Por un lado, continúa avanzando en el desarrollo de hardware, mejorando aspectos como la latencia, las estructuras de caché y la gestión de subprocesos. Por otro, da cada vez más importancia al software, con tecnologías como Thread Director, que distribuye las tareas entre diferentes núcleos según sus capacidades, y nuevas vías para la optimización binaria de aplicaciones.

Intel apuesta por una estrategia que combina innovación en hardware y avances en tecnologías de optimización de software. (Europa Press)
Intel apuesta por una estrategia que combina innovación en hardware y avances en tecnologías de optimización de software. (Europa Press)

Hallock resume la situación con una advertencia: “Lo que los jugadores me han pedido literalmente es: ‘Oye, no hagas esto del software. Simplemente crea hardware más rápido’. Y lo que realmente me están pidiendo es: ‘Oye, simplemente deja un 20% de rendimiento atrás’. Ese no es el tipo de negocio que quiero dirigir”.

Intel resurge en ventas y asegura inversión de EE. UU.

En paralelo a lo que sucede a nivel técnico, el valor de la participación del gobierno estadounidense en Intel se ha cuadruplicado hasta alcanzar unos 36.000 millones de dólares, tras el fuerte repunte en las acciones de la compañía debido a mejores perspectivas financieras y ventas, informó Bloomberg.

Esta inversión, originada en el marco de la CHIPS Act, convierte a Washington en el mayor accionista de Intel y supone una rentabilidad teórica de casi 27.000 millones de dólares desde el inicio del acuerdo. El movimiento refuerza la alianza entre Intel y el gobierno de EE.UU. y consolida el respaldo estatal como factor clave frente a la competencia global en la industria de semiconductores.