
El uso cada vez más extendido de celulares y dispositivos digitales entre niños está desplazando una práctica clave para la memoria: el dibujo como herramienta para procesar y recordar información.
Especialistas en psicología del aprendizaje, como Sabrina Panesi de UniGe, advierten que esta actividad, muchas veces relegada por las pantallas, cumple un rol fundamental en el desarrollo cognitivo y en la forma en que los menores comprenden el mundo.
Lejos de ser solo una actividad creativa o recreativa, dibujar activa múltiples procesos mentales al mismo tiempo. Cuando un niño transforma una idea en una imagen, pone en marcha habilidades visuales, motoras y de razonamiento, lo que genera una codificación más profunda de la información. Esto explica por qué, en muchos casos, los menores recuerdan mejor lo que dibujan que aquello que solo leen o escuchan.

Más que un dibujo: una forma de aprender
El valor del dibujo no está en el resultado estético, sino en el proceso. Para representar una idea, el niño debe seleccionar información relevante, organizarla y decidir cómo plasmarla en el papel. Ese recorrido exige un nivel de comprensión que no siempre se activa al copiar o repetir contenido.
De acuerdo a un artículo publicado en ScienceDirect, se ha demostrado que dibujar lo que se aprende mejora significativamente la memoria. La razón es que el cerebro genera una representación más rica y completa al combinar diferentes vías de procesamiento, lo que facilita la recuperación posterior de la información.
Por ejemplo, si un niño dibuja el ciclo del agua o una escena de un cuento, no puede hacerlo de forma automática. Debe pensar qué elementos incluir, cómo se relacionan entre sí y qué significado tienen dentro del conjunto. Ese esfuerzo adicional fortalece la memoria y la comprensión.

El impacto en el desarrollo cognitivo
La relación entre dibujo y aprendizaje va más allá de la memoria. Investigaciones con niños en edad preescolar han encontrado que existe una conexión directa entre la capacidad de dibujar y el desarrollo del lenguaje, así como con funciones ejecutivas como la memoria de trabajo y la organización de ideas.
Esto significa que el dibujo no es una actividad aislada, sino que forma parte de un conjunto de habilidades clave para el aprendizaje. Al dibujar, los niños entrenan su capacidad para mantener información en mente, seguir secuencias y expresar conceptos, competencias esenciales en la lectura y la escritura.
En ese sentido, la reducción del tiempo dedicado a actividades manuales, frente al aumento del uso de pantallas, podría tener efectos en estas capacidades. El consumo pasivo de contenido digital no siempre exige el mismo nivel de procesamiento que actividades como dibujar, lo que limita ciertas formas de aprendizaje activo.

El error de enfocarse solo en lo visual
Uno de los problemas más comunes en el uso del dibujo como herramienta educativa es centrar la atención en el resultado estético. Cuando la prioridad es que el dibujo “quede bien”, se pierde gran parte de su valor cognitivo.
Los especialistas señalan que no cualquier dibujo produce los mismos beneficios. Copiar imágenes sin relación con el contenido o realizar garabatos sin sentido no genera el mismo impacto que dibujar para explicar o entender una idea.
El beneficio aparece cuando el dibujo se convierte en una herramienta para pensar. Es decir, cuando el niño lo utiliza para reconstruir información, ordenar conceptos o representar lo que ha comprendido. En ese contexto, incluso un dibujo simple o imperfecto puede ser más útil que uno elaborado pero mecánico.

Cómo integrar el dibujo en la era digital
Frente a este escenario, los expertos sugieren no eliminar el uso de tecnología, sino equilibrarlo con actividades que fomenten el aprendizaje activo. El dibujo puede integrarse como complemento en distintos contextos educativos.
Algunas estrategias incluyen pedir a los niños que representen visualmente lo más importante de un tema, que dibujen los pasos de un proceso o que expliquen una idea mediante imágenes. Estas consignas convierten el dibujo en una herramienta funcional, no en una tarea decorativa.
También implica cambiar la mirada sobre esta actividad. En lugar de considerarla un “descanso” o una pérdida de tiempo, puede entenderse como un recurso que ayuda a consolidar conocimientos.
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