
El uso de inteligencia artificial para crear y distribuir imágenes íntimas falsas ha alcanzado una escala industrial en Telegram. Un análisis realizado por The Guardian identificó al menos 150 canales en la plataforma de mensajería que difunden desnudos deepfake generados por IA, afectando a mujeres de todo el mundo y facilitando el acceso instantáneo a contenido no consensuado.
Telegram, conocido por sus chats encriptados y la posibilidad de crear canales con miles de miembros, se ha convertido en uno de los principales espacios para este tipo de abuso digital. Los canales detectados operan en distintos países, desde Reino Unido y Brasil, hasta China, Nigeria, Rusia e India.
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Algunos cobran por “desnudar” fotos mediante IA o por generar videos sexuales falsos de cualquier mujer a partir de una imagen. Otros distribuyen gratuitamente imágenes manipuladas de celebridades, influencers y mujeres que no son mediáticas, además de compartir consejos para el uso de estas herramientas.
Un ecosistema global de abuso digital
La disponibilidad de tecnologías de IA para manipular imágenes ha democratizado el acceso a la creación de pornografía deepfake. Ahora, cualquier usuario puede convertir a una mujer en objetivo de contenido sexual falso y viralizable, sin su conocimiento ni consentimiento.
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En canales en ruso, por ejemplo, se promocionan bots capaces de generar videos explícitos a partir de una simple foto, mientras que en canales chinos —con decenas de miles de suscriptores— los usuarios difunden videos de exparejas o conocidas “desnudadas” por IA.
En Nigeria, los canales mezclan deepfakes con imágenes íntimas robadas, generando una red aún más compleja de violencia digital. Anne Craanen, investigadora del Instituto para el Diálogo Estratégico de Londres, explica que Telegram permite evadir los controles de plataformas más grandes como Google, además de facilitar la circulación de consejos para sortear las barreras que intentan imponer los desarrolladores de IA para evitar estos abusos.
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El fenómeno, señala Craanen, no solo implica la producción y distribución de imágenes, sino que también se alimenta del “boasting” o alarde entre los usuarios sobre sus acciones, reflejando un trasfondo misógino destinado a humillar o silenciar mujeres.
La respuesta de Telegram ha sido eliminar miles de contenidos cuando son detectados. Según datos de la plataforma, en 2025 se retiraron más de 952.000 archivos relacionados con pornografía deepfake.
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La empresa asegura que estos materiales y las herramientas que los generan están prohibidos por sus términos de servicio, y que utiliza sistemas de moderación apoyados en IA para identificar y eliminar el material infractor. Sin embargo, el volumen y la velocidad con la que surgen nuevos canales y bots superan la capacidad de control.
Falta de regulación y consecuencias para las víctimas
La proliferación de deepfakes sexuales en Telegram es el reflejo de un problema que atraviesa todo el ecosistema digital. El informe de la Tech Transparency Project reveló que existen decenas de aplicaciones de “nudificación” disponibles en las tiendas de Google y Apple, con más de 700 millones de descargas en conjunto. Aunque ambas compañías han eliminado varias de estas apps tras el reporte, otras continúan activas o reaparecen bajo diferentes nombres.
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El vacío legal es otro factor clave. Solo un 40% de los países cuentan con leyes para proteger a mujeres y niñas del acoso o la violencia digital, según datos del Banco Mundial y la ONU. En el sur global, la falta de regulación, la baja alfabetización digital y la pobreza agravan la vulnerabilidad.
Activistas y especialistas como Ugochi Ihe, de la organización nigeriana TechHer, reportan casos de mujeres extorsionadas mediante deepfakes creados por prestamistas o conocidos. El impacto trasciende lo digital: las víctimas enfrentan aislamiento, problemas de salud mental, pérdida de empleo y rechazo social o familiar.
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Mercy Mutemi, abogada en Kenia que representa a víctimas de este tipo de abuso, advierte sobre las consecuencias irreparables: “Una vez que la imagen circula, no hay forma de recuperar la dignidad ni la identidad. Aunque se demuestre que fue un deepfake, el daño ya está hecho”. Su experiencia incluye jóvenes expulsadas de la escuela o privadas de oportunidades laborales por la circulación de imágenes manipuladas sin su consentimiento.
La escala y gravedad de este fenómeno subrayan la urgencia de promover marcos legales más sólidos, estrategias de prevención y mayor responsabilidad por parte de las plataformas tecnológicas para proteger la privacidad y la integridad de las mujeres en el entorno digital.
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