
En el CES 2026 de Las Vegas, un evento que históricamente ha marcado tendencias en la industria tecnológica, la empresa Lovense presentó una muñeca de tamaño real equipada con inteligencia artificial capaz de recordar, conversar y adaptar su personalidad, lo que ha generado debate sobre los límites de la intimidad entre humanos y máquinas.
La compañía, reconocida por sus juguetes sexuales conectados, ha dado un giro al introducir a Emily, un robot diseñado para establecer una relación empática con sus usuarios.
Emily se distingue por un exterior de silicona realista, un esqueleto totalmente articulable y la capacidad de realizar movimientos faciales básicos, como sonrisas y gestos con la boca. La verdadera innovación reside en su software emocional, que permite mantener conversaciones, recordar interacciones y personalizar el comportamiento con el tiempo.
Según Lovense, el diferencial principal no reside solo en el hardware, sino en la capacidad de la IA para acumular experiencias y ofrecer un vínculo personalizado.

Durante la presentación, Lovense describió a Emily como una posible solución para la crisis de soledad que afecta a millones de personas en el mundo. El objetivo, según la empresa, es brindar “confianza a través de una conexión sin juicios y una expresión íntima segura”. Con este discurso, buscan posicionar al robot como un acompañante explorador de emociones, más allá de su función como dispositivo sexual.
La integración con la aplicación de Lovense permite que los usuarios interactúen con la IA incluso a distancia, recibir “selfies” generadas por el sistema y ajustar tanto la apariencia física como los rasgos de personalidad. Estas características diferencian a Emily de otras propuestas similares, como la robot Aria presentada en el CES 2025 por la empresa Realbotix, que apostó por la apariencia humana y la conexión emocional, aunque dirigida a otros sectores como salud y servicios corporativos.
El precio de Emily oscilará entre USD 4.000 y USD 8.000, según el nivel de personalización elegido, y su llegada al mercado está prevista para 2027. La autonomía de la batería alcanza hasta ocho horas por carga, y la conectividad Bluetooth permite su integración con otros dispositivos del ecosistema Lovense.
El concepto difuso de la intimidad en la era de la IA
La aparición de robots como Emily ha encendido un debate sobre la naturaleza de las relaciones humano-máquina. Investigaciones académicas sugieren que algunas personas pueden desarrollar lazos emocionales profundos con agentes de IA personalizados, lo que plantea interrogantes sobre el bienestar emocional y el impacto de este tipo de tecnología en la vida cotidiana.

Los defensores argumentan que sistemas capaces de memorizar preferencias y responder de forma adaptable podrían servir como soporte emocional, en línea con otras herramientas digitales para la salud mental.
En contraste, persisten voces críticas que advierten sobre el riesgo de que este tipo de compañía refuerce el aislamiento social. Algunos participantes han señalado que una relación con un robot de inteligencia artificial solo puede ofrecer una “ilusión de reciprocidad”, ya que no existe una experiencia compartida ni crecimiento interpersonal auténtico. Además, recuerdan que la interacción con un agente sintético no sustituye la complejidad y profundidad de los vínculos humanos tradicionales.
La dimensión ética y la privacidad forman parte central de la discusión. Antecedentes de vulnerabilidades en la aplicación de Lovense provocaron accesos no autorizados y grabaciones no consentidas, lo que subraya la importancia de proteger los datos sensibles acumulados durante las interacciones íntimas. La empresa ha indicado que se están reforzando los protocolos de seguridad para evitar incidentes similares.

Lo innegable es que, en términos tecnológicos, el diseño de Emily representa uno de los avances más sofisticados en la integración de IA generativa, memoria adaptativa y robótica expresiva. El desarrollo de estos sistemas señala una tendencia hacia plataformas que combinan hardware, software y personalización a largo plazo mediante aprendizaje automático.
Aún así, la llegada de Emily al mercado evidencia cómo la frontera entre producto y compañero se vuelve cada vez más difusa. Mientras la tecnología avanza hacia formas de interacción más personales, surgen nuevas preguntas sobre el papel que la inteligencia artificial desempeñará en la vida emocional y social de las personas. También se plantean desafíos para la privacidad, la ética y la comprensión de la intimidad en la era digital.
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