
En una cafetería un grupo de adolescentes se reúne para hablar de su serie favorita. Lo curioso es que no cruzan muchas palabras. Cada uno está inmerso en su teléfono, editando clips, respondiendo historias, navegando entre mundos paralelos.
Lo que para otros puede parecer desconexión, para ellos es parte de una vida completamente integrada entre lo físico y lo digital. El consumo, en este entorno, se ha convertido en una experiencia moldeada por la posibilidad de evadir, transformar y reimaginar la realidad con ayuda de la tecnología.
El informe Future 100 Latam 2025, publicado por VML Latinoamérica, revela que el 69% de los jóvenes de la generación Z en la región prefiere usar la tecnología para escapar de su entorno inmediato. Esta estadística no muestra solo una costumbre, sino una necesidad emocional y cultural de buscar otras versiones del mundo que habitan.

Según Ernest Riba, chief strategy officer de VML Latam, la evasión no es una fuga vacía, sino “una forma de optimismo y una ruta para imaginar o manifestar una realidad mejor”.
Cómo percibe la generación Z a la tecnología
El uso de la tecnología por parte de esta generación no se limita a herramientas funcionales o entretenimiento casual. Es una forma de habitar el mundo. Las plataformas digitales funcionan como espacio de identidad, expresión y conexión.
Desde relaciones amorosas hasta decisiones de compra, todo está mediado por entornos tecnológicos que permiten explorar sin límites geográficos ni físicos. Aun así, el informe también revela un matiz inesperado.

A pesar de esta inmersión digital, un 36% de los encuestados prefiere conocer personas en espacios presenciales. Esto demuestra una búsqueda de equilibrio entre el mundo virtual y la experiencia tangible.
La lógica de consumo de la generación Z
Para esta generación, el consumo no responde a la lógica tradicional. No se trata solo de adquirir productos, más bien de cómo esos productos se integran a su universo digital. Una bebida que cambia de color, un postre inspirado en personajes de ficción, un empaque que puede escanearse para liberar una experiencia aumentada.
La comida y la bebida se convierten en vehículos para el escapismo cotidiano. Son recursos simbólicos que permiten transformar la rutina en una experiencia visual, estética y emocional.
Las marcas que entienden este comportamiento han comenzado a diseñar experiencias que apelan directamente a esta lógica. En el sector de belleza, por ejemplo, los productos dejaron de ser el centro. Ahora lo son las experiencias inmersivas, las colaboraciones inesperadas, las campañas que cruzan fronteras entre realidad física y digital.

Para conectar con esta generación no basta con ofrecer un artículo funcional. Hace falta construir una narrativa que se pueda compartir, reinterpretar.
Relaciones con lo artificial y sus vínculos sin prejuicio
Carolina Mejía, desde VML Colombia, señala que esta generación “no tiene tanto dilema frente a relacionarse con la tecnología”. Su relación con las herramientas digitales es fluida, intuitiva y emocional. Incluso hay quienes establecen vínculos afectivos con chatbots.
Estos comportamientos, que pueden parecer extremos desde una óptica tradicional, reflejan la evolución de una sociedad donde las pantallas no separan, sino que amplifican las formas de contacto humano.
Al mismo tiempo, surge una tensión. El exceso de estímulos digitales genera fatiga. Por eso, dentro del mismo informe, aparece la tendencia que VML llama intuición aterrizada.
Esta busca reconectar con el cuerpo, con los sentidos, con alimentos y rutinas que den calma y claridad. En un mundo sobresaturado, el acto de pausar, respirar y mirar hacia adentro se transforma en un nuevo tipo de consumo, más íntimo y sensorial.
También se destaca el rol de las comunidades digitales. Más de la mitad de los jóvenes de la región considerarían unirse al club de fans de una marca si existiera. Aquí, el consumo se fusiona con el deseo de pertenecer, de crear vínculos, de compartir valores.
Los fandoms se convierten en un terreno fértil para que las marcas cultiven lealtad y narrativa cultural. Ya no basta con ser visibles. Ahora deben ser significativas.
En este panorama, la generación Z no solo usa la tecnología para escapar. La emplea para diseñar alternativas, para ampliar sus posibilidades, para narrar un presente que no siempre les ofrece certidumbre.
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