
El gasto de grandes sumas de dinero en videojuegos puede parecer inverosímil para quienes no están familiarizados con las dinámicas digitales actuales. Sin embargo, en los últimos años, miles de jugadores en todo el mundo han destinado recursos significativos a objetos virtuales dentro de plataformas de entretenimiento.
En 2020, un joven británico perdió los ahorros destinados a su ingreso universitario debido a los micropagos de un videojuego. Jonathan Peniket, entonces de 17 años, explicó que llegó a gastar cerca de 3.000 libras esterlinas (aproximadamente 3.800 dólares) en sobres virtuales del modo “Ultimate Team” del videojuego FIFA, desarrollado por EA Sports.
“Me encantan los videojuegos desde que era niño”, explicó Peniket a BBC, en su momento. “Recuerdo haberme despertado temprano los fines de semana para jugar FIFA 05 con el volumen apagado para no despertar a mis padres”. Sin embargo, añadió que las cajas de botín lo condujeron a “una de las peores experiencias de su vida”.

En sus primeras interacciones con los micropagos, el adolescente solicitó permiso a sus padres para gastar parte de su dinero en sobres del juego. Aunque inicialmente percibió la dinámica como inofensiva, con el tiempo se intensificó su comportamiento.
Cuando obtuvo su primera tarjeta de débito a los 17 años, comenzó a realizar pagos frecuentes y cada vez más elevados. Según su testimonio, llegó a gastar entre 80 y 100 dólares varias veces en una misma noche.
“Compraba tarjetas de descarga en tiendas y las escondía en mi habitación para que mis padres no lo supieran”, relató. Con el acceso directo al saldo de su cuenta bancaria, el joven intensificó sus gastos hasta agotar por completo los fondos que su familia había ahorrado para sus estudios.
El caso de Peniket se ha convertido en un ejemplo citado con frecuencia en los debates sobre las “loot boxes” o “cajas de botín”, sistemas aleatorios de recompensas que permiten a los jugadores obtener objetos virtuales, muchas veces tras realizar pagos con dinero real.

En el modo Ultimate Team, introducido en FIFA en 2009, los jugadores construyen equipos de fútbol utilizando cartas digitales que pueden obtenerse gratuitamente mediante el progreso en el juego o comprarse con dinero.
Aunque el acceso a este modo es gratuito, se ofrecen compras dentro del juego para adquirir sobres con cartas de jugadores. El contenido de los sobres es aleatorio, lo que introduce una dinámica comparable a la de juegos de azar.
Según Peniket, este sistema lo llevó a desarrollar una conducta compulsiva hacia los micropagos, especialmente durante un periodo de alta vulnerabilidad emocional. En la entrevista con la BBC, explicó que comenzó a gastar dinero de forma impulsiva cuando su madre fue diagnosticada con cáncer.
“Subrayo que los videojuegos pueden ser beneficiosos para muchos niños. Algunos de mis mejores amigos los conocí en línea”, declaró. “Pero las cajas de botín me llevaron a una experiencia que nunca quise vivir”.

La situación planteó interrogantes sobre la regulación de las cajas de botín. El Comité de Juegos del Parlamento británico ha promovido desde entonces una revisión legal que clasifique estos sistemas como una forma de juego de azar, con el fin de establecer restricciones similares a las aplicadas a las apuestas. Iniciativas similares han sido debatidas en otros países europeos.
Por su parte, la industria de los videojuegos ha respondido a las críticas enfatizando que los micropagos no son obligatorios. EA Sports, desarrolladora de FIFA, ha sostenido que los jugadores pueden acceder al contenido del juego sin realizar compras con dinero real y que el progreso en el modo Ultimate Team es posible sin inversiones económicas.
El debate sobre la regulación de estos sistemas sigue abierto. Mientras empresas del sector argumentan que los usuarios tienen la opción de no participar en los micropagos, organizaciones de protección al consumidor y legisladores han insistido en la necesidad de establecer límites legales más claros para evitar que se repitan casos como el de Jonathan Peniket.
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