
En los últimos años se ha popularizado una práctica conocida como enmascaramiento de tareas, ‘task masking’ o falsa conductividad. Esto se refiere a la práctica de aparentar estar ocupado mientras se realizan tareas que no requieren de una atención constante o incluso de trabajo efectivo.
Esta tendencia ha cobrado relevancia en el entorno laboral, especialmente entre los empleados de la Generación Z, quienes han adoptado métodos para simular productividad en un contexto donde la vigilancia corporativa es creciente.

Una de las formas más comunes de este fenómeno es el uso de auriculares AirPods mientras se dictan en voz alta correos electrónicos o fragmentos de textos. Aunque el trabajador parece estar concentrado en una tarea importante, lo cierto es que su productividad real está lejos de ser tangible.
El fenómeno ha adquirido notoriedad tras el impacto de la pandemia de COVID-19. Con el auge del teletrabajo, muchos empleados, incluidos los de la Generación Z, se acostumbraron a un modelo flexible y autónomo de trabajo, donde la productividad no dependía tanto de la presencia física en una oficina.
Sin embargo, a medida que las empresas comenzaron a exigir el regreso a las oficinas, surgió una disonancia: los empleados debían volver a la oficina a cumplir con un horario establecido, aunque muchas veces sus tareas ya no requerían la misma cantidad de tiempo o interacción.
Según un artículo reciente de ‘The Guardian’, este cambio ha generado un choque entre la flexibilidad alcanzada durante los años de pandemia y las expectativas de las empresas, lo que ha dado pie al fenómeno del ‘task masking’.

Para algunos empleados, esta práctica también está estrechamente relacionada con las políticas de control de productividad implementadas por algunas compañías. En su afán por monitorear el desempeño de sus empleados, muchas empresas han recurrido a herramientas de vigilancia en las oficinas, como la eliminación de puntos ciegos en los cubículos y la creación de espacios más diáfanos.
Este tipo de ambientes podría fomentar la adopción de comportamientos como el ‘task masking’, ya que los empleados se sienten presionados a justificar su tiempo de trabajo, incluso cuando sus tareas ya han sido completadas rápidamente.
La consultora de Recursos Humanos Caged Bird señala en sus redes sociales que esta tendencia es una respuesta directa a las exigencias de los empleadores por mantener una presencia física constante en la oficina, a pesar de que muchos trabajadores de alto rendimiento ya completan sus tareas con rapidez.

La falta de reconocimiento de esta eficiencia, sumada a la presión por permanecer en el lugar de trabajo, motiva a los empleados a adoptar estrategias como una forma de encubrir la verdadera naturaleza de su productividad.
Asimismo, el ‘task masking’ ha ganado aún más visibilidad gracias a las redes sociales, en especial TikTok, donde jóvenes empleados comparten sus experiencias de trabajo. En algunos casos, los usuarios de esta plataforma han documentado de manera irónica y hasta humorística sus intentos de aparentar estar ocupados, reflejando una desconexión entre lo que se espera de los trabajadores y lo que realmente ocurre en el entorno laboral.
La respuesta a esta frustración ha sido la búsqueda de formas de adaptarse al sistema corporativo sin necesariamente cumplir con las expectativas tradicionales de presencia y productividad. Este comportamiento, aunque no nuevo, ha ganado visibilidad en la medida en que las empresas continúan ajustando sus políticas laborales tras la pandemia.

El fenómeno del ‘task masking’ subraya una paradoja en el mundo laboral actual: mientras que las empresas buscan controlar cada vez más a sus empleados, muchos de esos mismos trabajadores recurren a estrategias de simulación para manejar las demandas de vigilancia y el desgaste que genera la obligación de estar físicamente presentes en la oficina.
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