“Nos encerró ahí porque nos quería matar a todos”, esa fue la declaración del dueño de la peluquería Verdini, quien este miércoles dio su testimonio ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 24 de la Capital Federal. Facundo Verdini reconstruyó lo sucedido la noche del 20 de marzo de 2024 en que el estilista Abel Guzmán mató a su colega Germán Medina de un disparo en la cabeza dentro del local de Recoleta.
La audiencia del 29 de abril fue la tercera del juicio oral que se sigue contra Guzmán, acusado de homicidio agravado por alevosía y privación ilegítima de la libertad agravada. La acusación está a cargo de la fiscal general Ana Helena Díaz Cano y el auxiliar fiscal Nicolás Tecchi, de la Fiscalía N° 15 ante los Tribunales Orales en lo Criminal y Correccional. El dueño del local declaró como testigo de la querella, en su calidad de damnificado.
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Según su relato, ese día todo parecía transcurrir con normalidad, con una sola excepción: Guzmán llegó al trabajo completamente rapado. En la audiencia anterior, el encargado del local ya había revelado que fue él quien le hizo ese corte a pedido del acusado, y que durante esa misma conversación Guzmán le dijo que necesitaba “paz mental” y que quería hablar con él y con el dueño. Al invitarlo a tomar un café, la respuesta fue lapidaria: “Es el último café que me vas a pagar”.
La jornada cerró como tantas otras veces. Era habitual que el grupo de trabajo se quedara después de hora a compartir algo, y esa noche no fue distinto. Fue el propio Medina quien salió a comprar unas cervezas para la ronda. Una vez que volvió, el acusado cerró puertas y persianas, se acercó al dueño y le preguntó si tenía algo para decirle. La respuesta fue que hablarían al día siguiente. Guzmán no aceptó esa respuesta: insistió en que la conversación tenía que ser en ese momento, sacó un arma y apuntó a todos los presentes.
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"Nos repetía que nos iba a volar la cabeza a todos“, recordó el dueño ante las preguntas de la fiscal Díaz Cano. Lo que siguió fue, según describió, muy rápido. "Germán no dijo ni una palabra y le disparó“, sostuvo, y agregó que tras el disparo Guzmán lo miró a él y volvió a cargar el arma.
El dueño corrió hacia su oficina y terminó refugiado en el baño mientras el acusado lo buscaba por el local. Desde allí llamó al 911. La policía llegó minutos después y, al revisar las cámaras de seguridad, pudo verse la secuencia completa: la previa al disparo, el momento del hecho y la fuga posterior. Las imágenes también confirmaron que Guzmán había cerrado las puertas antes de actuar. "Él nos encerró ahí porque nos quería matar a todos“, remarcó el testigo.
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Antes de su testimonio, una empleada que también estaba en el local esa noche declaró a puertas cerradas, sin presencia de público en la sala. En audiencias previas, la recepcionista había contado que el miedo fue generalizado porque “cualquiera podía ligar” y que Guzmán amenazó con disparar si alguien se movía. Además, señaló que el acusado solía dirigirle expresiones homofóbicas a Medina.
El dueño describió el último mes de trabajo de Guzmán como complejo y señaló el uso de formol —sustancia prohibida por sus efectos tóxicos— como el eje de las tensiones. “Hacía cosas para hinchar, para fastidiar a todos”, afirmó. Pese a que le retiró la llave y le prohibió expresamente usar ese producto en sus trabajos de alisado capilar, el acusado continuó haciéndolo. “Le saqué la llave y le prohibí usar formol, pero seguía”, relató ante el tribunal.
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Esa disputa había quedado registrada en el chat grupal de trabajo del 24 de febrero de 2024, semanas antes del crimen. El dueño, Facundo Verdini, envió al grupo un video en el que dejaba en claro la prohibición del formol, en referencia directa a Guzmán, el único que lo usaba. La reacción del acusado fue inmediata: “Te olvidas de quién sos… siempre estuve y nunca te abandoné y te portas así conmigo. No quiero más, mañana te busco en la pelu y lo resolvemos mañana mismo”. Fue entonces cuando Medina intervino: “Hasta donde yo entiendo, se hace lo que el jefe dice y si no, patada en el tuje. Onda, ¿dónde se vio que se le hable así al que te paga el sueldo?”.
La madre y la hermana de la víctima también prestaron declaración en audiencias anteriores. La madre contó que su hijo le había comentado que clientas se quejaban por el olor a formol y que una mujer en tratamiento de quimioterapia debió retirarse del local porque no toleraba el ambiente. La hermana agregó que Medina había advertido a sus jefes sobre el uso de esa sustancia.
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El propio Guzmán reconoció los hechos en la primera audiencia del juicio, el 15 de abril. “Me cegué, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias”, dijo ante los jueces. Señaló que el conflicto laboral y económico con el dueño fue determinante: reclamaba una indemnización de más de 55 millones de pesos que nunca logró acordar. “El reclamo duró más de un año, tratando de negociar y nunca quedamos en acuerdo en absolutamente nada”, sostuvo.
Las pericias psicológicas incorporadas al expediente determinaron que Guzmán no presenta trastornos mentales ni déficit cognitivo, que tiene conciencia de su situación procesal y que es plenamente imputable. Tras el crimen, huyó por una ventana y permaneció prófugo 70 días hasta que fue detenido en Paso del Rey, en el conurbano bonaerense, gracias a la información aportada por un testigo de identidad reservada que se contactó con la línea de denuncias del Ministerio de Seguridad de la Nación. Los alegatos de las partes acusadoras están programados entre el 5 y el 7 de mayo.
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