
El juicio por la trágica muerte de Valentín Mercado Toledo, un niño de cuatro años que falleció en un caso de presunta mala praxis en una clínica de General Roca, llegó a su etapa final. En las últimas horas, el Ministerio Público Fiscal pidió tres años de prisión de ejecución condicional e inhabilitación especial por diez años para ejercer la medicina para el anestesiólogo Mauricio Javier Atencio Krause, declarado penalmente responsable por “homicidio culposo”. El veredicto se conocerá el próximo martes.
El pedido de condena llegó tras un extenso proceso judicial en el que se expusieron los detalles de lo ocurrido el 11 de julio de 2024 en el Sanatorio Juan XXIII, cuando Valentín ingresó al quirófano para una cirugía programada y terminó con muerte cerebral.
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La investigación judicial determinó que durante la operación, el anestesiólogo se ausentó del quirófano, quedó distraído con su teléfono celular y la máquina de anestesia permaneció apagada o fuera de funcionamiento durante al menos veinte minutos críticos, lo que desencadenó un paro cardíaco y la falta irreversible de oxigenación para el niño.

Al momento de exponer los fundamentos de la acusación, el representante del Ministerio Público Fiscal remarcó el carácter “traumático” del hecho para la familia y extendió el impacto a la comunidad educativa y social de General Roca, detallando que el suceso “destruyó lazos afectivos y nunca más volvieron a ser felices”.
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En palabras del fiscal, “la edad del niño, que sólo tenía cuatro años, representó una gran pérdida no solo para su familia y grupo de pertenencia, sino para toda la sociedad. Es agravante la conducta que desarrolló el profesional durante la intervención. Se probó que no fue adecuada: solo tenía que mirar el aparato que monitoreaba al paciente o con solo observar al pequeño podría haber detectado lo que sucedía”.
El fiscal también subrayó que durante el procedimiento Atencio Krause “utilizaba su celular, estaba sentado y salió a buscar un cargador sin dejar a nadie a cargo”. A esto se sumó “la falta de respuesta o reacción para intentar arreglar lo que había provocado”, y el hecho de que fue necesario convocar a tres anestesiólogos más y una cirujana pediátrica para intentar revertir, tardíamente, la situación crítica de Valentín.
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“Esto demuestra una vez más su grado de impericia”, sostuvo el fiscal, quien concluyó su alegato solicitando “la pena máxima de tres años de prisión de ejecución condicional y la inhabilitación especial máxima para ejercer la medicina durante diez años, más las costas”.
La querella, que representa a la familia del pequeño Valentín, adhirió de manera integral a la solicitud fiscal. De acuerdo a lo informado por el Ministerio Público, el abogado querellante no solo ratificó el pedido de tres años de prisión y la inhabilitación por una década, sino que también resaltó la gravedad del caso y la necesidad de un fallo ejemplar para la sociedad.
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Por su parte, la defensa particular del anestesiólogo reconoció el dolor generado, aunque pidió el mínimo penal previsto en la ley para su asistido. Además, solicitó que, en caso de prosperar la inhabilitación, la misma se restrinja específicamente al ejercicio de la medicina pediátrica, permitiendo a Atencio Krause continuar trabajando en otras áreas del campo médico.
Su defensor argumentó que el imputado “no fue indiferente a lo sucedido, su enfermedad se ha agravado durante este proceso, y su ánimo, salud y vida cotidiana se han visto severamente afectados”. Alegó además que el médico “es empático y eso habla de su calidad humana, no es que siguió su vida como si nada hubiera ocurrido”.
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Como atenuante, la fiscalía solo tomó en cuenta “el comportamiento del imputado durante este proceso y la ausencia de antecedentes penales”.
Concluidas las instancias de alegatos, el juez anunció que la resolución y la sentencia definitiva se conocerán el próximo martes 10 de febrero a las 12:30, en una audiencia que será seguida de cerca tanto por la familia de Valentín como por la comunidad de General Roca, que reclama justicia por el niño y una sanción ejemplar por lo ocurrido.
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Una “operación breve”
El pediatra y cirujano Fernando Cordero le aseguró a Ariana, la mamá de Valentín, que la operación de julio 2024 sería breve, de una hora u hora y media, y que podía esperar tranquila en la habitación. A las ocho en punto, la mujer se despidió de su hijo, quien -como recalca una y otra vez- entró caminando al quirófano.
Pero la normalidad se fue diluyendo con el paso de las horas. Era casi el mediodía y Ariana todavía no tenía noticias. Cuando por fin el cirujano apareció, su explicación fue escueta, casi burocrática: “Valentín tuvo un poco de bradicardia, por protocolo lo vamos a trasladar a terapia”. Se esforzó por transmitir calma.
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Ariana acompañó a los médicos hasta la unidad de terapia intensiva, pero la imagen la desbordó: su hijo estaba conectado a tubos, rodeado por monitores y aparatos, dormido bajo los efectos de la sedación.

Por la noche, la sombra de la tragedia empezó a solidificarse. Valentín sufrió convulsiones, después episodios de fiebre y, al poco tiempo, se le diagnosticó diabetes insípida. “Todos eran indicadores de la muerte cerebral”, admitió Ariana, aunque nadie se animaba a confirmarlo.
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La familia, consternada, buscaba explicaciones. Pero lo más alarmante ocurrió cuando la mujer pidió un certificado para presentar en su trabajo. “El certificado emitido por la administración del sanatorio no describía un posoperatorio común, sino 'muerte encefálica’. Cuando pedí una explicación, pensando en que se habían equivocado de paciente, una empleada le corrigió el diagnóstico a mano, con frialdad burocrática. No era un error. Ellos sabían y a mí nadie me había dicho nada”, relató.
Habían pasado seis días y nadie le había dado a Ariana una respuesta clara. “Recién el 17 de julio fuimos citados a una junta médica. En esa sala estaban el jefe de terapia, el cirujano, el neurólogo y la plana mayor del sanatorio. Ahí nos informaron lo que ya sospechábamos, que el diagnóstico era irreversible”, contó la mujer.

Sin embargo, las claves estaban en los detalles omitidos: “El médico me había dicho que fue un poco de bradicardia, pero a la semana me vengo a enterar de que Valentín había sufrido un paro cardíaco durante la cirugía”.
Fue entonces cuando Ariana ató los cabos. “Si el corazón de Valentín se detuvo, ¿quién supervisaba su respiración durante la cirugía? En un quirófano, la vida de un paciente depende del anestesista. Después de muchas evasivas, logré conseguir su nombre”, afirmó. Ya, con esa información, el 18 de julio de 2024 presentó su denuncia ante la fiscalía y comenzó el proceso judicial que terminará el próximo martes.

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