
El 24 de noviembre de 2023, a las 22, Guillermo Gastón Guzmán decidió salir a caminar. No llegó lejos. En la esquina de General Heredia y Luján, a menos de una cuadra de su casa de la localidad de Gerli, dos jóvenes lo interceptaron. El primero, según la acusación en su contra, era Tomás Gustavo Rivero, oriundo de Sarandí y de 22 años en aquel entonces. El segundo, Lázaro Ezequiel Ramos, de 21 y vecino del barrio, vivía a tres cuadras de Guillermo Gastón. Los dos, al parecer, tenían una cuenta pendiente, una rencilla.
Ambos atacaron a golpes a Guillermo Gastón. Primero con una barra metálica; luego, según un informe policial del caso, Ramos tomó una pistola. Sin embargo, no le disparó a su víctima: lo atacó a culatazos, en el cráneo, una y otra vez. Los agresores huyeron. Dejaron allí al chico, moribundo.
Una ambulancia trasladó a Guillermo Gastón al Hospital Presidente Perón de Sarandí, donde fue internado en grave estado, para luego ser trasladado a otro centro médico. Murió tras agonizar durante siete días. Guillermo Gastón era apenas un chico: tenía 16 años.
Con el tiempo, Rivero fue detenido por este crimen de barrio, motivado por una aparente disputa entre bandas, con una causa por homicidio a cargo de una fiscalía de Lanús-Avellaneda. Solo quedaba Ramos libre.
Finalmente, cayó el jueves pasado. Una brigada de detectives de elite de la División Homicidios de la Policía Federal -que depende de la nueva DFI, con una de las mayores tasas de captura de prófugos de la Argentina- lo capturó en la periferia de la Villa 31 de Retiro, en la zona de puestos, donde había comenzado una nueva vida.

La pista que lo hizo caer
Tras recibir un pedido de la UFECRI, el ala de la Procuración dedicada a la búsqueda de prófugos, a cargo del fiscal José Campagnoli, la División Homicidios comenzó a rastrear a Ramos.
Un pedido de información a una empresa de telefonía celular reveló un número vinculado al sospechoso. Sin embargo, Ramos cambiaba su número una vez al mes.
Se iniciaron tareas de campo, se relevaron redes sociales. Allí, se encontró una pista clave: el perfil de una ex novia, que comenzó a postear una noche. Aseguraba, entre otras cosas, que Ramos la maltrataba.
Esto llevó al perfil secreto del prófugo, donde, insólitamente, posaba con armas de fuego a pesar del pedido de captura en su contra.
Declararon varios testigos, que aseguraban que Ramos era despreciado en su barrio por presunto matón y ratero, un joven sin códigos que le robaba a sus propios vecinos.
Incluso, se descubrió que tenía otro pedido de captura por robo a mano armada que databa de mayo de 2024, con una causa elevada a juicio en el Tribunal Oral en lo Criminal N°2 de Avellaneda.
Lautaro había dejado el barrio, dijeron los testigos, para refugiarse en la feria ubicada en la periferia de la Villa 31 de Retiro. Allí fue finalmente donde lo capturaron. Una geolocalización de su último teléfono llevó a los detectives al puesto donde se sentaba con dos pedidos de captura en su contra.
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