
A Milagros Micaela Basto, todos sus allegados la conocían como “Pitu”. Tenía 22 años cuando fue hallada muerta el 7 de julio pasado dentro del placard de un expolicía en un departamento céntrico de la ciudad de Córdoba. La descubieron dos albañiles, quienes sintieron un olor persistente mientras limpiaban el domicilio alquilado por Horacio Antonio Grasso, excomisario condenado en 2007 por el crimen del niño Facundo Novillo Cancinos.
El fallecimiento de la joven y la confirmación de su identidad expusieron una dura historia personal atravesada por múltiples adversidades, que la golpearon desde que era bebé.
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A los tres meses de vida, Milagros fue abandonada por su madre biológica. Según relató su mamá de crianza, Mauricia, la tragedia marcó el inicio de una serie de dificultades. “La criamos lo mejor que pudimos, le dimos amor, cariño, como a nuestros hijos”, aseguró la mujer en declaraciones recogidas por El Doce TV.
Mauricia, madre de otros siete hijos, señaló los complicados años de la adolescencia: “A los 12 años comenzó a irse de casa y la buscábamos, no se quedaba quieta”.
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El consumo de sustancias apareció de manera anticipada en su vida, algo que la madre de crianza asocia a una mayor vulnerabilidad durante la infancia y la adolescencia. “Consumía desde chica y tampoco terminó sus estudios obligatorios”, lamentó Mauricia, delineando así un escenario que se fue haciendo más complejo con el paso de los años.
Frente a esos problemas de consumo, Mauricia y su familia decidieron abrirle su hogar. La joven, madre de un niño de seis años, se retiró por decisión propia y, según la versión de la mujer, no se encontraba en situación de calle, ya que siempre tuvo un lugar para regresar: “Ella tenía un hogar acá, tenía amor, hermanos, pero la decisión de alejarse la tomó ella”.
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A pesar de las distancias, las puertas permanecieron abiertas. No obstante, los lazos fueron debilitándose con el tiempo y la joven estableció esporádicos contactos con su familia. Especialmente, con su hijo, un pequeño nacido de una relación marcada también por la tragedia.
El golpe definitivo en el ánimo de Milagros llegó con la muerte por suicidio de su pareja, padre de su hijo, tres años antes del hallazgo del cuerpo. “Todo se agravó cuando su pareja se suicidó, fue un golpe muy fuerte para ella y la llevó al fondo”, describió Mauricia.
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En adelante, el rastro de la joven discurrió entre la calle, zonas como el Bajo Pueyrredón y una feria en la que solía cruzarse ocasionalmente con su madre y su hijo. “Pasó cosas muy duras, pero yo siempre le decía que las puertas de mi casa estaban abiertas”, reiteró Mauricia una y otra vez.
Durante los últimos meses previos a la desaparición definitiva, el contacto entre Milagros y sus familiares se volvió más eventual. Su ausencia empezó a notarse en agosto de 2024, cuando dejó de visitar a su hijo.
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Las primeras alertas circulares surgieron en noviembre, en redes sociales y grupos comunitarios, hasta que en diciembre la Fiscalía provincial formalizó la búsqueda.
La madre de crianza buscó intervenir en varias ocasiones para que Milagros accediera a internarse y tratar su adicción. “Miles de veces le dije que se internara, que la iba a acompañar. Pero se hundía cada vez más”, confesó Mauricia, describiendo el deterioro progresivo de la joven, a la par de los intentos familiares por generar contención.
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Pese a todo, Mauricia la recuerda llena de cariño: “Era muy amorosa conmigo, es el recuerdo que me queda”. La imposibilidad de modificar el desenlace genera dolor, pero también calma en la madre: “Tengo la paz de que hice hasta donde yo pude”.
El hallazgo del cuerpo y una investigación abierta
La aparición del cuerpo de Milagros se produjo cerca del mediodía del 7 de julio, cuando dos albañiles sintieron un olor persistente mientras limpiaban el departamento alquilado por Horacio Antonio Grasso, excomisario condenado en 2007 por el crimen del niño Facundo Novillo Cancinos.
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Al ingresar, descubrieron un ropero casero sellado con madera y cemento. Dentro, un cuerpo envuelto en frazadas y atado con cables, en avanzado estado de descomposición. El grado de deterioro no permitía identificar ni el género de la víctima, por lo que el proceso de confirmación definitiva se extendió hasta el 14 de agosto, cuando los resultados genéticos permitieron identificar a Milagros Micaela Basto.
Durante el tiempo de la desaparición, Grasso había sido beneficiado con prisión domiciliaria, pero esa condición cambió al violar la medida y ser trasladado al penal de Bouwer.
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La investigación, bajo la dirección de la Fiscalía de Distrito I Turno VI, apunta a esclarecer el contexto del crimen y la posible relación entre la joven, Grasso y su hermano Javier, propietario del departamento y contratante de los albañiles.
Ambos fueron detenidos como principales sospechosos de femicidio, mientras la causa avanza en busca de pruebas y respuestas a un posible femicidio.
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