
Un interno de la cárcel de Batán falleció el viernes por la tarde antes de llegar al Hospital Interzonal General de Agudos y las primeras investigaciones apuntaban a que la causa de la muerte fue intoxicación por consumo de droga. Este lunes se conocieron los resultados de la autopsia, los cuales la fiscal Constanza Mandagarán aguardaba para confirmar la principal hipótesis.
El hombre, identificado como Alan Godoy, comenzó a sentirse mal poco después del mediodía, tras finalizar el horario de visitas. Su compañero de celda notó su grave estado y solicitó asistencia médica.
El personal sanitario del penal lo atendió, pero ante la falta de mejoría, lo trasladaron de urgencia en ambulancia al hospital, donde ingresó sin signos vitales.
Según informó el medio local 0223, los testimonios de los compañeros de pabellón coinciden en que Godoy consumió cocaína minutos antes de descompensarse.

La autopsia preliminar reveló que el fallecido tenía tres bochas de cocaína en el estómago, dato que respalda la versión de que tragó las sustancias para ocultarlas durante la visita. Esta acción habría provocado el cuadro de intoxicación que derivó en su muerte.
La fiscal Mandagarán continúa reuniendo pruebas y espera los resultados definitivos de los estudios médicos para avanzar en la investigación y determinar responsabilidades dentro de la Unidad Penal Nº15.
La principal línea de investigación se centra en determinar cómo ingresó la droga al penal y quiénes facilitaron su acceso al fallecido, quien cumplía condena por tenencia y comercialización de estupefacientes.
Las autoridades buscan esclarecer si existió complicidad interna o si la sustancia llegó durante el horario de visitas, como sugieren los testimonios recabados.
Murió el preso más temido del sistema penitenciario mendocino
Hace tan solo unos días, encontraron sin vida en su celda del Complejo Penitenciario N°3 Almafuerte, en Cacheuta, a Enrique Hugo Montuelle Masmouk, de 45 años.
Montuelle se encontraba alojado en una celda RIF, una modalidad de aislamiento utilizada para preservar la integridad física del interno. Estaba solo, sin contacto con otros reclusos, un régimen que no era nuevo para él: su historial incluía años de encierro bajo condiciones similares, con antecedentes de autoagresiones y episodios violentos.
Los agentes del Servicio Penitenciario de Mendoza advirtieron que Montuelle no respondía a los llamados desde el interior de su celda. Estaba sentado en la cama, en posición normal, pero inmóvil. Ante la falta de reacción, se solicitó la presencia de personal médico, que confirmó su fallecimiento.
La Fiscalía de Homicidios informó que en el lugar no se detectaron signos de violencia ni indicios de intervención de terceros, como tampoco evidencias de suicidio. Todo apunta a una muerte natural.
La última vez que su nombre apareció en los medios fue en febrero de 2018, cuando la Tercera Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Minas, de Paz y Tributario de Mendoza ordenó al Estado provincial indemnizarlo con $350.000. Según la resolución, el preso había sufrido “daños físicos y agravio moral” durante su estadía en el penal de Boulogne Sur Mer.
En 2013, en ese mismo establecimiento, fue gravemente herido en una pelea con arma blanca. La agresión obligó a los médicos a amputarle el bazo. El fallo señaló que esa lesión le generó una “predisposición a cuadros infecciosos respiratorios” y comprometió su estado físico general, afectando sus miembros superiores e inferiores. Además, los jueces remarcaron que presentaba “problemas patológicos severos de orden psicológico” tras “13 años de encierro en malas condiciones ambientales, en aislamiento, con varios hechos de autoagresión y heteroagresión”.
Sin embargo, su nombre ya era conocido desde mucho antes. En 2004, Montuelle participó de uno de los episodios más estremecedores registrados en la historia reciente del sistema penitenciario mendocino: el asesinato y posterior descuartizamiento de Sergio Salinas, un preso de 24 años, corpulento, de más de 110 kilos y 1,90 metros de altura. La noche del 3 de diciembre, mientras Salinas se preparaba para lavar su ropa en una lavandería del penal, fue abordado por nueve compañeros de pabellón que habían ingerido alcohol y pastillas recetadas habitualmente a pacientes con Parkinson.
La víctima fue apuñalada más de 70 veces con facas de 35 centímetros de hoja. Una vez muerto, lo trasladaron a una pileta en desuso y comenzaron a seccionarlo en ocho partes. Luego guardaron los restos en bolsas de nylon y se fueron a dormir.
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