
Lo que sigue es un fragmento de una escucha telefónica, un juego de tres. Quienes hablan son Yamila Paola Javiera Aramayo, de 29 años, con domicilio en la Villa Zavaleta y Leandro Iván Lavia, de 27 años, domicilio en Quilmes.
Leandro: Necesito laburar urgente, amiga.
Yamila: Bueno, sí, ¿qué pasó?
Leandro: ¿Prendiste el noticiero?
Yamila: No.
Leandro: Apretamos un camión de traslado, rescatamos a mis compañeros. Necesito laburar, estoy con mi compañero, hay una re bronca en la plata
Yamila: ¿Apretaron un camión, ustedes?
Leandro: De traslado, boba, lo sacamos a “Bahiano”.
Yamila: Ay, no sé quién es ese, pero bueno.
Leandro: Uno de la plata, nuestro compañero.
“Se re zarparon”, le objeta Yamila. Lavia le responde, nervioso: “Nosotros somos compañeros de verdad.
Hoy, Aramayo y Lavia están presos y procesados por el juez Martín Yadarola, titular del Juzgado N°4, acusados junto a otros dos delincuentes de integrar una banda de viudas negras que atacó desde enero hasta noviembre último, dedicada al típico negocio de las viudas negras: conocer hombres en redes sociales y apps de citas para drogarlos, atarlos y robarles. El tercero, el hampón del que hablan, “El Bahiano”, es el más preocupante de todos.
La mención disparó las alarmas. “Bahiano” es, para la Justicia, Bahiano Ismael Bobadilla, segundo al mando de una temible banda dedicada a cometer entraderas y tomar terrenos en La Plata. Lavia cuenta el rescate sin detallar mucho. A “Bahiano” lo soltaron a comienzos de octubre último en un ataque de 30 tiros en Tolosa, cuando el Servicio Penitenciario Bonaerense lo trasladaba para comparecer ante la Justicia por un homicidio del que fue acusado cuando era menor de edad. Un comando del área de Delitos Complejos de la Policía Bonaerense lo recapturó el 19 de octubre en Berazategui, herido de bala a bordo de un Alfa Romeo: Bobadilla recibió un tiro en el pecho durante su liberación.
Todo tiene que ver con todo. Hay otra escucha que complica aún más a Lavia, que lo ubica arriba en la pirámide, en un posible lugar de cerebro. La llamada ocurrió el 26 de octubre por la noche, una semana después de la recaptura de “Bahiano”. En esta escucha, Lavia le cuenta a otro delincuente, desconocido hasta hoy:
-Yo estoy laburando con una viuda negra, viste, estoy haciendo robar a una banda de pibas.

El diálogo es revelador en más de un sentido. Las viudas negras en la ciudad de Buenos Aires, por lo menos las que atacan en banda, siempre lo hicieron con un cómplice masculino, encargado de, por ejemplo, esperarlas a la salida del ataque para mover el botín. Parecen trabajadoras autónomas del hampa, pero en las investigaciones en su contra se suele sospechar de la presencia de un jefe. Muy rara vez se les conoce un regente.
Así, las viudas se convierten en parte de una estructura mayor, otro negocio más en una banda de temibles. En las escuchas, Lavia también habla de ataques en estacionamientos de shoppings con inhibidores de alarma para robar llaves de domicilios con un “amigo cerrajero” y así poder desvalijar a gusto. En su procesamiento, Yadarola afirmó que la banda responde “al quehacer de un grupo delictivo dedicado a cometer una variada gama de conductas contra la propiedad”.
Natalia M., una de sus compañeras de causa, también procesada, fue detenida por la Policía de la Ciudad -la misma fuerza que desbarató a la banda- dos semanas atrás. Yadarola decidió darle el arresto domiciliario. La encontraron con su bebé en brazos; había sido madre 15 días antes del arresto. Se logró identificar a Natalia y a sus cómplices gracias al análisis de las cámaras de seguridad. Eran, literalmente, viudas negras de a pie.

El primer ataque de la banda data del 15 de enero pasado, cuando dos de ellas acordaron una cita con un hombre en la zona de Barracas, a poca distancia de la Zavaleta. Le robaron sus tarjetas de crédito, una consola Xbox, una tablet, una notebook, nueve perfumes importados y una camiseta de River firmada por jugadores del plantel. Un hombre las esperaba. Se fueron caminando, mochila al hombro.
Habían llegado en colectivo al lugar. Se tomaron el 70 en la Zavaleta para ir a robar.
Yamila Javiera solía operar en Tinder bajo el alias de “Cata”. Sus víctimas le advertían su edad. “Tengo 53″, le dijo uno. “Busco experiencia”, le respondía la acusada.
Su contactos en el hampa bonaerense iban más allá de Laiva. En otra escucha, un joven todavía desconocido para la Justicia le descarga su frustración: “Ne fui a laburar con unos pibitos de escruche y al final ni laburaron esos guachines, me traje seiscientos dólares astilla, re quebrados boluda”.
“¿Pero pudieron laburar o no?”, le replica la mujer.



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