
El miércoles por la noche, Rubén Ale, alias “La Chancha”, falleció en San Miguel de Tucumán, según reportaron medios provinciales como La Gaceta.
“La Chancha” Ale había sido condenado en diciembre de 2017 por el Tribunal Oral Federal tucumano junto a su hermano Ángel, “El Mono”, como jefe de una asociación ilícita, considerados culpables del delito de lavado de activos proveniente de actividades como la usura, el juego clandestino y la explotación sexual de mujeres. La Justicia, por motivos de salud, le había dado la prisión domiciliaria. Pasó apenas unos días en prisión.
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Con él muere una era oscura del delito en Tucumán. Fue la cabeza de un clan que llegó hasta lo más alto del fútbol y de la política, para amasar una fortuna multimillonaria. Durante cinco años, por ejemplo, “La Chancha” Ale fue presidente del club San Martín. Una foto tomada hace más de 20 años lo retrató en un apretón de manos enérgico con el ex gobernador de su provincia, José Alperovich. Las sonrisas de ambos lados son obvias en la imagen.
Susana Trimarco lo señaló históricamente como uno de los máximos responsables de raptar y desaparecer a su hija, Marita Verón, un delito por el cual el clan Ale nunca fue condenado. Todo lo contrario. Fue absuelto por el caso en 2012, tras ser imputado junto a su pareja, María José Rivero.
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La historia de su llegada a la cima del hampa es notable, con una fortuna apilada peso por peso.
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Primero tuvo un pequeño puesto de feria en el Mercado del Abasto, luego una remisería a mediado de los años 90. En poco más de quince años, Ale incrementó su patrimonio, que incluyó sociedades, campos y vehículos a nombre de supuestos testaferros.
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Era una operación familiar: todo su clan estaba junto a él, con figuras como su hermano mayor Adolfo Ángel, “El Mono”, su ex pareja María Jesús Rivero entre otros personajes, para una larga lista de parientes, amigos y esposas.
“La Chancha”, registrado años atrás en la AFIP como un simple monotributista categoría G en diversos rubros de transporte, se convirtió a fines de 2010 en el presidente del Club Atlético San Martín, la mayor institución del fútbol tucumano; varios miembros de la familia integraron el directorio del club.
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Así, en 2013, tras la escandalosa absolución por la desaparición de Marita Verón, la Justicia federal tucumana tomó otro rumbo contra los Ale: decidió investigarlos por su asociación ilícita y lavado de activos. El expediente, a cargo del juez Fernando Poviña alcanzó 60 cuerpos, con las declaraciones de más de 400 testigos.
La Unidad de Información Financiera fue querellante en el juicio junto a la PROCELAC. El aporte de la UIF en la causa fue clave, con un extenso informe que reveló la dimensión de la fortuna y el patrimonio de los Ale. Se detectaron casi 40 millones de pesos en maniobras financieras, con una larga lista de propiedades, más de 100 vehículos entre autos y camiones y 72 armas de fuego valuadas en más de 400 mil pesos.
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La imputación también alcanzó a los hermanos Ale, a María Jesús Rivera, a Valeria Bestán, otra ex pareja de “La Chancha” y a otros diez imputados, entre ellos presuntos sicarios de “El Mono” como “Ututo” Ocampos y Enrique Chanampa, ligado al brazo narco del clan.
El caso terminó con trece condenados y tres absueltos: Rivero recibió una pena de seis años.

Sin embargo, la condena no representó ninguna paz para Micaela, hija de Marita Verón, de 18 años en ese entonces. Siente que la Justicia le debe algo: los cargos por los cuales los Ale fueron condenados nada tenían que ver con su madre.
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Micaela aseveró tras el fallo, en diálogo con Infobae:
“Que estén condenados por otras causas y no por los delitos cometidos contra mi mamá, realmente es una desilusión de la Justicia, del aparato estatal. No le deseo a nadie que experimente la injusticia desde tan cerca. Sí, se condenó a estas dos personas, pero hasta hoy mi abuela y yo tenemos custodia, los abogados nos piden que tengamos cuidado”, dijo.
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“Las heridas que tengo por todo este dolor, por no tener a mi mamá, por ser consciente de todas las cosas que pasan un montón de pibas que están en la misma situación que estuvo o está mi mamá… No sé dónde está, no sé qué sucede. Y no se va a iluminar esta oscuridad porque les den diez años de condena, porque es gente que contamina el planeta. No les deseo la muerte porque eso es oscurecerse uno mismo, pero me gustaría que las cosas fuesen diferentes, yo no siento que las cosas vayan a cambiar”, finalizó.
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