
La tarea estaba aceitada. El primer golpe lo daban dos policías bonaerenses de la división de Drogas Ilícitas de Lomas de Zamora: según la acusación en su contra, fraguaban allanamientos en búnkeres de drogas marcados por ellos mismos. Allí, en lugar de detener a los narcos, robaban las sustancias y escapaban con el botín. Luego, el material era entregado a otro grupo de traficantes que se encargaba de venderlo en los partidos de José C. Paz, Pilar y Moreno. Pero la sucia faena duró menos de lo que sospechaban y ahora los cinco miembros de la banda, entre ellos los efectivos, se encuentran detenidos con prisión preventiva por el delito de narcotráfico.
La investigación la llevó adelante el Juzgado Federal N°2 de San Martín, a cargo de la jueza Alicia Vence, quien también estuvo al frente del caso de la cocaína envenenada, que tiene apuntado al histórico capo Miguel Ángel “Mameluco” Villalba como unos de los responsables. Así, a principios de agosto pasado, la jueza Vence ordenó ocho allanamientos, en los que detuvo a tres de los integrantes de la banda: el señalado como líder, Ariel Hernán Alderete, alias “Cebo”, de 44 años; Nélida Patricia Andrada, de 33, ex pareja de “Cebo”; y a Claudio Alejandro Oliva, de 41, principal socio de Alderete.
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Sin embargo, los policías no pudieron ser encontrados en las redadas: se habían fugado y ordenaron su captura nacional e internacional.
En aquellos procedimientos, Gendarmería secuestró 3 kilos de cocaína, marihuana, poco más de 4 millones de pesos, 26.960 dólares. Incluso, encontró cerca de 30 mil dólares falsos, armas de fuego (pistolas, carabinas y escopeta), municiones, chalecos antibalas, balanzas de precisión, elementos de corte, celulares y notebooks.
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Los policías buscados, por su parte, sabían que no podían correr por mucho más tiempo. El 16 de agosto pasado, José Luis Alasio, alias “Chaco”, capitán en la Delegación de Tráfico de Drogas de Lomas de Zamora, de 48 años, junto a su compañero, Juan Gastón Carabajal, teniente de la misma división, de 38, se entregaron por sus propios medios en el juzgado a cargo de Vence y quedaron encerrados en un calabozo.
Tras los arrestos, la única detenida que declaró fue Andrada, en los papeles registrada como empleada doméstica. “Yo no tengo nada que ver con el tema este, ni sé por qué me detuvieron, yo tengo mis hijos, yo soy el sostén de ellos, nosotros vivimos los tres solitos”, aseguró la mujer. Sin embargo, los investigadores no le creyeron. Las pruebas contra ella eran firmes.
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La investigación comenzó hace un año. El caso se desprendió de otra causa que investigaba el Juzgado N°2 y, a partir de un dato que recibieron los detectives, abrieron una investigación paralela que terminó con la caída total de sus miembros.

Luego de identificar a Alderete, los gendarmes comenzaron a hacer tareas de inteligencia. Les siguieron el rastro de cerca. Después intervinieron sus comunicaciones y las maniobras quedaron en evidencia. Por ejemplo, había comunicaciones constantes entre “Cebo” y el policía Alasio.
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Así develaron la modalidad que utilizaba la banda. Los narco policías ingresaban a domicilios de otras organizaciones criminales que tenían marcados. Allí los “empapelaban”, es decir, les decían que la Justicia los estaba investigando. En ese momento, les robaban la drogas para luego revender el material.
La conexión entre narcos y policías quedó demostrada los primeros días de agosto pasado y en plena calle. Todo comenzó con una conversación. Alderete le reclamó a “Chaco” que no le entregaba droga : “¿Qué onda boludo, que ahí te llamo, que ahí voy, que mañana, que pasado y así me tenés, corte mintiendo como un chico de dos años”.
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Pocos días después del pedido, Alasio, efectivamente, le llevó la droga según la imputación.

Así, gendarmes encubiertos se apostaron en el taller “Los Hermanos”, propiedad de Oliva, en José C. Paz.
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Cerca de las 11 de la mañana, Alderete apareció en la puerta del taller. Pocos minutos después, estacionó frente a él una camioneta Ford Ranger color blanca. En ese momento, los detectives vieron la patente. De inmediato averiguaron a quién pertenecía. Los registros indicaron que la Ford estaba a nombre del Ministerio de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires, por lo que se infirió que se trataría de un vehículo no identificado utilizado por personal de la Policía Bonaerense.
Luego, vieron como Alderete conversaba brevemente con el conductor y este le entregaba una mochila negra. Tras la transacción, la Ford aceleró y se fue del lugar. Lo mismo hizo Alderete a bordo de un Renault Sandero rojo.
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Los gendarmes siguieron a la camioneta. Unas cuadras más adelante, los tripulantes descendieron y en ese momento identificaron a Alasio y a Carabajal. Lo que siguió los incriminó todavía más.
Uno de los allanamientos ordenados por la jueza Vence tuvo lugar en un domicilio de Oliva. Allí, los detectives hallaron una mochila negra. Cuando lo abrieron, la que hallaron en su interior terminó por desbaratar a la banda por completo: cuatro ladrillos de marihuana precintados.
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De esta forma, la jueza Vence detuvo a todos los miembros de la banda, los procesó por el delito de narcotráfico, ordenó su prisión preventiva y embargó a cada uno por un total de 3 millones y medio de pesos. A los policías se le sumó el agravante de ser funcionarios públicos. Ninguno de los involucrados apeló la decisión de la jueza.
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