
Cuando los policías ingresaron al galpón del domicilio de Elizabeth di Legge, la enfermera de González Catán que había sido denunciada como desaparecida el fin de semana pasado, se encontraron con el horror. El cadáver de la mujer estaba sobre una silla, tapado con una campera roja. Una vez que le quitaron el abrigo, descubrieron que en su brazo izquierdo alguien le había colocado una vía. Al lado del cuerpo había ampollas de poderosos anestésicos: Propofol, Atracurio, Fentanilo y Midazolam. Drogas que no se consiguen en una farmacia, y que solamente se pueden hallar en centros médicos, como en el que trabajaba la pareja de la víctima, Silvio Espíndola, el principal sospechoso por el femicidio.
Espíndola, quien trabajaba en el Hospital Churruca al igual que su mujer, quedó detenido por orden del fiscal Federico Medone, titular la UFI temática Homicidios de La Matanza, este martes luego de que el lunes fuera demorado. La Justicia de Garantías convalidó la medida del funcionario judicial.
Tras el arresto, Medone requirió un informe al hospital Churruca para saber si, efectivamente, existía un faltante de esas drogas halladas en el galpón de la casa de González Catán en el stock. Desde el centro médico respondieron que no. De igual modo, los investigadores sostienen que Espíndola robó las ampollas de su lugar de trabajo y con ese poderosísimo cóctel la asesinó.
Esta tarde, Medone llamó a declarar a Espíndola en calidad de detenido. Según pudo saber Infobae, entre sollozos, temblando y apretando sus manos, declaró que la noche anterior al presunto crimen tuvieron una “fuerte discusión” porque la mujer, dijo, “a veces lo sacaba de quicio “. Luego, negó haberla matado.

También el sospechoso fue cuestionado por el fiscal Medone sobre el hallazgo del cuerpo en su propia casa durante la indagatoria, ya que días antes de encontrarla el hombre daba entrevistas desde ahí mismo pidiendo ayuda para dar con su paradero. Así, indicó que “la buscó por toda la vivienda”, pero que “justo ese cuarto no lo había revisado”.
Otro de las pruebas contra Espíndola para imputarle el femicidio fue un informe oficial altamente incriminador. El sospechoso había declarado que, al momento de la desaparición de su mujer, estaba trabajando. Sin embargo, un oficio del hospital aseguró que estaba ausente sin aviso en las horas donde se estima que Elizabeth murió.

Sobre esto también lo indagó el fiscal. De acuerdo a la información oficial, el sospechoso aseguró que se había ido “a pasear al barrio de Once y después volvió a su casa”. Las fuentes del caso indicaron que a Espíndola se lo notó nervioso en la indagatoria.
Por su parte, los investigadores creen que el sospechoso la drogó para asesinarla. El informe preliminar de la autopsia marcó que Elizabeth falleció entre 60 y 72 horas antes del hallazgo del cadáver. El cuerpo no tenía lesiones visibles: la causa de la muerte fue marcada como una depresión respiratoria. Ahora, esperan las pericias toxicológicas que complementarán la autopsia.

Lo cierto es que no fue menor el dato de que Di Legge quería separarse de su pareja y había denunciado violencia de género. Sobre este punto, Espíndola dijo frente al fiscal Medone que desconocía que la mujer lo había denunciado.
De acuerdo con lo que precisaron a Infobae fuentes de la investigación, en abril del 2019 la mujer hizo una denuncia contra su marido ante el Juzgado de Familia N°8 de La Matanza para solicitar una protección contra la violencia familiar, pero la misma quedó paralizada en octubre del 2020.
Sin embargo, el dato más llamativo surge de un estudio psicológico que se le realizó a la enfermera el 21 de julio pasado. Di Legge fue a pedir ayuda a la Red de Asistencia de la Secretaría de la Mujer del municipio en el que vivía, porque “no podía tomar la decisión de separarse”.

Según consta en ese informe, a través del espacio de género que existe en el Hospital Churruca, Di Legge “pudo identificar las violencias psicológicas que refiere atravesar (física, sexual, psicológica y simbólica)”. Los profesionales que la asistieron mencionaron que el marido ejercía “violencia por motivos de género de diversa índole, desde hace ya varios años”. Juntos tenían “tres hijos, de 10, 16 y 20 años”.
De esta manera, con todas las pruebas en su contra, la jueza de Garantías Karina Andrijasevich entendió lo mismo que el fiscal Medone y dictó su prisión preventiva. Luego de la declaración, el acusado fue trasladado a un calabozo imputado por el femicidio.
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