
José Márquez, un docente de 30 años, fue asesinado a golpes y puñaladas el 28 de junio de 2021 su casa de la localidad de Guernica, partido de Presidente Perón. Los investigadores buscaron saber si se trató de un homicidio en ocasión de robo, uno de tantos en territorio bonaerense.
Márquez vivía solo en su casa de la calle Bolivia. Se había recibido de abogado y en la noche del crimen, según testimonios, iba a ir a cenar a lo de sus padres. Como tardaba en llegar, le enviaron un mensaje que no respondió. Por lo tanto, el padre, que estaba a pocas cuadras, fue hasta la propiedad de su hijo y lo encontró en una de las habitaciones, en medio de un charco de sangre, con varias puñaladas en el cuello y en la espalda; su cabeza golpeada, su colchón sin sábanas y sus almohadas bañadas de rojo.
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Entonces, siguió la historia de rigor. Se llamó al 911, fue la Policía Bonaerense. Personal del SAME constató la muerte. En la habitación donde fue hallada la víctima se constataron evidentes signos de lucha. También se detectó que faltaban dos teléfonos celulares, una notebook y dinero en efectivo. La causa quedó en manos de la fiscal Karina Guyot, que busca a Tehuel de la Torre hace 14 meses.

Después de que se fueron los patrulleros, llegaron las cámaras de televisión. Los familiares de Jorge pidieron a los investigadores la “rápida detención” de los culpables. “A vos, hijo de puta que lo mataste, te vamos a encontrar, palabra de la familia, la Policía está trabajando bien, entre todos te vamos a encontrar”, dijo un tío de la víctima.
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Así, lo enterraron en un cementerio de la zona.
La semana pasada, casi un año después, cayó su presunto asesino. Germán Villarreal, alias “El Verdulero”, fue arrestado por detectives de elite de la división Homicidios de la Policía Federal, conducidos por un oficial jefe. Lo encontraron en Guernica, en su casa, a 17 cuadras de la escena del crimen. Al fin y al cabo no era un ladrón, no era una sombra en la noche. Villarreal y Márquez, dicen fuentes de la causa, se conocían, tenían un vínculo.
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Se lo llevaron preso el martes 14 por la mañana. Sus vecinos salieron a defenderlo. “Es la persona más buena del mundo”, dijo uno de ellos.
Villarreal no solo nunca se había ido del barrio: el allanamiento en su domicilio terminó con la incautación del cuchillo de carnicero con el que habría matado a Jorge, una ironía dado su apodo, así como la ropa que supuestamente vistió en el día del crimen.
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Las cámaras lo vendieron, en parte. Los investigadores no pudieron obtener una imagen total. Por lo visto, Villarreal había estudiado su ruta de llegada y de fuga, conocía la zona. Luego, testimonios de familiares comenzaron a completar el cuadro. Finalmente, “El Verdulero” cometió un error: aparentemente, vendió uno de los teléfonos robados, que fue activado con una nueva tarjeta SIM. Así, la Federal allanó la casa de los nuevos dueños, que entregaron el aparato.
La familia de Márquez, algo inusual, conservaba las claves de Google de su hijo. El último camino hecho por el aparato con una sesión abierta del docente pudo ser reconstruido. Terminaba a 15 cuadras de la casa de José, en el mismo barrio donde vivía “El Verdulero”. Más testimonios complicaron a Villarreal: luego, lo acusaron de intentar vender el teléfono. Cualquier otra coincidencia hubiera sido redundante. Márquez, por otra parte, tenía a su asesino en la agenda.
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Así, fueron por él. Lo encontraron y lo encerraron en la DDI de La Plata de la Policía Bonaerense, donde ya en la celda lloró y confesó el crimen. Debía repetir ese canto frente a la fiscal Guyot para que tenga alguna validez.
Sin embargo, se negó a declarar.
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